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sábado, 21 de septiembre de 2024

El Patriarcado en el Sistema Judicial de Murcia: Un obstáculo para la Justicia y la Protección de las Víctimas

 


El patriarcado sigue siendo un obstáculo insidioso dentro del sistema judicial en Murcia, dejando a las víctimas de violencia y abuso en una situación de vulnerabilidad extrema. Este sistema de poder, que favorece a los hombres y minimiza el sufrimiento de las mujeres, se manifiesta en la manera en que las leyes se aplican de forma desigual, protegiendo a los agresores y desamparando a las víctimas.

Uno de los casos más escandalosos en Murcia es el de los empresarios acusados de abuso sexual a menores, quienes han logrado eludir la cárcel debido a las dilaciones judiciales. A pesar de haber reconocido los hechos y formar parte de una red de prostitución de menores, estos hombres han conseguido penas irrisorias que les permiten evitar la prisión. El simple hecho de que un tecnicismo, como la demora en el proceso judicial, sirva como argumento para reducir la condena demuestra cómo el patriarcado permea las instituciones, favoreciendo a aquellos con poder y recursos. Los empresarios involucrados en una red de explotación sexual infantil han eludido la cárcel. Aunque enfrentaban penas que oscilaban entre 24 y 56 años, sus condenas se reducirán a apenas entre cinco meses y dos años por cada delito. Teniendo, únicamente, que indemnizar a las víctimas con montos que van de 500 a 2.000 euros cada una, y enfrentar multas que varían entre 450 y 720 euros.

El problema radica en que el sistema judicial, impregnado por la cultura patriarcal, tiende a minimizar los crímenes de violencia sexual, especialmente cuando los perpetradores son figuras influyentes. Las víctimas, por el contrario, son cuestionadas y revictimizadas, enfrentando un sistema que no les ofrece la protección ni la justicia que merecen. El poder y el dinero de los acusados facilitan que sus delitos sean tratados con indulgencia, mientras que las voces de las mujeres afectadas quedan silenciadas por los tecnicismos y las demoras judiciales.

Este fenómeno refleja cómo el patriarcado no solo se manifiesta en la sociedad, sino que está incrustado en las instituciones, perpetuando la impunidad. Mientras el sistema continúe favoreciendo a los agresores y minimizando el impacto del abuso sobre las víctimas, la justicia seguirá siendo una promesa vacía para las mujeres y niñas de Murcia. Es urgente una reforma que aborde de manera estructural este sesgo patriarcal para que las víctimas de violencia sexual puedan recibir el apoyo y la reparación que merecen.

 

Israel López Marín

Septiembre de 2024

 

 


miércoles, 1 de noviembre de 2023

Los Niños de Palestina: El impacto invisible del conflicto

 

La situación en Oriente Próximo, específicamente en Palestina, es desgarradora y exige una respuesta urgente. Cada minuto que pasa, cientos de miles de niños y niñas se ven atrapados en medio de la catastrófica realidad que rodea este conflicto, y es nuestro deber brindar apoyo a la resistencia palestina en busca de una solución justa y duradera.

La escalada de hostilidades en Gaza es inaceptable y ha dejado un impacto devastador en los niños y sus familias. Las denuncias de graves violaciones a gran escala contra los niños, como homicidios, mutilaciones, secuestros y ataques indiscriminados contra infraestructuras civiles y servicios públicos esenciales, son inaceptables. La pérdida de vidas humanas, que supera las 5,000 personas hasta la fecha, incluyendo cientos de niños y decenas de secuestrados, es una tragedia que no puede pasar desapercibida.

La Franja de Gaza es el epicentro de esta crisis, donde más de 2 millones de personas, la mitad de las cuales son niños, enfrentan amenazas constantes a su vida y bienestar. Sin embargo, no podemos pasar por alto el hecho de que esta situación se extiende más allá de la Franja de Gaza, afectando también a Cisjordania, incluido Jerusalén Este, con un grave deterioro de la situación en esas áreas.

Es crucial recordar que, en todas las guerras, los niños son los más vulnerables y los que sufren las consecuencias más graves. La resistencia palestina es un llamado a la humanidad para poner fin a esta espiral de violencia y sufrimiento. Pedimos un alto el fuego inmediato para salvaguardar la vida de los más inocentes y vulnerables, y para permitir que llegue la ayuda humanitaria tan necesaria. Además, instamos a la liberación de todos los rehenes como un gesto de buena voluntad y un paso hacia la reconciliación y la paz.

La resistencia palestina representa la búsqueda de justicia y la reivindicación de los derechos humanos fundamentales en una región marcada por la adversidad. Apoyar esta resistencia significa apoyar la causa de la paz, la seguridad y la dignidad para todos los niños y familias atrapados en este conflicto. Cada minuto cuenta, y es nuestro deber actuar en solidaridad con aquellos que anhelan un futuro mejor en medio de la desesperación.


Israel López Marín

Noviembre de 2023

lunes, 3 de abril de 2023

Se alquila vientre

 

El vientre de alquiler o la gestación subrogada​ es la práctica por la que, con un previo acuerdo con otra persona o pareja, una mujer queda embarazada con un óvulo ajeno al suyo y da a luz a un bebé para esa otra persona o pareja, las cuales se convierten en padres del bebé. El óvulo utilizado para la gestación suele proceder de la madre intencional o de una donante de óvulos.

Desde su comienzo como práctica comercial en los años 1970, la gestación subrogada suscita fuertes controversias éticas, legales y sociales. Las distintas posiciones respecto a la subrogación se diferencian principalmente entre aquellas que la consideran como el ejercicio de la libertad individual y alternativa gubernamental contra la baja natalidad y las que la consideran una forma de explotación y denigrante hacia la mujer.

Esta práctica solo está permitida en un número muy reducido de países y en algunos, solo en algunos estados o provincias y no en todo el país. La situación legal de esta práctica es diferenciada y va desde la prohibición expresa hasta la reglamentación detallada, pasando por la ausencia de legislación que la mencione de manera directa en algunos países.

Son numerosas las muestras de preocupación ante los variados pronunciamientos a favor de la regulación de la maternidad subrogada, o la práctica de alquilar vientres de mujeres en favor de terceros. Para que los partidos políticos y los gobiernos, nacional y autonómicos, estén alerta y no se dejen engañar por campañas mediáticas, a todas luces parciales, debemos tener presente que el deseo de paternidad/maternidad nunca puede sustituir o violar los derechos que asisten a las mujeres y los y las menores. El deseo de ser padres-madres y el ejercicio de la libertad no implica ningún derecho a tener hijos.

Se debe garantizar el derecho a decidir de las mujeres en materia de derechos sexuales y reproductivos. La maternidad por sustitución niega a las mujeres gestantes el derecho a decidir durante el proceso de embarazo y en la posterior toma de decisiones relativas a la crianza, cuidado y educación del menor o la menor. La maternidad subrogada no sólo impide a las mujeres la capacidad de elección, sino que además contempla medidas punitivas si se alteran las condiciones del contrato.

La llamada “maternidad subrogada” se inscribe en el tipo de prácticas que implican el control sexual de las mujeres: si en las sociedades tradicionales, los matrimonios concertados o la compra por dote, son las típicas formas en que se ejerce el control sexual de las mujeres, en las sociedades modernas, la prohibición del aborto, la regulación de la prostitución y la maternidad subrogada son sus más contundentes expresiones. Además, alquilar el vientre de una mujer no se puede catalogar como “técnica de reproducción humana asistida”. Las mujeres no son máquinas reproductoras que fabrican hijos en interés de los criadores. Es, por el contrario, un evidente ejemplo de “violencia obstétrica” extrema.

Debemos entender que el “altruismo y generosidad” de unas pocas, no evita la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres comprándose embarazos a la carta. La recurrencia argumentativa al “altruismo y generosidad” de las mujeres gestantes, para validar la regularización de los vientres de alquiler, refuerza la arraigada definición de las mujeres, propia de las creencias religiosas, como “seres para otros” cuyo horizonte vital es el “servicio”, dándose a los otros. Lo cierto es que la supuesta “generosidad”, “altruismo” y “consentimiento” de unas pocas solo sirve de parapeto argumentativo para esconder el tráfico de úteros y la compra de bebés estandarizados según precio. Ningún tipo de regulación puede garantizar que no habrá dinero o sobornos implicados en el proceso. Ninguna legalización puede controlar la presión ejercida sobre la mujer gestante y la distinta relación de poder entre compradores y mujeres alquiladas.

No debemos aceptar la lógica neoliberal que quiere introducir en el mercado “los vientres de alquiler”, ya que se sirve de la desigualdad estructural de las mujeres para convertir esta práctica en nicho de negocio que expone a las mujeres al tráfico reproductivo. Las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial. La llamada “maternidad subrogada” tampoco se puede inscribir, como algunos pretenden, en el marco de una “economía y consumo colaborativo”: la pretendida “relación colaborativa” sólo esconde “consumo patriarcal” por el cual las mujeres se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial.

Debemos mostrarnos radicalmente en contra de la utilización de eufemismos para dulcificar o idealizar un negocio de compra-venta de bebés mediante alquiler temporal del vientre de una mujer, viva ésta en la dorada California o hacinada en un barrio de la India. Así es que nos afirmamos en llamar a las cosas por su nombre, no se puede ni se debe describir como “gestación subrogada” un hecho social que cosifica el cuerpo de las mujeres y mercantiliza el deseo de ser padres-madres. Desde la perspectiva de los Derechos Humanos supone rechazar la idea de que las mujeres sean usadas como contenedoras y sus capacidades reproductivas sean compradas. El derecho a la integridad del cuerpo no puede quedar sujeto a ningún tipo de contrato.

Así pues, debemos declararnos en contra de cualquier tipo de regulación en torno a la utilización de mujeres como “vientres de alquiler”.


miércoles, 7 de diciembre de 2022

TRABAJO, CONCILIACION, PATERNIDAD

 



“En la mayoría de casos, el marido, fiel a su rol tradicional machista no aprovechará esta nueva etapa de más tiempo disponible para incorporarse a colaborar con su mujer en las tareas del hogar y así permitir que ella tenga también "más tiempo libre" y descanso”.

 

 

Introducción.

Como sabemos, actualmente nos encontramos enfrentados a toda una serie de transformaciones en el ámbito familiar y, por ende, en la paternidad. Desde esta óptica, la presencia o ausencia de los padres en la crianza de sus hijos y de sus hijas, deja de ser un problema estrictamente individual para interpretarlo como un problema de carácter estructural. Un problema construido en términos relacionales, que, sin duda, es capaz de poner en cuestión los significados de la relación de pareja, la trayectoria y prácticas de paternidad de los hombres.

Entender que la presencia y ausencia paterna, no son procesos dicotómicos, sino cuestiones relacionales y socialmente construidos, nos permite entender las prácticas de la paternidad desde la experiencia de hombres de manera presente y afectiva, en clara contraposición con la ausencia por cumplimiento del trabajo y la proveeduría.

La identidad masculina focalizada en el trabajo para el cumplimiento de la proveeduría construye ausencias paternas. Los hombres que, históricamente han tenido que asumir formas de relación distintas a las tradicionales donde prevalecía la ausencia, distancia, autoritarismo y falta de compromiso, se encuentran en un momento crítico provocado por una sociedad que cada vez más, y de manera más explícita, cuestiona un nuevo modelo de paternidad más cercanas, involucradas y participativas en el ámbito familiar

Paternidades presentes Vs. Paternidades ausentes.

La relación de pareja juega un papel importante en la construcción de presencia o ausencias paternas en los varones. A través de los logros del movimiento feminista, actualmente vivimos una serie de transformaciones en el ámbito familiar a partir del ingreso de las mujeres a los ámbitos escolarizados, laborales, y el desarrollo de la autonomía en la toma de decisiones, de manera que la división sexual del trabajo y los roles de género se han venido modificando, tal y como afirma Salguero, M.A., Yoseff, J.J., Soriano, M., y Delabra, B.[1] Los diferentes modelos de paternidad van más allá de la condición biológica, forma parte del entramado sociocultural del orden de género, y desde la visión hegemónica de la masculinidad, los hombres que son padres deben ser responsables de la familia, de los hijos y de las hijas. Debemos considerar necesario acercarnos al proceso de construcción sociocultural de los hombres como padres no sólo de los que están presentes e involucrados, sino también de los que se han ausentado. Tal y como afirma Salazar[2], la igualdad entre hombres y mujeres no será plena mientras que no transformemos el orden patriarcal que sigue sustentando una clara diferencian jerárquica entre sexos. 

La presencia o ausencia como padres deja de ser un problema estrictamente individual para convertirse conceptualmente en un proceso de construcción sociocultural, dejar la visión dicotómica al ver presencia o ausencia, para dar cuenta de procesos relacionales, donde se cuestione en primera instancia la esencialización, naturalización y generalización que se ha hecho de los hombres y situarlos socioculturalmente como actores sociales en un mundo relacional con la pareja, los hijos/as, el trabajo, donde confluyen muchas veces tiempos y puntos de vista distintos respecto de las funciones que se esperan de cada integrante en los diferentes escenarios familiares y laborales.  

Tal y como expone Salguero, M.A., Yoseff, J.J., Soriano, M., y Delabra, B.[3] La presencia y/o ausencia de los hombres en la paternidad desde una perspectiva sociocultural de género no es un hecho individualizado, forma parte de los procesos de construcción familiar, de las prácticas culturales, situaciones y dinámica de las interacciones sociales, los intentos por conciliar la posibilidad de la presencia o ausencia del padre en el hogar.

La presencia o ausencia paterna como proceso sociocultural, nos lleva a plantear que no es algo individualizado que sucede en la mente o el interior de una persona, sino que es socialmente construido, por lo que sus significados pueden variar a través de los diferentes momentos en los que los hombres construyen su relación como padres, los cuales están mediados por la relación con la pareja o incluso con las familias de origen. Las emociones que viven y experimentan solo pueden comprenderse en el contexto sociocultural histórico en el que se construyen, donde el lenguaje y los rituales de cuidado en la relación entre el padre y los hijos/as están presentes en las formas de relación, las normas y reglas socioculturales.

Tal y como expone Salguero[4], debemos reflexionar críticamente sobre los hombres es complejo, porque conlleva la historia y formas de relación, lo cual éticamente forma parte del proceso a investigar, encontrando múltiples maneras de ser hombre y ser padre; desde las más tradicionales, caracterizadas por la distancia, autoridad y ejercicio de poder, hasta las más novedosas de hombres involucrados y participativos.

Sin lugar a dudas, los retos que nos plantea el movimiento feminista y estudios de género de los hombres implican visualizar desigualdades con la finalidad de desarrollar sociedades más inclusivas e igualitarias, para ello, se requiere la participación de los diversos actores sociales, incluyendo a hombres y a mujeres y las instituciones.

Tal y como expone Subirats[5], mientras que el género femenino ha ido evolucionando muy rápidamente en los lugares en que esta evolución no ha sido duramente reprimida, el género masculino está evolucionando de forma mucho más lenta, y existen unas mayores resistencias al cambio, que se hacen patentes de diversa manera en las distintas culturas y países, pero que, bajo formas variables, tienden a manifestarse en todo el mundo (Subirats Martori; 2002). Por tanto, no puede sorprendernos que sean las mujeres quienes han iniciado una renovación del género femenino.

La ruptura del equilibrio publico/privado plantea el que es uno de los grandes obstáculos para la igualdad del siglo XXI, la denominada conciliación entre la vida profesional y la personal/familiar (Salazar; 2018)[6]. Un concepto, el de la conciliación, que de manera mayoritaria se está entendiendo perversamente como una obligación de las mujeres, pero no de los hombres. Una realidad que exige, de manera innegable que las mujeres se conviertan en la práctica en personas explotadas que deben acumular una doble jornada laboral, en el mejor de los casos, sumando al trabajo fuera de casa, el trabajo doméstico.

El reto que debemos asumir, como hombres, es el de asumir que todo lo que se desarrolla en el ámbito privado, desde el cuidado de las hijas y los hijos al mantenimiento del hogar, debe ser una responsabilidad compartida. Por eso, deberíamos hablar más de “corresponsabilidad” que de conciliación. La corresponsabilidad implica asumir que todos estos trabajos, no les corresponden “naturalmente” a ellas, sino que también debe formar parte de nuestra agenda como hombres, y como padres.

Asumir el cuidado como parte indispensable de nuestra vida, es darnos la oportunidad de desarrollar una serie de capacidades, habilidades y emociones que se traducirían en nuestra manera de entender e interactuar tanto con el espacio público, como con el espacio privado. Todas estas herramientas, que desde el modelo heteropatriarcal se ha vinculado como “características femeninas”, pasarían a formar parte de nuestra manera de desenvolvernos también en el trabajo, en nuestras relaciones con nuestros iguales.

Se trataría, por tanto, de incorporar a nuestras vidas los principios y los valores que, desde el feminismo se ha identificado con la ética del cuidado. El cuidado como eje indiscutible de la vida pública y privada, nos aportaría, sin lugar a duda, en una mayor capacidad para poder ponernos en el lugar de otras personas, así como de un modo más constructivo en la resolución de los conflictos que de la convivencia se generan.

Ante la dualidad del padre ausente / padre presente, desde la perspectiva de los hombres igualitarios, debemos de entender cómo, para los hombres es un gran reto ser padres hoy, estar dispuestos a ser padres “no patriarcales”, cuya autoridad no sea mayor que la de la madre y que sea capaz de compartir labores domésticas, crianza y formación de la familia. Ser una persona con la seguridad suficiente para educar con afecto, proteger sin dominar y saber cuidar para, convertirse en un padre co-responsable.

Ser padre, es sumamente complejo, implica una responsabilidad centrada en el “deber ser y poder hacer” como los casos donde por cumplir con la proveeduría económica, dedican gran parte de su tiempo al trabajo, aunado a las distancias entre los centros laborales y los espacios de vivienda, no hay tiempo para estar con la familia.

Como afirma Salguero[7] un aspecto pendiente es la conciliación trabajo y familia, en el caso de los hombres que son padres, aún se encuentran muchas desigualdades para equiparar la ley en cuanto a la paternidad. Sin embargo, ciertos cambios culturales se hacen presentes en la práctica de algunos hombres en su papel de padres, modifican el rol y modelo tradicional a través de sus formas de participación en la relación con sus hijos/as y sus parejas, aunque con dificultades porque no cuentan con derechos laborales sobre los tiempos para interactuar y atender a su familia.

Tal y como expone Martínez Guirao, Javier Eloy y Anastasia Téllez Infantes[8] Esta crisis económica ha elevado los índices de paro hasta niveles que están teniendo repercusiones en las propias identidades y roles de género hegemónicos. A través de esta realidad, podemos constatar cómo la actual coyuntura de crisis y desempleo ha provocado cierto cambio en los roles masculinos y femeninos dentro del propio entorno familiar. Pues, en los casos en que es la mujer la que “sale a trabajar” y el hombre “se ha de quedar en casa”, se invierten, al menos en parte y modestamente aún, los tradicionales roles de género con relación al trabajo doméstico y el trabajo productivo.  

Es así como debemos apreciar nuevos modelos de masculinidad y feminidad, siendo más significativo el cambio por el que es el hombre el que asume parte de las tareas del hogar, al estar desempleado y no “poder pagar a una mujer para que haga las tareas de casa” mientras “su mujer” ha de “trabajar fuera todo el día”.

Estamos en el año 2021 y la idea tradicional de hombre ya no sirve. El modelo de masculinidad tradicional hegemonía, ya no sirve. Tal y como afirma Telléz[9], la denominada "cuarta ola feminista', que ve la luz definitivamente en las manifestaciones feministas del 8 de marzo de 2017 y 2018, es un reflejo de la necesidad de incorporar a los hombres ante el compromiso de la construcción de una sociedad igualitaria.  Es evidente la necesidad de deconstruir la masculinidad hegemónica para profundizar en las identidades masculinas alternativas, disidentes, nuevas que nos permitan detenernos en la que más nos conciernen: las masculinidades igualitarias. Por eso, las nuevas masculinidades buscan una alternativa a ese modelo hegemónico que incorpore la perspectiva de género. Un modelo de masculinidad capaz de mostrarnos nuevos, y diversos, modelos de paternidades, con perspectiva igualitaria.

La apuesta por el cuidado es un factor indispensable para la construcción de una sociedad más igualitaria. Implicarnos como hombres en el cuidado es, ir mucho más allá de aspectos como la paternidad. Es construir la masculinidad desde las relaciones en equilibrio y vivir la crianza de nuestros hijos e hijas, y el cuidado como espacios propios. No como terreno en el que los hombres somos meros invitados o en el que las mujeres nos indican y nos dicen cómo hay que hacer las cosas, sino que todos y todas somos ciudadanos de pleno derecho dentro del hogar y en la implicación con otras personas.  Este es el verdadero reto de los padres igualitarios ante el desafío de la igualdad de género. Este es el verdadero desafío de los hombres igualitarios.

 A modo de conclusión.

Nos encontramos ante una crisis de la identidad masculina tradicional y con ella, el resurgir de nuevos modelos de masculinidades desde la perspectiva de género. Fruto de este largo proceso de aculturación, es necesario considerar que las consecuencias del machismo, y el de haber sido socializados en una sociedad de estructura heteropatriarcal, en los propios hombres, supone un largo proceso de contradicciones, tensión y malestar ante maneras disidentes de entender la masculinidad.

Ante este nuevo escenario, el reto de la conciliación corresponsable, la deconstrucción de la identidad masculina y el surgimiento de grupos de hombres igualitarios son vías necesarias para seguir construyendo el camino hacia la igualdad real entre hombres y mujeres. Vías cada vez más necesarias para construir un nuevo modelo de masculinidad alejada de los contravalores de la masculinidad hegemónica tradicional. Ante esta realidad, la paternidad y sus diferentes modelos deben de asumir el reto del compromiso en clara perspectiva de género con la finalidad de entender la responsabilidad que los padres tenemos para con las futuras generaciones.

En este momento, los hombres, y frente a la cuarta ola feminista, tenemos bajo nuestra responsabilidad la posibilidad de rebelarnos contra el orden o mandato de género masculino y dejar de sustentar el sistema patriarcal, basado en la desigualdad entre mujeres y hombres. Ser hombre feminista, hombre igualitario, supone la posibilidad de "democratizar la vida doméstica" sobre la que edificar en el día a día la verdadera igualdad.

 

 Israel López Marín

 

Bibliografía

 

-Ballester Pastor, María Amparo (2019). El RDL 6/2019 para la garantía de la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación: dios y el diablo en la tierra del sol. TEMAS LABORALES, núm. 146/2019. Págs. 13-14.

-Martínez Guirao, Javier Eloy y Anastasia Téllez Infantes (2016) “El efecto de la crisis y el desempleo desde una perspectiva de género” en Rev. Cuestiones de género: de la igualdad y la diferencia. No. 11, 2016, págs. 351-372.

-Salguero, María Alejandra (2019). Aprendizajes de género, masculinidad y paternidad en hombres de la Ciudad de México. Género y Salud en Cifras, Vol. 17, número 2, mayo-agosto del 2019. Comité Editorial.

-Salguero, M.A., Yoseff, J.J., Soriano, M., y Delabra, B. (2019). Presencias y ausencias paternas: la experiencia de hombres en Ciudad de México. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales. Vol. 18, 2019, pág. 1-21a1804; ISSN 2174-6753.

-Subirats Martori, Marina (2020). “El género masculino, entre la obsolescencia y la impostación” pps. 19-34 en Téllez Infantes, Anastasia; Martínez Guirao, Javier Eloy y Sanfélix Albelda, Joan (2020) (Eds.) Hombres, género y patriarcado: Reflexiones, cuerpos y representaciones. Madrid: Editorial Dykinson. ISBN: 978-84-1377-243-1, 164 pps.

- Téllez Infantes, Anastasia (2019) “Masculinidad, identidad y trabajo: ¿democratizamos la vida doméstica en términos de igualdad”? pps. 131-150 en Martínez Guirao, Javier Eloy; Téllez Infantes, Anastasia; y Sanfélix Albelda, Joan (Eds.) (2019) DECONSTRUYENDO LA MASCULINIDAD. CULTURA, GÉNERO E IDENTIDAD. Editorial Tirant Lo Blanch. I.S.B.N: 978-84-17706-29-6.



[1] Salguero, M.A., Yoseff, J.J., Soriano, M., y Delabra, B. (2019). Presencias y ausencias paternas: la experiencia de hombres en Ciudad de México. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales. Vol. 18, 2019, pág. 1-21a1804; ISSN 2174-6753.

[2] Salazar Benítez; O. (2012), “Otras masculinidades posibles. Hacia una masculinidad diferente y diferenciada”. Recerca. 2012.12.6. pp. 87-112.

[3] Salguero, M.A., Yoseff, J.J., Soriano, M., y Delabra, B. (2019). Presencias y ausencias paternas: la experiencia de hombres en Ciudad de México. ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales. Vol. 18, 2019, pág. 1-21a1804; ISSN 2174-6753.

[4] Salguero, María Alejandra (2019). Aprendizajes de género, masculinidad y paternidad en hombres de la Ciudad de México. Género y Salud en Cifras, Vol. 17, número 2, mayo-agosto del 2019. Comité Editorial.

[5] -Subirats Martori, Marina (2020). “El género masculino, entre la obsolescencia y la impostación” pps. 19-34 en Téllez Infantes, Anastasia; Martínez Guirao, Javier Eloy y Sanfélix Albelda, Joan (2020) (Eds.) Hombres, género y patriarcado: Reflexiones, cuerpos y representaciones. Madrid: Editorial Dykinson. ISBN: 978-84-1377-243-1, 164 pps.

[6] -Salazar Benítez; O. (2018), “El hombre que no deberíamos ser”. Barcelona. Planeta.

[7]  Salguero, María Alejandra (2019). Aprendizajes de género, masculinidad y paternidad en hombres de la Ciudad de México. Género y Salud en Cifras, Vol. 17, número 2, mayo-agosto del 2019. Comité Editorial.

[8] Martínez Guirao, Javier Eloy y Anastasia Téllez Infantes (2016) “El efecto de la crisis y el desempleo desde una perspectiva de género” en Rev. Cuestiones de género: de la igualdad y la diferencia. No. 11, 2016, págs. 351-372, I.S.S.N.: 1699-597X, e-ISSN: 2444-0221.

[9] Téllez Infantes, Anastasia (2019) “Masculinidad, identidad y trabajo: ¿democratizamos la vida doméstica en términos de igualdad”? pps. 131-150 en Martínez Guirao, Javier Eloy; Téllez Infantes, Anastasia; y Sanfélix Albelda, Joan (Eds.) (2019) DECONSTRUYENDO LA MASCULINIDAD. CULTURA, GÉNERO E IDENTIDAD. Editorial Tirant Lo Blanch. I.S.B.N: 978-84-17706-29-6.

domingo, 15 de mayo de 2022

La paternidad como ejercicio de la masculinidad igualitaria


 

Israel López Marín

https://revistas.um.es/iqual/article/view/490701/320211

Palabras clave: masculinidad, género, paternidad, igualdad, parentalidad, socialización.


Resumen

El objetivo de este artículo es entender como el ejercicio de la paternidad en base a la igualdad supone la oportunidad para la deconstrucción de la masculinidad hegemónica tradicional hacia un modelo de masculinidad igualitaria. Desde la propuesta de las masculinidades igualitarias, la paternidad se presenta como la oportunidad de reflexionar sobre la idea de masculinidad que venimos aprendiendo de manera tradicional, para poder desaprender los roles de género adquiridos durante toda la vida. Es por ello quela paternidad igualitaria supone un modelo de resistencia hacia las ideas tradicionales de lo que significa ser un hombre, potenciando nuevas masculinidades igualitarias.


Citas

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Bacete, R. y Solano, J. (2021). Papá. Barcelon, España: Planeta.

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Salazar Benítez; O. (2018). El hombre que no deberíamos ser, Barcelona, España: Planeta.

Sambade Baquerín, I. (2014). Sobre las contradicciones de la razón moderna y la constitución de la subjetividad masculina. Prisma Social, 13, 2014, 787-851.

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lunes, 3 de enero de 2022

O sujeito-aluno e a escolarização

 

Uma das instituições mais bem sucedidas ao redor do mundo, a escola, é um lugar comum a todos. Muito se fala da educação e da escola como local de aprender, tornando-a obrigatória e necessária, mas pouco se reflete na construção histórica e política dessa instituição, fazendo com que certos comportamentos e pré-concepções continuem ao longodos séculos. Tratando aqui da concepção do sujeito-aluno, a intenção é fazer emergir mais questionamentos que respostas, visto que não deveria sequer haver tais pré-conceitos sobre sujeitos singulares, correndo o risco de pautar-se em determinismos.

O processo de escolarização, tendo seus primórdios nas grandes colonizações, baseou-se em preceitos eurocentristas, pensando a civilização européia como modelo ideal de evolução humana, enquanto os povos colonizados eram tratados como bárbaros, selvagens e ‘seres das trevas’, pois não eram iniciados no catolicismo. Com isso, os processos de escolarização nas colônias pautava-se na disciplinarização dos corpos e modos - para civilizar; no ensino da língua colonizadora - para apagar as línguas e culturas; e no ensino das mentes e espíritos - para docilizar e evangelizar.

Visto que esse processo durou séculos, muitas concepções e paradigmas foram sendo criados com o passar das eras, sendo adaptado posteriormente aos modelos industriais e capitalistas e passando por adaptações que persistem até hoje no imaginário social.

Consequentemente, toda uma cultura escolar foi sendo construída, composta por todos os sujeitos que passam pelo ambiente escolar. Dentre elas, a concepção que foi se construindo do sujeito-aluno como bom ou ruim perpassou todas as eras e ainda hoje é assunto de discussão em salas de professores, reuniões de pais e mestres, filmes e mídias em geral e em nossas mentes. Mas o que define essa binaridade do bom-mau aluno?

Pensando no que define um bom aluno, que características vêm à mente? Disciplinado, obediente, comportado, dócil, inteligente... algumas dessas qualidades podem definir um bom aluno de acordo com o corpo docente (professores, coordenadores, etc), mas pensemos mais um pouco sobre o porquê dessas idiossincrasias. Retomando ao processo de escolarização, foi possível constatar que a disciplina é um dos princípios básicos da escola: este é o local onde se aprende a permanecer sentado por horas, a controlar as necessidades básicas para certos momentos, a ter uma grade de horários cronometrada para determinadas atividades, a recordar conteúdos para avaliações, a comer em ocasiões e horas específicas. Até o conteúdo apresentado em algum momento se torna uma ¡disciplina!

Agora refletindo sobre o que caracteriza os maus alunos, diversos atributos vêm à tona: bagunceiro, falador, ignorante, confrontador... todos girando em torno da indisciplina, da subversão das regras, dos padrões que definem um bom sujeito de acordo com a cultura escolar. É interessante ressaltar como a escola buscou punir esses sujeitos, mas nunca refletir sobre tais táticas e estratégias de antidisciplina. Pensemos em estratégias de ‘passar cola’: como os sujeitos que a praticam formulam um resumo e laços sociais nesse processo tão comum em testes propostos mais como forma de punição que de fato avaliações. Ou até mesmo como foi normalizado socialmente tais pré-determinações que podem perseguir tais sujeitos pelo resto de suas vidas escolares.

É necessário refletir sobre como somos moldados pelas estruturas escolares, mas também como moldamos tal espaço, repensando nossas práticas e buscando melhor compreender os sujeitos que ocupam esses locais. Também é vital compreender os processos de indisciplina como táticas de contrapor certos padrões impostos que não condizem com um comportamento ‘adequado’ para a instituição, pautadas em ideais positivistas e meritocráticos. Nessa relação de saber-poder, subverter certos valores cria novas redes de sociabilidade, saberes são trocados e aprendidos, e toda uma cultura escolar se molda através de tais sujeitos e suas particularidades.


Jessie Vidal. 

Aluno de Pedagogia da UFRJ e educador popular

El sujeto-alumno y la escolarización

 

Una de las instituciones más exitosas del mundo, la escuela, es un lugar común a todos. Se habla mucho de la educación y la escuela como un lugar para aprender, por lo que obligatorio y necesario, pero poco se refleja en la construcción histórica y política de esta institución, lo que hace que ciertos comportamientos y preconceptos continúen a lo largo de siglos.  

Tratando aquí el concepto de sujeto-alumno, la intención es hacer emerger más preguntas que responden, ya que ni siquiera debería haber tales prejuicios sobre sujetos singulares, corriendo el riesgo de basarse en el determinismo.

El proceso de escolarización, que tuvo sus inicios en las grandes colonizaciones, se basó en en los preceptos eurocentristas, pensando en la civilización europea como un modelo ideal de evolución humana, mientras que los pueblos colonizados fueron tratados como bárbaros, salvajes y "seres de las tinieblas", ya que no fueron iniciados en el catolicismo. Con eso, los procesos de la escolarización en las colonias se basaban en la disciplina de cuerpos y modos, para civilizar; en la enseñanza de la lengua colonizadora - borrar lenguas y culturas; y en la enseñanza de mentes y espíritus: dóciles y evangelizadores.

Como este proceso tomó siglos, muchos conceptos y paradigmas fueron siendo creado a lo largo de los siglos, siendo posteriormente adaptado a la industria, al capitalismo y en proceso de adaptaciones que persisten hasta el día de hoy en el imaginario social.

En consecuencia, se estaba construyendo toda una cultura escolar, compuesta por todos los sujetos que transitan por el entorno escolar. Entre ellos, la concepción que fue construir al estudiante-sujeto como bueno o malo ha permeado todas las épocas es todavía tema de discusión en aulas de maestros, conferencias de padres y maestros, películas y medios en general, así como en nuestra mente. Pero, ¿Qué define esta binariedad de estudiante bueno-malo?

Pensando en lo que define a un buen alumno, ¿Qué características le vienen a la cabeza? Disciplinado, obediente, educado, dócil, inteligente... algunas de estas cualidades pueden definir un buen alumno según la facultad (profesores, coordinadores, etc.), pero pensemos un poco más en las razones de estas idiosincrasias. Volviendo al proceso escolaridad, se pudo constatar que la disciplina es uno de los principios básicos de la escuela: aquí es donde aprendes a sentarte durante horas, a controlar tu necesidades básicas para ciertos momentos, tener un horario cronometrado para determinadas actividades, recordar contenido para evaluaciones, comer en ocasiones y tiempos específicos. Incluso el contenido presentado en algún momento se convierte en un ¡sujeto!

Ahora, reflexionando sobre lo que caracteriza a los estudiantes pobres, varios atributos pasan a primer plano: desordenado, hablador, ignorante, confrontativo... todo gira en torno a la indisciplina, subversión de reglas, estándares que definen un buen tema según la cultura colegio. Es interesante resaltar cómo la escuela buscó sancionar estas materias, pero nunca reflexionar sobre tales tácticas y estrategias anti-disciplinarias. Pensemos en estrategias de “pegamento”: cómo los sujetos que la practican formulan un resumen y vínculos sociales en este proceso tan común en las pruebas propuestas más como una forma de castigo que en realidad evaluaciones. O incluso cuando se normalizaron socialmente tales determinaciones predeterminadas que pueden perseguir tales materias por el resto de su vida escolar.

Es necesario reflexionar sobre cómo nos moldean las estructuras escolares, pero también cómo damos forma a ese espacio, repensando nuestras prácticas y buscando comprender mejor los sujetos que ocupan estos lugares. También es vital comprender los procesos de indisciplina como táctica para contrarrestar ciertos estándares impuestos que no son consistentes con un comportamiento 'apropiado' para la institución, basado en ideales positivistas y meritocrático. En esta relación conocimiento-poder, subvertir ciertos valores crea nuevas redes de sociabilidad, el conocimiento se intercambia y aprende, y se configura toda una cultura escolar a través de tales temas y sus particularidades.


                                                                                                        Jessie Vidal.

Pedagoga por la Universidad Federal de Rio de Janeiro-UFRJ (Brasil)

 Educadora Popular.



jueves, 2 de diciembre de 2021

Más Educación Social = Más Comunidad

No es necesario ser un experto en nada para entender la necesidad que tenemos en este momento socio-histórico por fomentar mayor cohesión social y mayor convivencia intercultural en cada uno de los barrios del Estado español. No es necesario ser un experto analista para con, tan solo echar una mirada a los medios de comunicación o redes sociales, la necesidad de comenzar, de manera urgente, a construir más puentes y derribar más muros.  Quizás a raíz de esto, de la influencia de los medios de comunicación de masas, estamos presenciando, como protagonista de una película barata, una erosión constante de las relaciones basadas en la igualdad.

Tendemos hacia la diversidad, hacia una mayor diversidad. De manera irremediable, viajamos en una sociedad que tiende a ser cada día más diversa y plural, entendiéndose esto desde la más amplia de las acepciones. La diversidad, de cualquier índole (sexual, religiosa, étnica, ideológica, sensitiva, funcional…) ha sido, de manera histórica, una fuente de capital humano de incalculable valor. Ante esta realidad el reto se encuentra en el compromiso por la gestión de la diversidad. Una gestión de la diversidad de carácter democrático.

Ante este escenario, necesitamos herramientas y recursos. Herramientas concretas que trasciendan las buenas palabras. Es el momento de los hechos y de las acciones. De posicionarse ante una realidad, en ocasiones demasiado fluida. Y ante esta realidad, muchas más veces de las que se debería, se suele obviar la Educación Social, quizás como un simple erros, quizás como un síntoma. La Educación Social como disciplina pedagógica promueve y facilita la incorporación e integración de las personas a una realidad diversa caracterizada por unas redes sociales cada vez más plurales, para la circulación social, el desarrollo de la sociabilidad y la promoción cultural y social del mismo a través de la adquisición de bienes culturales. Herramientas y habilidades que permitan a las personas ampliar sus perspectivas educativas, laborales, de ocio, así como el desarrollo de competencias para la participación ciudadana en su contexto más próximo.

La Educación Social, como disciplina pedagógica, ha sido considerada tradicionalmente tanto desde la perspectiva de los ámbitos específicos de trabajo del educador y la educadora social, tales como la educación de adultos, la educación de calle o la Animación Sociocultural, o a través de los fines que se persiguen alcanzar con la acción socioeducativa. Desde el Consejo Estatal de Colegios de Educadores y Educadoras Sociales (ASEDES) se define la Educación Social tanto como profesión de carácter pedagógico como el derecho del ciudadano y de la ciudadana, sujeto del proceso educativo, a ser integrado a las redes sociales y así, poder acceder a bienes culturales que le permitan ampliar sus perspectivas educativas.

 

Como características distintivas de la Educación Social, el ámbito social y su carácter pedagógico, deberíamos poner en valor tres de las principales maneras de entender la Educación Social y su ejercicio profesional:

1.       Como forma primordial de la educación al atender a su esencia de perfecta socialización del individuo.

2.       Como un aspecto importante de la educación general.

3.       Como forma pedagógica del trabajo social en casos de exclusión social y el riesgo de exclusión.

 

Es a partir de los años 80, en plena transición democrática, cuando en el Estado Español y  «gracias al advenimiento de la democracia y a las nuevas formas del estado del bienestar, al incremento de los sectores de población marginal y, principalmente, a la conciencia de responsabilidad frente a los nuevos problemas derivados de la convivencia»,​ cuando el ejercicio profesional de la Educación Social tuvo una rápida expansión en España lo que se reflejó en el real decreto 1420/1991 que el 30 de agosto de 1991 creaba la Educación Social como diplomatura universitaria. Una realidad que supuso de catalizador en un momento en el que la sociedad necesitaba herramientas de cohesión y no elementos de disgregación. Sin embargo, y aunque ha sido largo el camino recorrido, en ocasiones parece que todavía nos encontramos en una larga travesía profesional por el desierto. El desconocimiento hacia la Educación Social por gran parte de la población, la ignorancia en cuanto a sus competencias profesionales desde la propia administración, y el borrado de la profesión en procesos selectivos, medios de comunicación… nos hace ver la necesidad de seguir justificando cuanta falta hacen los educadores y educadoras sociales en el momento actual.

Como he comentado al principio de este texto, cada día caminamos hacia una sociedad más plural y diversa, una sociedad marcada por el desarrollo de un capital humano repleto de oportunidades. Solo, eso sí, si somos capaces de entender esas diferencias como “lugares comunes” para el encuentro y la convivencia, algo que, en este momento, muchos medios y posicionamientos políticos se empeñan en distorsionar. Para construir mayor comunidad y mayor convivencia, necesitamos mejores herramientas, y esa posición la ocupa, sin duda, la Educación Social.

​ Sin embargo, el desarrollo de estrategias para la cohesión social y la participación ciudadana requiere también del respeto y el reconocimiento hacia una profesión de carácter histórico. Requiere del posicionamiento claro de aquellas personas que ejercemos la Educación Social a diario y de la unión entre ellos y ellas. No podemos mirar hacia otro lado, si en algún momento ha sido necesaria la Educación Social para generar comunidad, es sin duda, ahora.

 

Israel López Marín.

Diciembre de 2020.

 Publicado en: https://educarlex.es/mas-educacion-social-mas-comunidad/


sábado, 18 de septiembre de 2021

“Todo arde si le aplicas la chispa adecuada”

 

Cuando Israel me contactó para escribir en su blog acepté enseguida. Cualquier espacio que se cree para hablar de animación sociocultural, educación social, DDHH, activismo… hay que aprovecharlo.

He de reconocer que he tardado un poco. Primero debido un verano lleno de trabajo (por suerte) y una semana de parada en seco. Y segundo por la premisa que me dio para escribirlo “que sea de interés tuyo y consideres necesario abordar en este momento con el fin de crear opinión, pensamiento crítico...” y claro una mente inquieta y curiosa como la que yo tengo, empezó a volar por todos los intereses y temas de los que me gustaría hablar. Pero varios cafés y charlas conmigo mismo después, he conseguido centrarme. Así que ahí voy.

El tema del que quiero hablar es La Participación.

No voy a hablar de los clásicos, como:

·       -Las condiciones básicas para Participar: Querer (motivación) – Saber (Conocimientos) – Poder (oportunidades)

·         -Que es un proceso…

·         -Que a Participar se aprende…

·         -Los diferentes niveles de participación (insertando la foto de la Escalera de Roger Hart).

Quien haya participado en mayor o menor medida, o haya estado en procesos, al menos algo de esto le podrá sonar. Y si no, hay mucha información por la red. Así que, si voy a hablar de Participación, dando mi opinión sobre una pregunta y una frase que he escuchado cientos de veces:

·         “¿Por qué la gente no participa?”

·         “La gente ya no participa como antes”

Llevo participando desde los 17 años y ya se la oía decir a “los y las mayores” cuando yo iba a ser “el relevo”, bien ya fui el relevo, ya me lo dieron y sigo escuchando esto. Puede que padezcamos de un mal propio de pensar que la gente (o al menos no tanta como quisiéramos) no participa…

Yo no comparto estas afirmaciones, la gente si participa, se organiza, crea y hace; ahora bien, quizás no lo haga cómo a ti te gusta, o tu entidad marca. Quizá tu proyecto les parezca “una mierda” (¡ojo! No digo que lo sea, pero pueden pensarlo) o no les motiva pasar por lago tan formal como entidades que hacen tanto papeleo para hacer voluntariado que parece que estás opositando.

Esas personas que organizan una pachanga de fútbol o baloncesto todos los jueves en la cancha del barrio está participando (gestionando una actividad deportiva para si misma y personas allegadas), quienes colaboran con las fiestas de su pueblo, quienes hacen colaboraciones puntuales… la peña se mueve por lo que le provoca interés. Si tu / vuestra idea no se lo provoca… ¿de verdad te gustaría que se sumaran a ella?

Mi reflexión es que no debiéramos cuestionar tanto la Participación de los y las demás, mejor centrar nuestra energía en la nuestra propia, en evaluar, cuestionar, y mejorar.

¿Qué queremos llegar a más gente y se sumen? Pues habrá que encontrar lo que les haga venir y participar.

Como dice la canción de Héroes del silencio, “Todo arde si le aplicas la chispa adecuada”.

 

 Pablo García González.

Animador Sociocultural.

elcasopablo.com

Comunidad y convivencia intercultural: la importancia de lo común

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