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domingo, 5 de abril de 2026

Comunidad y convivencia intercultural: la importancia de lo común


 En las sociedades contemporáneas, marcadas por una creciente diversidad cultural, social y lingüística, la construcción de una convivencia intercultural se ha convertido en uno de los principales desafíos colectivos. Frente a este reto, recuperar el valor de la comunidad y de los espacios públicos aparece como una condición fundamental para fortalecer las relaciones sociales y promover formas de convivencia basadas en el respeto y el reconocimiento mutuo.

La convivencia intercultural no se produce de manera automática por el simple hecho de que diferentes culturas compartan un mismo territorio. Por el contrario, requiere procesos de interacción, diálogo y construcción colectiva que permitan generar vínculos entre personas y grupos diversos. En este sentido, lo comunitario adquiere una relevancia central, ya que constituye el espacio donde se entrelazan las experiencias individuales y las dinámicas grupales.

Desde esta perspectiva, la vida social puede entenderse como una relación constante entre tres niveles: el personal, el grupal y el comunitario. En el plano personal, cada individuo construye su identidad a partir del reconocimiento de su propia diversidad y de su relación con los demás. En el nivel grupal, las personas establecen vínculos que configuran el tejido social, a través de relaciones educativas, culturales, políticas o afectivas. Finalmente, en el ámbito comunitario se articulan las narrativas compartidas, los valores colectivos y los imaginarios que dan sentido a la vida en común.

La comunidad, por tanto, no es simplemente la suma de individuos, sino un entramado de relaciones que se construyen a partir de la interacción cotidiana. En este entramado, los espacios públicos desempeñan un papel fundamental. La escuela, los barrios, los centros culturales o las instituciones públicas se convierten en lugares donde las personas pueden encontrarse, intercambiar perspectivas y construir formas de convivencia basadas en el diálogo.

Defender lo público implica, en este sentido, defender la posibilidad de construir comunidad. Cuando los espacios públicos se fortalecen como lugares de participación y encuentro, se generan condiciones favorables para que la diversidad cultural se transforme en una oportunidad de aprendizaje colectivo. En cambio, cuando estos espacios se debilitan, aumentan las posibilidades de fragmentación social y de aislamiento entre grupos.

Promover la convivencia intercultural significa, por tanto, apostar por prácticas educativas, sociales y culturales que fortalezcan los vínculos comunitarios. Esto implica fomentar la participación, reconocer la diversidad de experiencias y construir narrativas compartidas que permitan imaginar futuros comunes.

En definitiva, la construcción de sociedades interculturales no depende únicamente de políticas institucionales, sino también de la capacidad de las comunidades para generar espacios de encuentro donde las diferencias puedan dialogar y convertirse en una fuente de enriquecimiento mutuo.

Referencias

Morales, T., y Szwarc, L. (2022). En común: Rutas para el hacer colectivo. Neret Ediciones.


Israel López Marín

Abril de 2026

miércoles, 1 de abril de 2026

Ser técnico/a en desarrollo comunitario intercultural hoy: trabajar con la complejidad del territorio

 

Hay una pregunta que aparece con frecuencia cuando alguien escucha esta profesión por primera vez:

¿Qué hace exactamente un/a técnico/a en desarrollo comunitario intercultural?

No es fácil responder en una frase. En parte porque una parte importante de este trabajo no siempre se ve.

No siempre está en una actividad, en un taller o en una foto de proyecto. Muchas veces está en procesos más invisibles: en conversaciones largas con vecinos, en reuniones entre entidades que empiezan a colaborar después de años sin hablarse, en conflictos que se transforman antes de escalar, o en espacios donde distintas personas empiezan a reconocerse como parte de una misma comunidad.

En ese sentido, el desarrollo comunitario intercultural se sitúa en un lugar muy concreto de la intervención social: el territorio.

Trabajar con la comunidad, no para la comunidad

Una de las ideas clave del enfoque comunitario es que los procesos sociales sostenibles no se construyen desde fuera, sino desde dentro de las propias comunidades.

Esto implica un cambio importante respecto a enfoques más asistenciales o verticales. El trabajo comunitario no consiste únicamente en ofrecer recursos o servicios, sino en activar procesos colectivos de participación, diálogo y corresponsabilidad.

Como señalan diversos estudios sobre participación comunitaria e interculturalidad, estos procesos permiten fortalecer la convivencia, generar sentido de pertenencia y mejorar la cohesión social en contextos culturalmente diversos.

Desde esta perspectiva, el papel del técnico o técnica no es dirigir ni sustituir a la comunidad, sino facilitar condiciones para que la comunidad pueda organizarse, dialogar y tomar decisiones colectivas.

A veces eso significa dinamizar espacios de participación.
Otras veces significa mediar en conflictos.
Y muchas veces significa simplemente escuchar antes de intervenir.

La interculturalidad como práctica cotidiana

Hablar de desarrollo comunitario intercultural implica reconocer algo evidente en muchas ciudades y barrios actuales: la diversidad forma parte de la vida cotidiana.

Pero la interculturalidad no se limita a gestionar esa diversidad. Más bien propone construir espacios de relación donde las personas interactúan, cooperan y generan proyectos compartidos más allá de sus diferencias culturales.

Investigaciones recientes en pedagogía social subrayan que la participación comunitaria en contextos interculturales contribuye a promover valores democráticos, mejorar la convivencia y fortalecer los vínculos entre instituciones y ciudadanía.

En otras palabras: la interculturalidad no es un discurso abstracto. Es algo que se construye en las relaciones diarias entre vecinos, asociaciones, escuelas, servicios públicos y administraciones.

El valor del trabajo invisible

Una de las particularidades del desarrollo comunitario es que sus resultados no siempre son inmediatos ni fácilmente medibles.

Muchos de sus efectos aparecen a medio o largo plazo:

  • cuando aumenta la participación vecinal
  • cuando distintas entidades empiezan a colaborar
  • cuando se crean espacios de diálogo donde antes había conflicto
  • cuando una comunidad empieza a reconocerse como tal

Los procesos comunitarios buscan precisamente eso: construir comunidades más cohesionadas, inclusivas y capaces de afrontar colectivamente sus desafíos.

Por eso el trabajo comunitario suele avanzar a otro ritmo: el de las relaciones humanas, la confianza y la construcción de redes.

En tiempos de polarización

En el contexto actual, marcado por discursos simplificadores sobre la diversidad y la convivencia, el desarrollo comunitario intercultural adquiere una relevancia especial.

Porque recuerda algo fundamental:

  • la diversidad no es el problema
  • el problema son las desigualdades, la segregación y la falta de espacios de encuentro

Frente a eso, el trabajo comunitario propone crear estructuras de participación, diálogo y cooperación que permitan a las comunidades afrontar colectivamente sus retos.

Puede que muchas veces ese trabajo no se vea.

Pero cuando un barrio habla más entre sí, participa más en las decisiones y construye soluciones colectivas…

entonces sabemos que algo importante está pasando.

Y aunque no siempre aparezca en los indicadores o en las fotografías de proyecto, eso también es transformación social.


miércoles, 8 de mayo de 2024

Construyendo Comunidades Inclusivas: Un Enfoque desde la Mediación Social e Intercultural y la Pedagogía Intercultural

 

En un mundo cada vez más diverso y multicultural, la construcción de comunidades inclusivas se convierte en un objetivo fundamental para promover la convivencia pacífica y el desarrollo social. En este contexto, la mediación social e intercultural y la pedagogía intercultural emergen como herramientas poderosas para abordar los desafíos de la diversidad y promover la cohesión comunitaria desde una perspectiva participativa y colaborativa.

Carlos Giménez, reconocido investigador en el ámbito de la mediación social, sostiene que la mediación intercultural no solo implica la resolución de conflictos de manera puntual, sino que también busca promover la transformación de las estructuras sociales y culturales que generan desigualdad y exclusión. Esta visión ampliada de la mediación social destaca su potencial para fortalecer los lazos comunitarios y promover la inclusión de todos los miembros de la sociedad.

Por otro lado, la pedagogía intercultural, según autores como James Banks, se enfoca en la creación de entornos educativos inclusivos que valoran y respetan la diversidad cultural y lingüística de los estudiantes. Adopta un enfoque holístico que reconoce y valora los conocimientos, las experiencias y las identidades culturales de cada individuo, promoviendo así un aprendizaje significativo y enriquecedor para todos.

Desde una perspectiva comunitaria, las entidades del tercer sector de acción social se erigen como pilares fundamentales en la promoción de la inclusión y la cohesión social. Estas organizaciones, al estar arraigadas en el tejido social y poseer un profundo entendimiento de las realidades locales, están especialmente capacitadas para identificar las necesidades específicas de la comunidad y diseñar intervenciones adecuadas y pertinentes. Su proximidad y sensibilidad les permiten establecer relaciones de confianza con los diversos grupos y actores comunitarios, lo que facilita la colaboración y el trabajo conjunto hacia objetivos comunes.

La responsabilidad de estas entidades va más allá de la mera asistencia y atención a las necesidades inmediatas. Tienen el mandato de desarrollar programas y proyectos que fomenten el diálogo intercultural, promuevan la participación ciudadana activa y fortalezcan el desarrollo comunitario sostenible. Esto implica no solo abordar los conflictos y desafíos presentes en la comunidad, sino también generar espacios de encuentro y aprendizaje que promuevan la comprensión mutua, el respeto por la diversidad y la construcción de una identidad comunitaria inclusiva. La labor de estas organizaciones es fundamental para fortalecer los lazos sociales dentro de la comunidad y promover una cultura de paz y convivencia. Al facilitar el acceso a recursos y servicios, alentar la participación de todos los miembros de la comunidad en la toma de decisiones y fomentar el respeto y la tolerancia entre diferentes grupos culturales, contribuyen a crear un entorno favorable para el desarrollo integral y la realización personal de cada individuo.

Las entidades del tercer sector de acción social desempeñan un papel crucial en la construcción de comunidades inclusivas y cohesionadas. Su labor va más allá de la asistencia material y se enfoca en promover el empoderamiento y la participación activa de la comunidad en la búsqueda de soluciones a los desafíos sociales. Son agentes de cambio y transformación que trabajan incansablemente por construir un mundo más justo, equitativo y solidario para todos.

Por ello, la mediación social e intercultural y la pedagogía intercultural emergen como pilares fundamentales en la construcción de comunidades inclusivas desde una perspectiva comunitaria. La mediación social, al propiciar el diálogo y la resolución pacífica de conflictos entre diversos grupos culturales, no solo contribuye a la reducción de tensiones y al fortalecimiento de los lazos sociales, sino que también promueve un clima de convivencia armoniosa y de respeto mutuo en la comunidad. Por su parte, la pedagogía intercultural, al reconocer y valorar la diversidad cultural y lingüística de los individuos, se convierte en una herramienta esencial para la promoción de una educación inclusiva y equitativa, que garantice oportunidades de aprendizaje para todos, sin importar su origen cultural o social.

El trabajo conjunto de las entidades del tercer sector de acción social, en estrecha colaboración con los diferentes actores comunitarios, adquiere una relevancia aún mayor en este contexto. Estas organizaciones, al contar con un profundo conocimiento de las necesidades y realidades locales, pueden actuar como catalizadores de cambio y promotores de la justicia social. A través de programas y proyectos diseñados de manera participativa y adaptados a las particularidades de cada comunidad, estas entidades pueden impulsar iniciativas que favorezcan la integración social, el acceso equitativo a recursos y servicios, y la participación activa de todos los miembros de la comunidad en la toma de decisiones que afectan su vida cotidiana.

La colaboración entre las entidades del tercer sector y los actores comunitarios, tales como asociaciones vecinales, grupos culturales, centros educativos y autoridades locales, es clave para garantizar el éxito y la sostenibilidad de las acciones orientadas hacia la construcción de comunidades inclusivas. Esta sinergia de esfuerzos permite aprovechar al máximo los recursos disponibles, compartir conocimientos y experiencias, y generar un impacto positivo y duradero en el tejido social. Además, fomenta un sentido de pertenencia y corresponsabilidad entre los miembros de la comunidad, quienes se convierten en agentes activos de cambio y promotores de una cultura de igualdad, diversidad y respeto en su entorno.

En definitiva, la mediación social e intercultural, la pedagogía intercultural y el trabajo conjunto de las entidades del tercer sector de acción social y los actores comunitarios son elementos esenciales en la construcción de comunidades inclusivas y en la promoción de la igualdad, la diversidad y la justicia social. Su labor conjunta contribuye a la creación de entornos más justos, equitativos y cohesionados, donde cada individuo tenga la oportunidad de desarrollarse plenamente y contribuir al bienestar común.

 

Israel López Marín

Mayo de 2024

lunes, 11 de marzo de 2024

Más allá del racismo posmoderno: La Mediación como clave para una Convivencia Intercultural

 

La convivencia intercultural se enfrenta a un desafío contemporáneo que podríamos denominar "racismo posmoderno". A diferencia de las formas tradicionales de discriminación basadas en la supremacía racial, este fenómeno se caracteriza por la creencia y la propagación de la idea de que el entendimiento entre diferentes culturas es inherentemente imposible. Se argumenta que la convivencia multicultural es propensa al conflicto, generando un caldo de cultivo para tensiones y divisiones.

En este contexto, es esencial comprender que los conflictos son una parte natural de las relaciones humanas y que su magnitud depende en gran medida de la capacidad de las personas para llegar a acuerdos y utilizar las situaciones problemáticas como oportunidades para el conocimiento mutuo y la mejora de la comunicación. La diversidad cultural, en lugar de ser vista como una barrera insalvable, debería ser apreciada como una fuente de enriquecimiento y crecimiento.

Es importante destacar que el rechazo no surge de la cultura en sí ni de sus manifestaciones, sino más bien de la clasificación de las personas como "de cultura diferente". El miedo al contacto con los demás se origina en la amenaza percibida a nuestra identidad, convicciones y valores. En este punto, la mediación intercultural emerge como una herramienta esencial para superar estas barreras y fomentar la comprensión mutua.

El mediador y la mediadora intercultural desempeñan un papel crucial al traducir las posiciones de las partes, buscando intereses comunes expresados en un mismo código. Su labor no se limita a la resolución de conflictos, sino que se extiende a la transformación de normas y relaciones entre las personas. Se identifican tres tipos de mediación: preventiva, rehabilitadora y creativa, cada una diseñada para contribuir al entendimiento mutuo y a la construcción de relaciones armoniosas y respetuosas.

La convivencia intercultural se ve enriquecida por modelos específicos de mediación, y entre ellos destaca el modelo comunitario, también conocido como dialógico. Este enfoque no solo aborda la solución de conflictos manifiestos, sino que se centra en la prevención, tratando tanto lo latente como lo manifiesto. Promueve el diálogo entre las partes y los miembros de la comunidad, fomentando la comprensión y el respeto mutuo.

En el ámbito educativo, la mediación intercultural juega un papel fundamental en la construcción de la identidad cultural individual y colectiva. La participación comunitaria se revela como esencial para fomentar la comprensión de las diferencias culturales, superar prejuicios y construir un entorno escolar constructivo que celebre la diversidad como un activo valioso.

El mediador y la mediadora intercultural actúa como un puente entre personas de diferentes culturas, superando no solo barreras lingüísticas, sino también traduciendo ideas y conceptos. Su función va más allá de la resolución de conflictos; busca activamente mejorar las relaciones humanas entre grupos culturalmente diversos.

Por ello, la mediación intercultural se presenta como una herramienta crucial para contrarrestar el "racismo posmoderno" y promover la convivencia pacífica entre personas de diversas culturas. Su enfoque preventivo, rehabilitador y creativo contribuye a la construcción de sociedades más inclusivas y comprensivas, donde la diversidad es no solo tolerada, sino valorada y celebrada como una fuente de riqueza y crecimiento.

 

Israel López Marín

Marzo de 2024

 

sábado, 23 de diciembre de 2023

Desarrollo Comunitario en barrios culturalmente diversos: Desafíos y amenazas en el contexto actual


El desarrollo comunitario emerge como un catalizador para fortalecer los lazos sociales en barrios de alta diversidad cultural, construyendo puentes entre comunidades diversas y fomentando la convivencia intercultural. Sin embargo, este proceso, vital para la cohesión social, se enfrenta a desafíos significativos, especialmente en el contexto actual marcado por la presencia de la extrema derecha en las instituciones españolas.

La llegada de la extrema derecha ha traído consigo la imposición de límites y barreras que afectan directamente al desarrollo de procesos comunitarios. La imposición de lineas rojas por parte de ciertos sectores políticos debilita la base misma de la democracia y amenaza la capacidad de las comunidades para abordar de manera efectiva sus necesidades y desafíos.

La convivencia y la interculturalidad, fundamentales para el desarrollo comunitario en entornos diversos, a menudo se ven socavadas cuando las administraciones públicas retiran su apoyo debido a posturas ideológicas. La falta de financiación y respaldo gubernamental se traduce en la pérdida de proyectos valiosos que podrían contribuir de manera significativa al tejido social y al entendimiento mutuo entre diferentes culturas.

En este contexto, las administraciones públicas, en lugar de ser un apoyo, se convierten en una amenaza para el desarrollo comunitario. Las políticas que limitan la participación activa de la sociedad civil, la promoción de la diversidad cultural y la implementación de proyectos inclusivos debilitan el tejido social y amenazan la construcción de comunidades resilientes.

Es esencial reconocer que el desarrollo comunitario no solo aborda las necesidades inmediatas de las comunidades, sino que también contribuye a la construcción de una sociedad más inclusiva y democrática. Abogar por la continuidad y fortalecimiento de estos proyectos es un paso crucial para resistir los embates que amenazan la convivencia intercultural y la democracia misma.

En un momento en el que la intolerancia y la rigidez ideológica amenazan con socavar los pilares de la democracia, es responsabilidad de todos nosotros abogar por el apoyo continuo a iniciativas de desarrollo comunitario. Solo a través de la colaboración entre diversos actores y el compromiso ciudadano podemos resistir y superar las amenazas que debilitan la convivencia y la diversidad cultural en nuestras comunidades.


Israel López Marín

Diciembre de 2023

lunes, 2 de octubre de 2023

Defender la Educación Social como una bandera (Día Internacional de la Educación Social)


 

“Defender la alegría como un principio

Defenderla del pasmo y las pesadillas

De los neutrales y de los neutrones

De las dulces infamias

Y los graves diagnósticos”

 

Hoy, 2 de octubre, Día Internacional de la Educación Social, coincide con mi 14º aniversario en esta profesión. A pesar de algunos momentos de dificultad, cada día tengo una comprensión más profunda de la necesidad de la Educación Social en la sociedad en la que vivimos.

La Educación Social es un componente esencial para promover procesos de participación intercultural en los barrios debido a su capacidad para fomentar la comprensión, el respeto mutuo y la cohesión social entre las diversas comunidades que coexisten en un territorio determinado.

En primer lugar, la Educación Social actúa como un puente que conecta a las personas de diferentes orígenes culturales y étnicos al proporcionarles las herramientas necesarias para comprender y apreciar las diferencias culturales. Al fomentar la comprensión, se reduce la posibilidad de malentendidos, conflictos y prejuicios entre los residentes de un barrio. Esta comprensión mutua es fundamental para la construcción de relaciones interculturales positivas y la promoción de la armonía comunitaria. La Educación Social facilita el diálogo intercultural al enseñar habilidades de comunicación efectiva y resolución de conflictos. El diálogo es esencial para la participación activa de todas las voces en la comunidad, ya que permite que las personas compartan sus experiencias y perspectivas de manera abierta y constructiva. Esto, a su vez, contribuye a la construcción de consenso y a la toma de decisiones colectivas más informadas y equitativas.

La Educación Social también desempeña un papel importante en la promoción de la inclusión y la igualdad en los barrios. Ayuda a identificar y abordar las barreras que pueden obstaculizar la participación de grupos minoritarios o marginados, como la discriminación o la falta de acceso a recursos y oportunidades. Al promover la inclusión y garantizar que todas las voces sean escuchadas y respetadas, se crea un entorno propicio para la participación activa de todos los residentes, sin importar su origen cultural.

Asimismo, la Educación Social contribuye al fortalecimiento de la cohesión social en los barrios. Al proporcionar oportunidades para que las personas se conozcan y construyan relaciones basadas en el respeto y la comprensión mutua, se fomenta un sentido de pertenencia a la comunidad. Cuando las personas se sienten parte de un grupo inclusivo y diverso, están más dispuestas a colaborar en proyectos comunitarios y a trabajar juntas para abordar los desafíos locales.

La Educación Social combate la discriminación y el prejuicio al desafiar los estereotipos culturales y promover una visión más equitativa y justa de todas las culturas presentes en un barrio. Esto es esencial para crear un ambiente en el que todas las personas se sientan valoradas y respetadas por igual, lo que a su vez fomenta la participación activa y el compromiso cívico.

Por tanto, la Educación Social desempeña un papel esencial en la promoción de la participación intercultural en los barrios al fomentar la comprensión, el respeto mutuo, la inclusión y la igualdad, y al proporcionar las habilidades necesarias para facilitar el diálogo y la colaboración entre personas de diferentes culturas. Estos elementos son fundamentales para construir comunidades más cohesionadas y diversas, donde todos los residentes puedan contribuir positivamente a la vida comunitaria.

Por eso es necesario, parafraseando a Mario Benedetti, defender la Educación Social como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas.

Israel López Marín

2 de octubre de 2023

martes, 1 de agosto de 2023

El Derecho a la Ciudad para la Población de Origen Migrante: Desafíos, Perspectivas y Políticas de Inclusión


 

El derecho a la ciudad implica el acceso equitativo a los recursos y servicios de una ciudad, así como el derecho a participar activamente en la toma de decisiones que afectan la vida urbana. Para que la población de origen migrante ejerza este derecho en la sociedad española actual, es necesario su participación en actividades ciudadanas y políticas de la comunidad, como votar en elecciones locales, participar en reuniones y consultas públicas, unirse a organizaciones sindicales, políticas, sociales y comunitarias, y colaborar en proyectos que beneficien a la ciudad y sus habitantes.

Las administraciones públicas deben garantizar el acceso a la información. Estar informado sobre los derechos y servicios disponibles en la ciudad, así como los programas de integración y asistencia para personas de origen migrante debe ser una responsabilidad de las instituciones gubernamentales y organizaciones no gubernamentales para proporcionar información relevante con el fin de promover la igualdad y la diversidad. Trabajar en conjunto con organizaciones y activistas que defiendan la igualdad de derechos y combatan la discriminación, xenofobia y racismo en la sociedad, así como participar en programas educativos y de capacitación para mejorar las habilidades lingüísticas, competencias laborales y conocimiento de la cultura y sociedad españolas permite construir redes sociales y de apoyo con otras personas migrantes y locales para intercambiar experiencias, apoyarse mutuamente y fortalecer el sentido de pertenencia a la comunidad.

Demandar el acceso equitativo a servicios públicos esenciales como educación, atención médica y vivienda, independientemente del origen o estatus migratorio permite compartir la riqueza cultural de los países de origen con la sociedad de acogida, y a su vez, integrar elementos de la cultura local en la propia identidad cultural. El compromiso de las administraciones públicas españolas para la defensa del derecho a la ciudad de las personas de origen migrante debe ser integral y orientado a garantizar la igualdad de derechos y oportunidades para todos los residentes, sin importar su origen.

El ejercicio del derecho a la ciudad también es construir las condiciones materiales necesarias para el desarrollo de las acciones y políticas que las administraciones deben adoptar. El desarrollo de políticas de inclusión que permitan promover la inclusión social y la igualdad de oportunidades para la población de origen migrante, incluye además medidas para garantizar el acceso a servicios públicos básicos. Crear espacios de diálogo y consulta que permitan a los migrantes expresar sus necesidades y opiniones sobre políticas y programas. Establecer servicios de asesoramiento y apoyo específicos para personas migrantes que puedan orientarles en temas legales, laborales, educativos y sociales. Así como implementar políticas que aborden las necesidades de vivienda de la población de origen migrante, asegurando un acceso justo y equitativo a una vivienda adecuada.

Por otro lado, la promoción del emprendimiento, el desarrollo de medidas para facilitar el acceso a recursos y oportunidades para el emprendimiento y la creación de pequeños negocios entre la población migrante. Por parte de la administración pública, es necesaria la formación en diversidad cultural. Capacitar a los funcionarios públicos y profesionales de servicios para que comprendan y respeten la diversidad cultural y sean sensibles a las necesidades de la población migrante es un elemento clave en la promoción de la participación ciudadana en personas de origen migrante.

El compromiso de las administraciones públicas españolas para la defensa del derecho a la ciudad de las personas de origen migrante es fundamental para construir una sociedad inclusiva, justa y cohesionada. Esto implica la adopción de políticas y programas que promuevan la igualdad de oportunidades y la plena participación de todos los ciudadanos, independientemente de su origen o estatus migratorio, desarrollar medidas de apoyo determinadas, tales como adoptar medidas de apoyo específicas para grupos vulnerables de migrantes, como menores no acompañados, refugiados y personas solicitantes de asilo.

Israel López Marín

Agosto de 2023

sábado, 1 de julio de 2023

La participación ciudadana infantil. Una aproximación desde el Teatro Social

  


Resumen

La participación ciudadana infantil es el ejercicio democrático de un derecho reconocido en el marco de la Convención sobre los Derechos de los Niños. Las niñas y los niños son ciudadanos de pleno derecho, capaces de participar de manera activa en los procesos de transformación social de su contexto más próximo. Desde esta perspectiva de derechos, el Teatro Social se muestra como un conjunto de conceptos, métodos y acciones capaces de facilitar a la infancia las herramientas y las habilidades necesarias para ejercer su derecho a la participación en su entorno a través de experiencias y vivencias que les permitan ser reconocidos de manera individual y grupal favoreciendo la toma de decisiones en procesos participativos como sujetos políticos con voz y voto en la comunidad.

Abstract

Child citizen participation is the democratic exercise of a right recognized in the framework of the Convention on the Rights of Children. Girls and boys are citizens with full rights, capable of participating actively in the processes of social transformation in their immediate context. From this perspective of rights, the Social Theater is shown as a set of concepts, methods and actions capable of providing children with the necessary tools and skills to exercise their right to participate in their environment through experiences and experiences that allow them to be recognized individually and as a group, favoring decision-making in participatory processes as political subjects with a voice and vote in the community.

1. Introducción.

El presente artículo pretende entender como el Teatro Social puede ser una herramienta útil para el desarrollo de participación ciudadana infantil en la esfera pública desde un enfoque de derechos, con el fin de dar respuesta a una necesidad primordial de las comunidades.  A través de esta investigación pretendemos analizar el Teatro Social como herramienta para poder hacer efectivo algunos de los derechos humanos más fundamentales de la infancia, incluidos aquellos derechos reconocidos por la Constitución española.

La participación ciudadana debe ser entendida como un elemento esencial para el desarrollo de la cohesión social y la convivencia intercultural, así como del desarrollo de las comunidades locales.

Dicho de otro modo, “las necesidades humanas se satisfacen en la ciudad merced a la interactividad que en ella se ocasiona entre sus heterogéneos componentes, y esto nos ayuda también a entender cómo las necesidades conforman un sistema complejo de tal suerte que la satisfacción de cada una de ellas depende de la satisfacción adecuada de las demás” (Alguacil, 2010, p. 51).

Por tanto, la participación ciudadana, en la misma condición que otras necesidades humanas elementales, requieren de una serie de “satisfactores”. En gran medida, la participación ciudadana infantil será posible si las condiciones políticas necesarias para su desarrollo se dan en el contexto dado. Por ende, cuanto más democrático sea el contexto, y más organizada se encuentre la ciudadanía, consciente de sus derechos y de sus deberes, mayor será la promoción de la cultura participativa en la infancia. 

2. Objetivos.

Objetivo general: Conocer de qué manera el Teatro Social desarrolla estrategias de participación ciudadana infantil.

Objetivo específico: Investigar cómo se desarrollan las estrategias de participación infantil a través del Teatro Social. 

3. Marco Teórico

3.1. La participación ciudadana en el marco local

La participación ciudadana opera en primer lugar en el ámbito de la vida cotidiana, en el ámbito urbano. La característica principal de este es la de ser un espacio público accesible a todos. Sin embargo, en la práctica esto no es así:

La norma expuesta de los lugares públicos es ser accesible a cualquiera. Ese es un principio de orden y una restricción de uso. Será necesario entonces, distinguir formalmente, en toda situación de copresencia en público, por un lado, los participantes no ratificados, intrusos o excluidos y, por el otro, los participantes que están, según las apariencias normales, ‘en su lugar (Joseph, 1999, p. 73).

Estas restricciones de uso son normas que se imponen de forma sutil. Sin embargo, el espacio público requiere también de la implicación activa de los ciudadanos, de forma que “los participantes se implican como ‘maestros de ceremonias’: deben tomar iniciativas, iniciar compromisos y definir la naturaleza de la ocasión” (Joseph, 1999, p. 77).

Cinco son los aspectos clave a tener en cuenta para interpretar correctamente el contexto local y el enfoque que sobre la participación posee la intervención comunitaria intercultural: (Giménez, 2015, p. 38).

  • La participación como derecho de la ciudadanía en el marco de un estado democrático, de derecho y de bienestar social.
  • La participación como refuerzo, integración y profundización en la democracia.
  • En el marco de las políticas sociales, la participación es fundamental para corregir la deriva asistencialista e individualista de las mismas.
  • La participación se desenvuelve en un contexto de obsolescencia de la política, de los partidos, de los sindicatos y de los órganos y espacios de participación ciudadana institucionales.
  • El surgimiento de nuevos espacios y ámbitos de participación de carácter global (los indignados) o sectorial (desahucios, preferentes, solidaridad ante la crisis, etc.), en muchos casos al margen de la colaboración con las instituciones e incluso en confrontación directa con las mismas.

Para ello, es necesario entender aquellos elementos esenciales de la participación ciudadana que se verán influenciados por una serie de fenómenos y tendencias sociales que se están dando en las comunidades locales:

3.2. Teatro Social y Participación Ciudadana.

La participación es quizás el punto que más preocupa a quienes desarrollan un proyecto de Teatro Social desde una perspectiva comunitaria. Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de participación ciudadana?

La participación ciudadana puede ser entendida desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, las elecciones constituyen una forma de participación activa por parte de la ciudadanía cada cuatro años en la política de los países democráticos, regulada por el estado, en la que quedan excluidas las personas de origen extranjero.

Otro aspecto importante que hay que tener en cuenta cuando hablamos de procesos participativos es el concepto de ciudadanía.

Para el desarrollo cultural comunitario, todas las personas que viven en un territorio tienen el mismo reconocimiento, los mismos derechos y, obviamente, cuando planteamos que su objetivo último es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de un territorio, es sin excepción (Moreno, 2016, p. 131).

Teatro Social y participación 1 [Fotografía], por SINESTESIA Iniciativas Socioculturales, 2023.

Por ello, la participación se entiende como un derecho y obliga a los poderes a facilitarla, con lo que los ciudadanos tenemos derecho a participar igualmente en la economía, en la cultura y en la vida social. Pero ¿cuáles son los mecanismos que articulan esta participación?

Considero la ciudadanía como un concepto dinámico y relacional; una práctica orientada al desarrollo de capacidades y poderes colectivos para la creatividad, la acción y la transformación social.

La ciudadanía, como categoría política que alude a la pertenencia y a la participación de las personas en la sociedad, ha adquirido relevancia social y educativa en los últimos años (Ballesteros-Velázquez, Mata-Benito, y Padilla-Carmona, 2013, p. 51).

El significado de la ciudadanía se vincula a la práctica, concibiéndose, así como un concepto dinámico y relacional, una forma colectiva de pertenencia activa a la comunidad (Ballesteros-Velázquez, Mata-Benito, y Padilla-Carmona, 2013, p. 53). Es más, si profundizamos en el significado de ciudadanía y de ciudadano nos remitimos a la afirmación de Boal, el cual asegura que “el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que la transforma!” (Boal, 2012, p. 31).

Por todo lo mencionado acerca de la participación en las comunidades, el trabajo en grupo que conlleva el Teatro Social no es sencillo. Sabemos que los grupos pasan por fases y que algunos momentos son difíciles, pero superada la fase de conflictos y trabajando la colaboración, la cooperación y la negociación, desde un modelo de funcionamiento grupal democrático, se podrá avanzar hacia la ejecución de los objetivos previstos.

Por tanto, no se trata de dirigir sino de trabajar conjuntamente permitiendo que el grupo avance según su propio ritmo y según el grado de implicación que desee ya que sin participación no tenemos proyecto de desarrollo cultural comunitario. Por ello, cuando los profesionales se plantean un proyecto de este tipo y pretenden implicar al máximo a la comunidad, han de ser conscientes de que es prácticamente imposible la participación de todos los vecinos y con el mismo grado de implicación.

La puesta en práctica de proyectos artísticos como el Teatro Social comporta la realización de propuestas participativas que, basadas en la creatividad, fomentan las relaciones entre las personas y contribuyen a construir marcos de intervención que revierten en los participantes y en la comunidad en la que viven.

Los procesos participativos resultan complejos, pero son la base para generar sentimiento de pertenencia a la comunidad y para que el proyecto que se desarrolla se sienta como propio y tenga un efecto real en la ciudadanía. Es importante señalar que los participantes en el taller de Teatro Social puedan actuar como portavoces de los intereses de los grupos y devolver luego las aportaciones que se hagan a la comunidad.

La participación ciudadana se orienta, por tanto, a la integración de la ciudadanía en el proceso de adopción de decisiones en el funcionamiento de su comunidad. Es un proceso a partir del cual la comunidad crece y se fortalece a través de sus decisiones, que en sí mismas favorecen, de forma positiva, las condiciones de vida que le afectarán, comprometiéndose de forma colectiva con sus problemas y soluciones.

Como se viene observando, el Teatro Social tiende a generar procesos de participación en la ciudadanía, por lo que su metodología debe estar orientada hacia este fin. La ciudadanía crítica y participativa se aprende, aprendizaje que constituye un proceso de construcción permanente que se realiza más por la vía informal que por la vía formal. Es decir, se aprende a ser ciudadano o ciudadana “siéndolo”, poniendo en práctica la ciudadanía, implicándonos personalmente en los grupos, en los procesos colectivos de toma de decisiones (Ballesteros-Velázquez, Mata-Benito, y Padilla-Carmona, 2013, p. 60).

Un aspecto clave del aprendizaje de la ciudadanía es que no es un proceso en solitario. Aprender ciudadanía implica necesariamente la relación con los demás, la construcción de colectividades con una finalidad (Ballesteros-Velázquez, Mata-Benito, y Padilla-Carmona, 2013, p. 61).

Toda acción que promueva la participación debe respetar las diferencias individuales en cuanto a los modos de participación, entendiendo por “diferencias individuales” tanto los estilos personales como las diferentes manifestaciones culturales con que se expresan las colectividades, por lo que imponer una forma única de participación supone una negación de la participación.

3.3. Participación Ciudadana Infantil.

Cuando hablamos de participación, debemos hacerlo desde una perspectiva cualitativa y cuantitativa. Como educadores y educadoras sociales debemos entender que la perspectiva cuantitativa está sujeta, en este caso, al éxito de la perspectiva cualitativa. Es decir, la asistencia de un elevado número de personas a una actividad, acto o acción no es suficiente para hablar de participación, se tienen que dar, por tanto, las condiciones adecuadas para que esas personas puedan expresarse, opinar y decidir sobre los asuntos tratados, desde un plano de igualdad en el que todas las voces son escuchadas. En necesario entender, por tanto, como la educación social debe promover procesos de “participación consciente”, una participación promotora de transformación y cambio social a nivel relacional y a nivel estructural, frente a procesos de “participación no consciente”, basados en conceptos meramente numerarios fundamentados principalmente en una cuestión clientelar.

Tal y como expone Gallego-Henao, “en el siglo XXI la visión de la infancia está centrada en reconocer a niños y niñas como seres humanos titulares de derechos, merecedores de respeto, protección y amor, con lo cual se percibe que se ha tenido importantes avances en relación con su papel protagónico” (Gallego-Henao, 2015, p. 156).

Este nuevo cambio en la visión de la infancia ha permitido el desarrollo de todo un marco de acciones basadas en el reconocimiento de sus derechos que deben ser tenidos en cuenta para su aplicación, o, dicho de otro modo:

Las conceptualizaciones sobre infancia han hecho que la condición de niño o niña se transforme, hasta llegar a un punto en la historia en el que se considera la necesidad de disponer escenarios de participación para ellos y ellas. Así pues, los niños y las niñas pasan de ser seres cosificados a niños y niñas participantes; el hecho de pensar al niño o niña con un nuevo lugar en la historia, es el primer paso para concebirlo como un ser humano con capacidad para ser parte de su mundo y hacerse visible en él (Gallego-Henao, 2015, p. 156).

Partiendo de experiencias de gran calado histórico, conceptual y metodológico, como es el caso de “La Ciudad de las Niñas y de los Niños”, del pedagogo de origen italiano Francesco Tonucci, que pretende que los niños y niñas sean protagonistas de la construcción de la ciudad y que la ciudad se vaya diseñando tomando al niño y la niña como medida, la participación infantil debe pasar de ser un modelo de participación organizada externamente a que los niños y niñas propicien, exijan y generen nuevos espacios y mecanismos de participación ciudadana, tal y como expone Novella.

3.3.1. “Comunicación Cítrica” una experiencia para la participación ciudadana infantil.

Entre los días 24 de noviembre de 2022 y 27 de marzo de 2023 se han desarrollado 4 sesiones de Teatro Infantil en el centro cultural de Guadalupe (Murcia) con un grupo de 12 niños y niñas entre los 10 y los 16 años de edad a través de la asociación SINESTESIA Iniciativas Socioculturales. El desarrollo del taller de Teatro Social “Comunicación Cítrica” ha tenido como finalidad el aprendizaje de actividades teatrales y ejercicios de expresión corporal como herramientas de participación ciudadana infantil.

A través de este taller se ha pretendido poner en valor el reconocimiento que la Convención Internacional sobre los Derechos de los Niños da a la participación de la infancia en espacios públicos y/o administrativos, tal como refleja el Artículo 12 de la propia declaración, en referencia al “derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”, el Artículo 13, en referencia al derecho a la libertad de expresión, así como el Artículo 15 que reconoce los “derechos del niño a la libertad de asociación y a la libertad de celebrar reuniones pacíficas”.

Teatro Social y participación 2 [Fotografía], por SINESTESIA Iniciativas Socioculturales, 2023.

Bajo este enfoque, basado en el reconocimiento de los derechos de la infancia se han desarrollado una serie de sesiones donde la participación de la infancia es algo más que un derecho. Se ha planteado como un principio educativo, un contenido formativo, un valor democrático y un procedimiento para aprender a aprender a participar en el entorno que les rodea como sujetos políticos de su realidad.

4. Marco metodológico.

Debido a la naturaleza de esta investigación, además de la revisión documental, se ha planteado un método de investigación cualitativa por ser especialmente indicados para el estudio de procesos sociales, grupales e interpersonales que utilizan la expresión, la comunicación y el lenguaje, así como procesos vinculados con las reglas que gobiernan el comportamiento en distintos ámbitos (familiar, educativo, laboral, etc.) de la sociedad humana. Se ha utilizado el método de la observación participante con el fin de investigar la subjetividad de las personas estudiadas a través de la interacción con ellas, mediante entrevistas abiertas. La observación participante implica la producción de datos, así como su registro sistemático en el diario de campo con el fin de conocer “el hacer” de los sujetos sobre los cuales se investiga, algo que solo es posible si este “hacer” se desarrolla en el presente y en escenarios accesibles a un observador.

Entre noviembre de 2022 y marzo de 2023 se han desarrollado 4 sesiones de Teatro Social Infantil en el centro cultural de Guadalupe (Murcia) donde han participado 12 niños y niñas entre los 10 y los 16 años de edad. Acciones que nos favorecieron la recogida de información a través de la observación participante.

5. Conclusiones.

El desarrollo del taller de Teatro Social “Comunicación Cítrica” con un grupo de 12 niños y niñas entre los 10 y los 16 años de edad nos ha permitido alcanzar las siguientes conclusiones. El Teatro Social se convierte en una herramienta que sirve para concienciar a los miembros de una comunidad sobre el estado de su propia realidad, en este caso, a los niños y niñas participantes del mismo taller. Testimonios como este “He aprendido a qué hacer ante una injusticia, he cambiado mi actitud” (DC06), reflejan el aprendizaje que el Teatro Social puede suponer para el desarrollo de competencias y habilidades para la comunidad.

Cada una de las perspectivas que adopta el Teatro Social va enfocada a conseguir unos objetivos, todo ello sin desviarse del objetivo esencial que no es otro que la toma de conciencia y la búsqueda de soluciones colectiva, así como estimular el proceso de enseñanza-aprendizaje en participación ciudadana de estos niños y niñas. A través de afirmaciones como “Si yo no hacía mi parte, no podíamos avanzar como equipo” (DC08) podemos corroborar como el Teatro Social ha sido promotor del trabajo en equipo para estos niños y niñas.

A través de esta experiencia, podemos comprobar cómo el Teatro Social genera procesos de participación infantil a través de experiencias desarrolladas a nivel territorial, en este caso, a través de estos 12 participantes. Trascendiendo esta experiencia en una actividad transformadora de la propia comunidad en la que se desarrolla.

El Teatro Social, a través de esta experiencia, ha facilitado el desarrollo de procesos de “participación consciente” frente a un modelo de “participación no consciente” vinculados al desarrollo de una relación clientelar entre ciudadanía y administraciones o servicios. Ha propiciado un proceso de “participación consciente”, basado en la pedagogía de la pregunta, frente a un proceso de “participación no consciente” próximo al modelo de educación bancario que exponía Freire.

La creación de un “espacio seguro” a través del Teatro Social ha permitido construir relatos conjuntos a través de las preocupaciones de las personas participantes. Reflexiones tales como la necesidad de tener más tiempo libre y hacer menos deberes, puesto que pasan suficiente tiempo en el aula, o la necesidad de construir una sociedad menos adultocéntrica, capaz de dar voz a las necesidades e inquietudes de la infancia supone pensar en un modelo contra hegemónico capaz de cuestionar un conjunto de prácticas que sustentan la representación de las personas adultas como un modelo acabado al que aspirar, frente a una infancia, como una etapa de crisis, que debe ser permanentemente tutelada. Esto se puede corroborar en afirmaciones como la siguiente: “he aprendido a trabajar en equipo, a organizarnos entre nosotros” (DC09), un testimonio que nos muestra la capacidad organizativa y participativa de la infancia, cuando estos poseen los elementos necesarios para su participación en la comunidad.

El Teatro Social, a través de este taller, pone en valor las propias vivencias y formas de pensar de la infancia, además de resignificar el espacio de ocio socioeducativo de los niños y las niñas. Potenciando aquello que los participantes saben hacer, frente aquello que no son capaces de llevar a cabo, generando mayor motivación y menor frustración, motivando el desarrollo de personas seguras de sí mismas.

Bibliografía

Alguacil Gómez, J.  (2010). Espacio público y espacio político. La ciudad como el lugar para las estrategias participativas. Boletín CF+S, 44, 51-65. Enlace

Ballesteros-Velázquez, B. Mata-Benito, P. y Padilla-Carmona, Mª. T. (2013). Ciudadanía participativa y transformadora: análisis de discursos y propuestas de aprendizaje. Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Boal, A. (2012). La estética del oprimido. Alba.

Freire, P. (2012). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.

Gallego-Henao, A. M. (2015). Participación infantil. Historia de una relación de Invisibilidad Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 13 (1), 151-165. Enlace

Giménez, C. (2015). Juntos por la convivencia. Claves del proyecto de intervención comunitaria intercultural. Participación. (Vol. 5). Obra Social La Caixa.

Joseph, I. (1999). Erving Goffman y la microsociología. Gedisa.

Moreno González, A. (2016). La mediación artística. Arte para la transformación social, la inclusión social y el desarrollo comunitario. Octaedro.

Novella Cámara, A. (2008). Formes de participació infantil: la concreció d’un dret. Educació social. Revista d’intervenció socioeducativa, 38, 77-93. Enlace.

Tonucci, F. (2015). La ciudad de los niños. Editorial GRAO

Para contactar:

Israel Lopez Marin, email:  ilopezmarin.ilm@gmail.com

sábado, 27 de mayo de 2023

Desarrollo Comunitario, Servicios Sociales y Control Social

 

En 1956, la Organización de las Naciones Unidas adopta el concepto de “desarrollo comunitario”, como “el conjunto de procedimientos por los cuales los habitantes de un país unen sus esfuerzos a los de los poderes públicos con el fin de mejorar la situación económica, social y cultural de las colectividades, de asociar estas colectividades a la vida de la nación y permitirles contribuir sin reserva al progreso del país”.

El Desarrollo Comunitario hace referencia a los procesos de transformación social que promueven el mejoramiento social y económico de las personas que habitan un determinado territorio a través del empoderamiento de las mismas.  La comunidad es la propia protagonista del proceso participando activamente en su transformación.

Es necesario considerar que todo proceso de desarrollo comunitario tiene sus propias peculiaridades para que se dé en un determinado territorio.  Las comunidades deben ser conscientes del derecho a participar en las decisiones que afecten sus condiciones de vida. La participación es un elemento clave, requiere una intervención de la comunidad en todos los ámbitos para lograr la mejora del territorio y se debe construir desde la igualdad, sin importar el sexo, la edad o el origen. 

En un momento donde parece fragmentarse la convivencia a través de la atomización de las comunidades para que estas pasen a ser meros territorios de coexistencia, es el momento de volver a poner la atención en la comunidad, en el territorio. El Desarrollo Comunitario es una acción coordinada y sistemática que, en respuesta a las necesidades o a la demanda social, trata de organizar el progreso global de una comunidad territorial bien delimitara o de una población-objetivo, con la participación de los interesados.

Ante la fragmentación de la sociedad a través de una “cultura de la inmediatez” basada en la rapidez y en la satisfacción instantánea en la cual buscamos el deseo constante de la gratificación momentánea, es necesario volver al establecimiento de las relaciones interpersonales como construcción de una red social basada en la promoción de la autoestima y el compromiso de la comunidad y sus miembros con el fin de volver consciente a la comunidad de su potencial, estimulándola a opinar, hacerse oír y transformar.

Las políticas neoliberales que se han venido desarrollando en las últimas décadas han supuesto una verdadera erosión del Estado del Bienestar. Un claro desgaste de los servicios públicos, tales como sanidad, educación, justicia o servicios sociales. Estrategias que suponen la precarización de la población y la carestía de la vida.

Ante esta realidad, debemos defender un sistema público de Servicios Sociales de calidad. Necesitamos invertir en más recursos y dotaciones y con profesionales más diversos capaces de representar realmente a la diversidad de las comunidades en las que intervienen. Debemos reivindicar la subida del presupuesto de los servicios sociales y detener la privatización a la que nos aboca las salvajes políticas neoliberales. Es necesaria dar una respuesta a un modelo de intervención que está dejando gente atrás, una clara evidencia de una sociedad poco decente. Una sociedad decente no debería dejar a nadie atrás.

Para ello, es importante luchar contra la "violencia burocrática" que en ocasiones generan las propias administraciones, y es urgente incluir perspectiva de género en los servicios sociales. Es necesario invertir en plantillas estables de profesionales de los servicios sociales y la correspondiente financiación

Servicios sociales sin un proceso de desarrollo comunitario es un mero mecanismo de control social, por ello es necesario apostar por claros procesos participativos con un fin emancipador con, para y desde la propia comunidad.

 

Israel López Marín

Mayo de 2023

sábado, 9 de abril de 2022

Teatro social como herramienta de participación ciudadana en el municipio de Murcia

 


Teatro social como herramienta de participación ciudadana en el municipio de Murcia

Social theater as a tool for citizen participation in the municipality of murcia

Resumen

El Teatro Social constituye una herramienta de dinamización social y comunitaria fundamental que permite, a través de la articulación entre el arte dramático y la intervención social, una participación activa de la ciudadanía, despertando en ellos el interés y la inquietud por los problemas que sufre su sociedad, generando ideas, alternativas y posibles soluciones.

Esta investigación se desarrollado un análisis teórico acerca del Teatro Social, sus orígenes, ramas de actuación y repercusiones basadas en experiencias previas. Para posteriormente, desarrollar una investigación práctica a través de la comparación y análisis cualitativo de las distintas experiencias de personas implicadas en el Teatro Social en el municipio de Murcia a través de una serie de entrevistas abiertas. Con la finalidad de comprender, en qué medida, el Teatro Social, desarrollado desde diferentes plataformas en el municipio de Murcia entre el año 2016 y el 2018, suponen una herramienta de participación ciudadana y desarrollo comunitario en el contexto en el cual se desarrolla.

Abstract

The Social Theater constitutes a fundamental social and community revitalization tool that allows, through the articulation between dramatic art and social intervention, an active participation of citizens, awakening in them the interest and concern about the problems suffered by their society, generating ideas, alternatives and possible solutions.

This research developed a theoretical analysis about Social Theater, its origins, branches of action and repercussions based on previous experiences. For later, to develop a practical research through the comparison and qualitative analysis of the different experiences of people involved in the Social Theater in the municipality of Murcia through a series of open interviews. In order to understand, to what extent, the Social Theater, developed from different platforms in the municipality of Murcia between 2016 and 2018, is a tool for citizen participation and community development in the context in which it takes place.

1. Introducción

El objeto de esta investigación es profundizar sobre diferentes experiencias relacionadas con el Teatro Social y la expresión corporal, realizadas en el Municipio de Murcia entre los años 2016 y 2018, dirigidas a diferentes colectivos, con el fin de entender cómo y en qué medida el Teatro Social puede ser una herramienta de participación ciudadana y dinamización comunitaria en el lugar donde se sitúa su práctica.

 Augusto Boal [Fotografía], por La Máquina Teatro, 2019 (https://lamaquinateatro.es/).

A través de esta investigación se pretende analizar cómo el Teatro Social puede ser una herramienta de participación y cohesión social, transformadora de espacios en entornos y contextos de aprendizaje y de ejercicio de ciudadanía democrática y participativa.  Por tanto, el fin de la investigación es entender en qué medida el Teatro Social, en la ciudad de Murcia, puede ser contextualizado en el entorno en el que se desarrolla para ser un canal de promoción de la participación y cohesión social, tal y como Augusto Boal (1931 – 2009), dramaturgo, escritor y director de teatro brasileño, conocido por el desarrollo del Teatro del Oprimido, como método y formulación teórica de un teatro pedagógico como herramienta para la transformación social. Expresa en dicha obra, Teatro del Oprimido, como el participante no es el espectador de su entorno, sino el actor de la transformación del mismo, poniendo en valor el aprendizaje situado y la creación de comunidades de aprendizaje que su praxis genera.

Augusto Boal, a través de su obra, Teatro del Oprimido, un teatro participativo que fomenta formas de interacción democráticas y cooperativas entre los participantes. Es un “teatro de ensayos” practicado por “actores de espectáculo” (no espectadores) que tienen la oportunidad de actuar y observar, una metodología que engendra procesos de diálogo y el pensamiento crítico. En el Teatro del Oprimido, el acto teatral se experimenta como una intervención consciente, como un ensayo de acción social enraizado en un análisis colectivo de problemas compartidos.

 2. Objetivos

Por lo que respecta a los objetivos, a través de esta investigación, se pretende entender la relevancia real de la práctica del Teatro Social en el municipio de Murcia como una herramienta pragmática para la dinamización comunitaria y la participación ciudadana. Se establecen los siguientes objetivos en el planteamiento de la investigación.

Objetivo general:

  • Comprobar mediante un estudio práctico cómo el Teatro Social puede favorecer la participación ciudadana en la ciudad de Murcia.

Objetivos específicos:

  • Investigar si se pueden desarrollar estrategias de desarrollo comunitario a través del Teatro Social.
  • Estudiar cómo a través de las diferentes acciones realizadas mediante el Teatro Social se desarrolla y promueve un enfoque intercultural.

 3. Marco teórico

3.1. El Teatro Social: Origen y definición.

Entender el Teatro Social es entender el teatro como un lenguaje popular a través del cual, poder expresarse. El Teatro Social trata de hacer que el espectador se disponga a intervenir en una acción compartida, abandonando su condición de objeto y asumiendo plenamente su papel de sujeto. Por tanto, entender el teatro como lenguaje es promover el paso del espectador a la acción, es decir, constituye el paso a la participación ciudadana y la corresponsabilidad con el contexto.

Augusto Boal, dramaturgo, director y teórico teatral de origen brasileño, a través de la publicación de su libro Teatro del Oprimido, en el año 1974, hizo visible una propuesta teórica y práctica del teatro como herramienta social convirtiendo al espectador en parte activa del espectáculo. A diferencia de otros estilos de teatro, los cuales tienen como fin el mostrar la realidad, e interpretarla, el Teatro Social tiene como finalidad la transformación del actor y de la actriz en protagonistas de la escena dramática, transformación que no existe en el teatro escrito (Boal, A. 1980).

Según Augusto Boal, el ensayo estimula la práctica del acto en la realidad. El Teatro Social, el Teatro Foro, así como otras formas de teatro popular, en lugar de quitarle algo al espectador, le suministran el deseo de practicar en la realidad el acto ensayado en el teatro. La práctica de estas formas teatrales crea una especie de insatisfacción que necesita complementarse a través de la acción real, convirtiéndose en un “teatro de intervención” que estimula la voluntad de cumplir acciones reales. Por ello, el Teatro Social es un teatro que hace al espectador protagonista de la acción y que le permite intentar soluciones para su liberación.

En cuanto a los objetivos de socialización y valores relacionados con la práctica del Teatro Social, debemos incluir la confianza en el resto de las personas del grupo, la cooperación, la mejora de las relaciones interpersonales, la cohesión social y la participación. Asimismo, también puede incluirse la responsabilidad, el uso no consumista y responsable del tiempo libre, la resolución de conflictos y la inclusión social (Moreno, 2016). A su vez, en el Teatro Social también están presentes objetivos relacionados con el acceso y promoción de la cultura, potenciar la creatividad y aumentar la sensibilidad ante expresiones artísticas, aspectos a tener en cuenta en una sociedad donde parece no fomentarse la idea de que la innovación puede ser un acto de colaboración.

 3.2. Principios Fundamentales del Teatro Social.

El Teatro Social tiene por objetivo utilizar las técnicas dramáticas como instrumentos para la comprensión y búsqueda de alternativas a problemas sociales e interpersonales. De este modo, el Teatro Social propone transformar al espectador incitándolo a reflexionar sobre su pasado, a modificar la realidad del presente y a crear su futuro. Así, se pueden establecer una serie de premisas que aglutinan la esencia del Teatro Social:

  • El Teatro Social trata de hacer que el espectador se disponga a intervenir en la acción, abandonando su condición de objeto y asumiendo plenamente su papel de sujeto.
  • Construir soluciones colectivas a problemas de carácter colectivo.
  • El espectador debe ser un sujeto activo, un actor, en igualdad de condiciones con los actores que, a su vez, deben ser también espectadores.
  • Un teatro, de carácter político, que trata de transformar la realidad y no solo de reflejarla.
  • Un teatro que estimula la voluntad de cumplir acciones reales.

3.2.1. Concepto de Espect-Actor.

El Teatro Social parte del precepto de que el actor y la actriz dejan de interpretar al individuo y pasan a interpretar al grupo, a la comunidad, lo cual es una tarea mucho más compleja, aunque, al mismo tiempo, mucho más creativa. De este modo, el espectador se convierte en un sujeto activo, un actor en igualdad de condiciones con el resto de actores que, a su vez, deben ser también espectadores. Esta realidad es la que define a cada sujeto participante como un espect-actor.

Por todo ello, el Teatro Social facilita que los espectadores ya no deleguen en los personajes, ni para que piensen, ni para que actúen en su lugar. Según Augusto Boal, “puede que el teatro no sea revolucionario en sí mismo, pero sin dudas: ¡es un ensayo de la revolución!” (Boal, 1980:41).

 3.3. Teatro Social y la Pedagogía del Oprimido

La obra Pedagogía del Oprimido (Freire, 1996) promueve la reflexión, la crítica y la problematización, en el sentido de análisis y diálogo para conseguir, en definitiva, la liberación y la transformación social.

El método de alfabetización de Paulo Freire pretendía que los alumnos aprendieran a descifrar, intervenir y transformar el entorno que les rodeaba. De ese modo, propiciaba una relación dialéctica y horizontal entre profesores y alumnos, cambiando radicalmente los roles vigentes en el ámbito educativo.

Según la Pedagogía del Oprimido, la tarea del enseñante no consiste en llenar la cabeza de los alumnos con el contenido de su narración sino en promover un aprendizaje crítico y constructivo.

Augusto Boal desarrolló los principios y métodos del Teatro del Oprimido a partir de una experiencia escénica que tuvo con campesinos peruanos en el marco de una campaña de alfabetización inspirada en la metodología de Paulo Freire.

Teatro Social en Murcia 1 [Fotografía], por SINESTESIA Iniciativas Socioculturales, 2017.

Por ello, la educación transciende las fronteras de los centros educativos para ser practicada en las comunidades a partir de los conocimientos compartidos aportando una visión y una reflexión crítica del contexto a través de una voluntad transformadora (Moreno, 2016).

3.3.1. Teatro Social y Teatro del Oprimido

La intencionalidad del Teatro Social está orientada a generar procesos de participación y a promover la responsabilidad colectiva, ya que el Teatro Social se transforma en una herramienta de creación de “poder popular” (Ander-Egg, 2006). Desde una perspectiva global podemos afirmar que el Teatro Social fomenta tanto la promoción de la gente para que asuma una responsabilidad individual o colectiva de cara a la solución de sus problemas, como la realización conjunta de actividades. En esta línea, el Teatro del Oprimido, tendencia teatral sistematizada por el dramaturgo, actor, director y pedagogo teatral de origen brasileño Augusto Boal en los años 1960, es un ensayo para la realidad, una intervención concreta en lo real, una práctica que enseña que es necesario conocer la realidad para poder transformarla.

Como experiencia desarrollada por Boal, es necesario señalar aquella desarrollada en Godrano, Italia, en el año 1977. La experiencia titulada “Los oprimidos frente a frente con el opresor” (Boal, 2002: 92) es la primera práctica de Teatro Foro desarrollada por el dramaturgo en la que las personas participantes y el público estaba formado tanto por oprimidos, como por opresores. Un ejercicio que exponía la realidad de la situación de la mujer frente a una autoridad heteropatriarcal en una sociedad rural de marcado carácter conservador. El hecho de representar en la plaza del pueblo una discusión familiar marcada por grandes prejuicios de género evidenció una realidad compartida por las familias presentes, iniciando una experiencia que sirvió para establecer relaciones de solidaridad entre las mujeres del pueblo.

3.4. El Teatro Social como herramienta de participación y mediación.

El Teatro Social es importante entenderlo desde la perspectiva de la mediación. La mediación artística es un modelo de educación artística con la que se produce una intervención social a través del arte. Esta forma de intervención pretende dar respuesta a las necesidades de los grupos con el fin de promover procesos de participación, de transformación, inclusión y para el desarrollo comunitario. La educación para la comprensión de la cultura visual y escénica tiene muchos puntos en común con la Pedagogía del Oprimido y con el Teatro Social, en el sentido de que se analizan imágenes de la vida cotidiana de las personas participantes, con el objetivo de adoptar una postura crítica ante la realidad que se vive.

Este modelo de educación artística no se interesa por la expresión artística, aunque aporta elementos que resultan de interés para nuestra perspectiva, especialmente la reflexión sobre las imágenes desde una perspectiva crítica (Moreno, 2016). Desde el Teatro Social no se pretende, por tanto, que las personas participantes en los talleres aprendan teatro, sino que las actividades sean un mediador de la intervención socioeducativa, del proceso de participación y del desarrollo comunitario, de ahí que hablemos de “mediación” artística (Bogart, 2007).

La Asociación Estatal de Educación Social (ASEDES, 2017) plantea, citando a García Molina, que las acciones mediadoras “Son aquellas acciones de acompañamiento y de sostenimiento de procesos que tienen como fin provocar un encuentro del sujeto de la educación con unos contenidos culturales, con otros sujetos o con un lugar de valor social y educativo” (ASEDES, 2007:16). Es más, la misma Asociación Estatal de Educación Social afirma que:

Cuando hablamos de acciones mediadoras no nos referimos específicamente a la mediación de conflictos ni lo entendemos como una enseñanza o transmisión de contenidos culturales. Consideramos que la mediación es un trabajo previo que se ha de hacer para que el sujeto de la educación pueda encontrarse con lugares, personas y contenidos. La mediación así entendida tiene como finalidad la emancipación progresiva del sujeto (ASEDES, 2007:16).

Por todo lo mencionado, los proyectos de mediación artística a través del Teatro Social suponen que la división tradicional entre el público y los actores se rompa para generar reflexión en el público, que participa en el desarrollo y avance de la obra, aportando opiniones y diferentes puntos de vista de la problemática que se está abordando. Por tanto, podemos afirmar que sin proceso de participación no sería posible el Teatro Social. La participación puede ser entendida desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, las elecciones constituyen una forma de participación activa por parte de la ciudadanía cada cuatro años en la política de los países democráticos, regulada por el estado, en la que quedan excluidas las personas de origen extranjero.

Otro tipo de participación en nuestra sociedad es aquel relacionado con experiencias de consulta popular llevadas a cabo en los últimos años por ayuntamientos de ciudades como Madrid,[1] Barcelona,[2] o Zaragoza,[3] para conocer la opinión ciudadana ante determinados proyectos. No obstante, al margen de las elecciones, en las que no puede participar toda la ciudadanía, y de las consultas ciudadanas, no están previstas otras formas de participación en la vida pública.

Ahora bien, sí existen otras maneras de entender la participación más allá de que esta pueda darse en un momento concreto y puntual, podemos concebirla como un proceso constante. De hecho, la Constitución española plantea que:

Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social (artículo 9.2 de la Constitución Española, 1978).

Otro aspecto importante que hay que tener en cuenta cuando hablamos de procesos participativos es el concepto de ciudadanía. Para el desarrollo cultural comunitario, todas las personas que viven en un territorio tienen el mismo reconocimiento, los mismos derechos y, obviamente, cuando planteamos que su objetivo último es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de un territorio, es sin excepción (Moreno, 2016).

Por ello, la participación se entiende como un derecho y obliga a los poderes a facilitarla, con lo que los ciudadanos tenemos derecho a participar igualmente en la economía, en la cultura y en la vida social. Pero ¿cuáles son los mecanismos que articulan esta participación?

La ciudadanía, como categoría política que alude a la pertenencia y a la participación de las personas en la sociedad, ha adquirido relevancia social y educativa en los últimos años (Ballesteros-Velázquez, Mata-Benito, y Padilla-Carmona, 2013).

El significado de la ciudadanía se vincula a la práctica, concibiéndose, así como un concepto dinámico y relacional, una forma colectiva de pertenencia activa a la comunidad (Ballesteros-Velázquez, Mata-Benito, y Padilla-Carmona, 2013). Es más, si profundizamos en el significado de ciudadanía y de ciudadano nos remitimos a la afirmación de Boal, el cual asegura que “el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que la transforma!” (Boal, 2012:31).

La ciudadanía y las asociaciones vecinales viven el día a día de las comunidades y, por lo tanto, tienen un conocimiento directo de cómo es la vida en el barrio y qué problemas tiene. Además, los vecinos tienen derecho a participar en la toma de decisiones que afecta a su vida cotidiana y a su entorno inmediato.

Por tanto, no se trata de dirigir sino de trabajar conjuntamente permitiendo que el grupo avance según su propio ritmo y según el grado de implicación que desee (Boal, 1980), ya que sin participación no tenemos proyecto de desarrollo cultural comunitario. Por ello, cuando los profesionales se plantean un proyecto de este tipo y pretenden implicar al máximo a la comunidad, han de ser conscientes de que es prácticamente imposible la participación de todos los vecinos y con el mismo grado de implicación.

Los procesos participativos resultan complejos, pero son la base para generar sentimiento de pertenencia a la comunidad y para que el proyecto que se desarrolla se sienta como propio y tenga un efecto real en la ciudadanía. Es importante señalar que los participantes en el taller de Teatro Social puedan actuar como portavoces de los intereses de los grupos y devolver luego las aportaciones que se hagan a la comunidad. A su vez, el Teatro Social desarrolla el empoderamiento como un proceso que promueve y favorece que los individuos, los grupos y las comunidades conquisten más poder para lograr un mayor dominio de sus vidas. Este proceso de creación colectiva promueve el aprendizaje de la escucha, del diálogo, de la cooperación y de la participación.

La participación de la ciudadanía, en un estado de derecho, debe abarcar una serie de ámbitos que son los espacios para la participación y desarrollo de acciones o prácticas que le sirven de sustento. Por ello, bien sea en los ámbitos de actuación como en las actividades concretas, toda acción de participación ciudadana se enfoca desde diferentes perspectivas (Ander-Egg, 2006):

  • En lo individual, tiende a estimular la emergencia de personas capaces de implicarse y comprometerse para aportar sus capacidades y habilidades en la transformación de su entorno.
  • En lo social, tiende a fortalecer el tejido social mediante la participación en la vida colectiva, a través de organizaciones capaces de dar respuesta a los problemas y necesidades que se dan en el ámbito social, y a desarrollar el sentido de pertenencia y de afirmación de su propia identidad.
  • En lo cultural, tiende a convertir un “público-espectador” en “participante-actor” de actividades sociales y culturales. Ello se consigue creando espacios de relación y comunicación.
  • En lo educativo, tiende a ofrecer ámbitos de experiencia real para desarrollar formas y hábitos democráticos de actuación, al mismo tiempo que, en otro orden de cosas, se sensibiliza a la ciudadanía para que la preocupación de formación permanente sea algo que tiene que ver con el desarrollo de la propia vida.

Como se viene observando, el Teatro Social tiende a generar procesos de participación en la ciudadanía, por lo que su metodología debe estar orientada hacia este fin. Por ello, en la búsqueda de una metodología participativa hay tres cuestiones que debemos tener en cuenta (Ander-Egg, 2006):

  • La superación de la concepción bancaria de la educación, para poder transformar la “pedagogía de la respuesta”, propia de la educación tradicional, en una “pedagogía de la pregunta”, centrada en el aprendiz.
  • La búsqueda de la autogestión. Las acciones de Teatro Social buscan desarrollar la creatividad, como una capacidad para dar respuesta a los propios problemas, mediante el trabajo conjunto y la participación.
  • La marcha hacia una pedagogía de la comunicación total, como estrategia más eficaz para comunicarse con la gente y para que los mensajes no solo sean transmitidos, sino también recibidos.

En estos procesos, el grupo supone algo más que la suma de sus miembros, ya que permite a los individuos crecer y aprender juntos, aportando el acompañamiento que refuerza los propios planteamientos. De ahí la necesidad de buscar aliados, de crear vínculos que permitan la consecución de fines comunes:

A lo mejor una obra de teatro es mucho mejor de profesionales, seguro que, de amateur, pero la ventaja de que lo hagan amateur es que han estado tres meses juntándose siete personas y eso crea vínculos; y esos vínculos además se construyen y cuando haya un problema […] esos siete tendrán vinculación para poder articular una protesta, una queja, o buscar una solución (Ballesteros-Velázquez, Mata-Benito, y Padilla-Carmona, 2013:134).

 3.5. Teatro Social y Educación Social.

Desde la profesión del educador social, el Teatro Social debe ser entendido como Teatro del Oprimido, con una orientación muy concreta: transformar al espectador en protagonista de la acción y ayudarle a resolver conflictos reales.

El Educador Social debe hacerse cargo del mundo, mediar entre él y los sujetos, acompañar a estos últimos en su particular tránsito y sostenerlo, sin validar su acción, pero inventando artificios y disponiendo de los elementos del primero para que el segundo pueda encontrarlo y quiera entrar por sí mismo, hasta que pueda manejarse en él (García, 2003). Es más, todo Educador Social debe servir de guía para despertar lo que los participantes atesoran en su interior.

La educación es uno de los motores principales de construcción de cohesión social y equidad de las sociedades. La Educación Social es reconocida como un derecho y una práctica imprescindible para cualquier proceso social de emancipación, hasta tal punto que no puede entenderse sociedad sin educación, y viceversa.

Por ello, una educación al servicio de la democracia y los derechos humanos implica repensar el sentido público de la educación y desarrollar un planteamiento de fondo sobre qué acciones pueden realizar contribuciones clave para construir la convivencia intercultural, porque alcanzar este objetivo supone promover una representación social del ámbito educador en un sentido amplio y abierto, como espacio articulador del sentido educativo en un territorio, mediante una fuerte carga simbólica que proyecte un sentido comunitario.

4. Marco metodológico

En el desarrollo de este estudio, se ha optado por utilizar una metodología cualitativa. La metodología de investigación cualitativa “implica la utilización y recogida de una gran variedad de materiales –entrevista, experiencia personal, historias de vida, observaciones, textos históricos, imágenes, sonidos- que describen la rutina y las situaciones problemáticas y los significados en la vida de las personas” (Rodríguez, 1996:32). Asimismo, en toda investigación de tipo cualitativo se pretende buscar “la subjetividad, y explicar y comprender las interacciones y los significados subjetivos individuales o grupales” (Álvarez-Gayou, 2003:41).

De esta metodología se ha tomado el cuerpo de conocimiento teórico como base para llevar a cabo una investigación con una selección de personas relacionadas con el Teatro Social en el municipio de Murcia durante los años 2016 y 2018. Se ha contactado con personas que realizaban Teatro Social en el municipio de Murcia, y que ha desarrollado un rol relevante en el diseño y ejecución de acciones de Teatro Social en el municipio. De modo que, todas las personas que han colaborado en la investigación, practican y usan el Teatro Social como herramienta de participación en el municipio de Murcia, y están vinculados a él, ya sea como participantes o como gestores y dinamizadores de acciones propias del Teatro Social.

Todos estos participantes colaboraron de un modo activo en la investigación a través del desarrollo de entrevistas abiertas donde la persona entrevistada, a través de la única pregunta de ¿De qué manera el Teatro Social puede ser una herramienta de participación ciudanía en el municipio de Murcia? Las entrevistas, desarrolladas mediante “coloquios abiertos” en los cuales “la persona coloquiada es la que decide los temas que desea aportar al conocimiento de la realidad comunitaria” (Giménez, 2014:100), aporta un capital de conocimiento desde una visión etnográfica basada en la percepción subjetiva, así como la experiencia, de la propia persona entrevistada. El registro de esta información se realizó mediante la grabación del audio de las entrevistas, previa autorización de la persona entrevistada. De este modo, el dialogo resultante de la entrevista abierta no se veía contaminado de la toma de notas y reflexiones, centrando la interlocución en la observación directa del entrevistador.

Cuadro 1: Entrevistas y descripción de los entrevistados

Elaboración propia

5. Análisis

Tras el desarrollo de las entrevistas abiertas con las personas seleccionadas, vinculadas al desarrollo de iniciativas de Teatro Social en el municipio de Murcia, entre los años 2016 y 2018   y tras la sistematización del registro de la información desde una perspectiva etnográfica como método de investigación consiste en la observación de prácticas culturales de los grupos sociales, el análisis de los datos cualitativos, ha sido el siguiente. Tras la transcripción de los mismos, se ha procedido a seleccionar los temas más relevantes de cada conversación, en función de la incidencia con respecto a los objetivos de la investigación desarrollada, así como la frecuencia de los temas abordados.

De este modo, del análisis de las diferentes entrevistas realizada, podemos extraer que, se define el Teatro Social como “una herramienta a través de la cual, la ciudadanía puede mostrar su malestar ante cosas con las que no está de acuerdo que ocurren a diario en su entorno”. (Entrevista 2).

 

Teatro Social en Murcia 2 [Fotografía], por SINESTESIA Iniciativas Socioculturales, 2017.

Esta definición se centra esencialmente en la función crítica del Teatro Social frente a cualquier situación que se presente en la sociedad. Asimismo, el Teatro Social también se define como “un conjunto de técnicas con vías y metodologías que fomentan el empoderamiento de una comunidad” (Entrevista 6), así como “una herramienta muy importante de emancipación y de participación” (Entrevista 3). Ambas definiciones hacen hincapié en la función esencial que tienen los ciudadanos dentro del Teatro Social, función que hace posible que el Teatro Social se desarrolle y cumpla con sus objetivos como herramienta transformadora de la sociedad.

Todas las ideas referentes al Teatro Social quedan aglutinadas en la siguiente definición, la cual refleja el Teatro Social como “una herramienta de participación de personas que aman el teatro, la representación artística, que además consideran que es la vía adecuada para comunicar distintos temas al resto de su barrio, de su comunidad” (Entrevista 7).

5.1. Teatro Social y participación ciudadana

A través del análisis de las entrevistas, y en coherencia de los objetivos establecidos para esta investigación, se puede afirmar que, la participación ciudadana constituye el elemento esencial del Teatro Social sin el cual éste perdería su razón de ser, ya que los ciudadanos constituyen los principales actores participantes del Teatro Social. El concepto de ciudadanía se ha de tener en cuenta constantemente cuando hablemos de participación, puesto que los ciudadanos tienen como deber trabajar para conseguir que la sociedad en la que viven mejore progresivamente. Este enfoque del Teatro Social ha sido corroborado a través de la gran mayoría de las entrevistas realizadas mediante una serie de afirmaciones.

Tal y como se recoge en las entrevistas, a modo de coloquio, afirmaciones como “el Teatro Social es una herramienta a través de la cual la ciudadanía puede mostrar su malestar ante cosas con las que no está de acuerdo que ocurren a diario en su entorno” (Entervista 2), queda fundamentado cómo el Teatro Social tiene como uno de los objetivos la participación de la ciudadanía con la finalidad de que todos puedan mostrar sus disconformidades y actuar en consecuencia. Estas afirmaciones pueden relacionarse directamente con una de las perspectivas de participación ciudadana establecidas por Ander-Egg (2006) como lo es el ámbito social.

Teatro Social en Murcia 3 [Fotografía], por SINESTESIA Iniciativas Socioculturales, 2017

Según este autor, la participación ciudadana se relaciona en el ámbito social ya que permite fortalecer la sociedad a través de la participación de los diferentes miembros que la componen, participación que permite que la ciudadanía exprese las necesidades y las dificultades que presenta dicha sociedad.

Por ello, a través del Teatro Social se fomenta el sentimiento de pertenencia a una comunidad, sentimiento que resulta esencial para que la participación ciudadana se pueda desarrollar. La participación en el Teatro Social constituye la esencia de esta práctica, puesto que, a diferencia del teatro profesional, donde existe un director de obra y los actores interpretan un papel, en el Teatro Social todos los actores son directores de las acciones del grupo, aportando sus opiniones, puntos de vista, sugerencias y propuestas de mejora para alcanzar los objetivos propuestos.

Sin embargo, el Teatro Social no es solamente una herramienta de participación, sino que también constituye una herramienta de empoderamiento de la ciudadanía muy importante, “un empoderamiento que poco a poco va a ir construyendo una transformación en el territorio” (Entrevista 4). Cuando la ciudadanía participa de un modo activo, se convierte en una de las responsables del rumbo que toma la sociedad en la que se encuentra, favoreciendo así que dicha sociedad pueda llegar a transformarse. De este modo, “la persona que realiza Teatro Social se siente protagonista de sí mismo, la empodera en una sociedad donde cada vez los ciudadanos somos menos protagonistas. El Teatro Social crea un contexto donde la propia ciudadanía decide” (Entrevista 1).

Todas estas acciones, especialmente las que se desarrollan en distintos espacios, permiten despertar la conciencia de la ciudadanía y pueden servir para que se plantee la posibilidad de que las injusticias pueden ser solventadas, que los problemas pueden ser solucionados y que todos tenemos un papel importante en el desarrollo de la comunidad. Ante estas afirmaciones, cabe destacar que todos los ciudadanos somos responsables de cualquier circunstancia que afecte a la sociedad, a la ciudadanía. Esta responsabilidad otorga a los ciudadanos un gran poder para decidir sobre el devenir de su comunidad, puesto que “los ciudadanos tenemos derecho a participar igualmente en la economía, en la cultura y en la vida social” (Entrevista 1).

Por tanto, a través de las diferentes entrevistas realizadas, podemos dar respuesta al objetivo principal de dicha investigación, el cual hacía referencia a la comprobación mediante un estudio práctico de cómo el Teatro Social puede favorecer la participación de la ciudadanía en el municipio de Murcia. Con todo, a través de las afirmaciones de las personas entrevistadas podemos afirmar cómo el Teatro Social en el caso de Murcia permite una participación activa de la ciudadanía, compartiendo inquietudes, problemas, dificultades, etc., que suponen el primer paso para la resolución de conflictos.

 5.2. Teatro Social en Murcia

En el municipio de Murcia, el Teatro Social se encuentra presente en la sociedad de diversas maneras. Se desarrollan una serie de actividades diferentes que implican a la ciudadanía de ciertos barrios de la localidad, actividades que tienen diversas repercusiones. A través de pequeñas iniciativas desarrolladas por iniciativas como “Sinestesia Iniciativas Socioculturales” o “Ayeklaun”, principalmente en la zona periférica del municipio. En el espacio que corresponde a dicha investigación, entre los años 2016 y 2018, estas iniciativas han sido desarrolladas en barrios populares del municipio de Murcia, caracterizados por su alta diversidad étnico-cultural.

  • Actividades

El Teatro Social en el municipio de Murcia durante los años 2016 y 2018, se ha desarrollado en distintos barrios y con diferentes actividades, mediante las cuales, se han trabajado temas de diferente índole y con grupos de personas diversos.

Centrándonos en las actividades que se desarrollan en Murcia destaca el Teatro Social desarrollado con niños y niñas, lo cual permite “construir espacios de participación infantil” (Entrevista 8). Gracias al Teatro Social, se puede mostrar a los más pequeños situaciones conflictivas de un modo diferente, no violento para ellos, pero que sí despierte en los niños y niñas la inquietud por saber, por querer opinar y querer solucionar, es decir, a través del Teatro Social se pretende darles “la oportunidad de manifestar cómo les hacía sentir el entorno y qué soluciones podían aportar al mismo” (Entrevista 5). De este modo, si el Teatro Social empieza a desarrollarse desde la infancia, los niños y niñas interiorizarán la necesidad de cooperación y participación, al tiempo que se formarán en la interculturalidad y considerarán la búsqueda conjunta de soluciones a problemas comunes como un denominador común en su vida y en su relación con las demás personas que forman su entorno.

En el municipio de Murcia no solamente se han realizado actividades con niños y niñas, sino que también cabe resaltar las relacionadas con adolescentes, tal y como se destaca en las entrevistas. El Teatro Social constituye una vía de escape para los problemas o conflictos que puedan tener las personas participantes, sea cual sea la edad que tengan dichos participantes, puesto que los problemas y conflictos pueden surgir a cualquier edad. El Teatro Social constituye, de esta forma, una herramienta que “te enseña a trabajar en equipo, a entender que no vivimos aislados y que para luchar por tus derechos y contra las opresiones tienes que organizarte y participar de la comunidad” (Entrevista 3), independientemente de las diferencias de edad, procedencia o cultura.

Como bien se puede comprobar, en Murcia se desarrollan algunas actividades propias del Teatro Social, lo cual demuestra una clara evidencia de la preocupación que existe en el municipio por desarrollar técnicas que puedan contribuir a mejorar la sociedad. No obstante, la presencia de ciertas actividades de esta índole no significa que la repercusión del Teatro Social en Murcia sea todo lo deseable que se esperaría, ya que “existen iniciativas con mucha fuerza, pero a lo mejor han tenido poca continuidad en el tiempo” (Entrevista 5). Por ello, en el siguiente apartado se exponen diferentes opiniones de las personas entrevistadas acerca de las repercusiones reales que el Teatro Social está teniendo en el municipio de Murcia y cuál es la visión de dichas personas con respecto del tema que nos ocupa.

 6. Conclusiones

A través del análisis de las entrevistas realizadas, se puede afirmar que el Teatro Social es una herramienta que sirve para concienciar a los miembros de una comunidad sobre el estado de su propia realidad. Cada una de las perspectivas que adopta el Teatro Social va enfocada a la toma de conciencia y la búsqueda de soluciones colectivas para conseguir que una comunidad mejore y se adapte a las necesidades de su ciudadanía. Pretende despertar en la ciudadanía la necesidad de actuar a través del Teatro Social como una herramienta clave para superar las barreras culturales y potenciar el enfoque intercultural en una sociedad en la que conviven personas de distintas procedencias pero que, pese a ello, comparten las mismas inquietudes, preocupaciones e intereses para con la comunidad.

El Teatro Social en la ciudad de Murcia se convierte en una herramienta de empoderamiento, genera “poder popular” en la comunidad, crea condiciones de equidad entre sus miembros ya que los expone a una realidad de conflicto, opresión o dificultad que afecta a todos sus integrantes.

Por tanto, el Teatro Social no se convierte solamente en una herramienta de participación ciudadana, sino que su actividad, trasciende en una actividad transformadora de la comunidad en la que se desarrolla, ya que si los ciudadanos se sienten responsables de los problemas sociales se convertirán en los principales actores de la transformación que precisa dicha sociedad.

7. Valoración

La realización de esta investigación supone la reflexión sobre el Teatro Social como herramienta de desarrollo comunitario e intercultural de la comunidad en el Municipio de Murcia, a través de una dinámica de colaboración basado en la participación ciudadana a través del establecimiento de relaciones basadas en la equidad.  La presente investigación pone en valor la necesidad del desarrollo de técnicas propias del Teatro Social como herramienta de empoderamiento en comunidades, barrios y territorios caracterizados por su diversidad étnico cultural, así como el desarrollo de acciones de Teatro Social con diferentes grupos poblacionales, en función de la edad, con la finalidad de establecer diferentes dinámicas de dinamización social y participación ciudadana. Para ello, es esencial entender el Teatro Social como una herramienta entre el Arte Dramático y la Intervención Social, que facilita la articulación entre ambos campos de conocimiento con el fin de promover el empoderamiento de la ciudadanía.

El desarrollo de las acciones de Teatro Social desarrolladas en el municipio de Murcia entre 2016 y 2018, ha supuesto la dinamización de aquellos contextos en donde dichas acciones han sido desarrolladas, principalmente en barrios periféricos del municipio, barrios de clase popular, marcados por un alto índice de diversidad etnocultural. En este desarrollo de la participación ciudadana es necesario entender el valor de la permanencia del desarrollo de acciones propias del Teatro Social, con la finalidad de lograr la autonomía de las comunidades, así como el desarrollo comunitario de la propia sociedad como vía para una plena participación ciudadana.


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