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martes, 17 de enero de 2023

Brasil: Otro asalto a las instituciones.

 

El pasado domingo 8 de enero de 2023 tuvo lugar el asalto en Brasil del Congreso Nacional, el Palacio Planalto de la Presidencia del Gobierno y el Supremo Tribunal Federal. Otro asalto más a las instituciones democráticamente elegidas. Otra muestra más de la debilidad y la fragilidad de las instituciones democráticas en un momento donde la opinión nos viene manufacturada desde los grandes medios de comunicación de masas. Un asalto organizado por la extrema derecha, y que tiene como objetivo, el generar caos e irrespetar la voluntad popular expresada con la elección del presidente Lula Da Silva.

Otros síntomas más, sin duda, de la deriva hacia la extrema derecha de América Latina, la región se radicaliza a través de las derechas antidemocráticas y las élites oligarcas que siguen entendiendo la voluntad popular con un obstáculo para la consecución de sus políticas imperialistas.

El violento asalto del domingo en Brasilia por parte de miles de seguidores de Bolsonaro contra las sedes de los tres poderes del Estado a través de una medida organización y con un esquema de financiamiento, dieron lugar a una planificación detallada para avanzar en algo que varias fuerzas bolsonaristas venían reclamando: esta serie de levantamientos con acciones violentas y con un dejar hacer por parte de la autoridad de Brasilia, desencadenando los hechos; vandalismo, terrorismo… un ejercicio del poder a través del miedo, la represión y la coacción. Métodos fascistas de coerción hacia los poderes democráticamente elegidos.

Los asaltos que han vivido grandes democracias en estos últimos años nos alertan de la urgente necesidad de organizarnos ante el liberalismo. Tan solo dos años después del asalto al Capitolio en Washington, un nuevo ataque protagonizado por la extrema derecha a los principales centros de poder federal en Brasil ha activado todas las alarmas sobre la fragilidad de las democracias. El levantamiento insurgente contra el pacto democrático instigado por los partidarios de Jair Bolsonaro ya se había intentado sin éxito en Washington. Pero también en Alemania, en diciembre de 2022, cuando sus servicios de inteligencia frenaron a un conglomerado de funcionarios de extrema derecha y miembros retirados de las fuerzas de seguridad que pretendían ocupar lugares de poder institucional para derrocar a la república.

La débil condena de Bolsonaro tras el asalto a las instituciones brasileñas después de su explícita negativa a admitir su derrota y tras semanas de protestas de extremistas acampados frente a bases militares que pedían un golpe de Estado, o la ambigua actitud de Trump cuando las hordas de sus seguidores entraron por la fuerza en el Capitolio, señalan la ruptura producida entre los excesos demagógicos populistas y la pretensión sin ambages de socavar las democracias. El objetivo de los populistas es impedir que pueda gobernar alguien que no sea ellos, aunque para eso necesiten liquidar las instituciones que ejercen de contrapeso del poder ejecutivo. Su cometido es eliminar la alternancia en el poder; por eso impugnan todas las elecciones si no ganan cuando previamente han desacreditado los mecanismos de control.

No son casos aislado, cuando la derecha pierde el poder es como si se lo hubiesen robado. La derecha y la ultraderecha intentan atropellar las democracias de manera sistemática y organizada. La extrema derecha entiende que el poder le pertenece por mandato divino, organicémonos antes de que ya sea demasiado tarde. La extrema derecha ya lo ha hecho.

 

Israel López Marín

Enero de 2023.

 

jueves, 3 de febrero de 2022

Asalto al LorCa-pitolio


 

Parece que la democracia hace aguas, pequeños recodos de debilidad en la que el oportunismo se abre paso para resquebrajar la convivencia a través del uso de la fuerza y del privilegio. La Región de Murcia es gran conocedora de diversas historias donde señoritos y terratenientes durante décadas, y aupados por el poder han alimentado múltiples quimeras que han hecho que sus intereses perduren en el tiempo y prevalezcan sobre el resto de la población.

Huele mal en la comarca del Guadalentin, y esto no es nada nuevo. Macrogranjas, explotación, precariedad y lucha de clases.   Múltiples ingredientes capaces de hacer saltar por los aires la paz y la convivencia de una comarca donde la explotación laboral, la discriminación y el racismo se han convertido en las herramientas para generar la riqueza de unos pocos.  

El asalto al Ayuntamiento de Lorca, no puede hacer más que recordarnos al asalto del capitolio de EEUU, tan solo un año después de que estas imágenes mostraran al mundo lo frágil que puede ser los valores de una democracia cuando se rompe el equilibrio.  Un asalto que nos muestra el musculo de la patronal del sector agroganadero, alimentado por sectores políticos de la extrema derecha, y blanqueado por los medios de comunicación afines al poder de la denominada Alt-Right. Cargos de Vox o del Partido Popular alentaron concentración que como fin tenía el asalto de un pleno municipal en el que se planteaba la modificación del plan general de ordenación urbana que regula, entre otras cosas, la ubicación de las explotaciones porcinas y el casco urbano de Lorca. Un acuerdo que pretendía garantizar los intereses de los pequeños ganaderos, además de poder hacer frente a la contaminación del territorio y las filtraciones que producen los desechos y residuos en los acuíferos.

Consenso que estalló por al aire alentado por métodos de propaganda y comunicación antes vista por el trumpismo, herramientas de manipulación extrema basado en las mentiras y en las Fake News. Ganaderos alentados por los señoritos, por los dueños de los medios de producción y por sectores de la derecha y de la ultraderecha que vieron en esta tesitura la oportunidad para generar mentiras y confusión.

Una realidad lamentable, triste, patética y sobre todo, muy peligrosa. Agrupaciones como Vox o como el PP han justificado este asalto a las instituciones democráticas como una legítima defensa de los intereses de la población. Una portavocía que se han adjudicado sin ningún tipo de reconocimiento popular. Sin duda, los intereses de un gobierno autonómico cómplice de la explotación de una agroindustria a sus trabajadores y trabajadoras se han visto amenazados. Los privilegios de clase se han visto cuestionados. Y todos sabemos que cuando los señoritos ven amenazados sus intereses, no existe institución democrática que les valga.

La Región de Murcia requiere de un modelo agroindustrial sostenible. Un modelo compatible con el medio ambiente, el territorio y las personas.  Es necesario sacar a la luz las conexiones existentes de la ultraderecha, los poderes económicos y los medios de comunicación. El municipio de Lorca y su población han sufrido recientemente el trumpismo murciano, una herramienta evasiva que pretende crear un pensamiento único, un fenómeno que afecta de manera salvaje al presente y al futuro de la Región de Murcia.

 

Israel López Marín

Febrero de 2022

jueves, 7 de enero de 2021

Fascismo(S)

Como una de esas películas clásicas de cine de negro donde al final de la misma, las piezas parecen comenzar a encajar una con otra por el arte del birli birloque, mientras una voz en off no deja de repetir eso de: “como no hemos podido darnos cuenta, lo teníamos delante de nuestras narices todo el tiempo”, los acontecimientos sucedidos el pasado miércoles 6 de enero en el Capitolio de los Estados Unidos de América nos debe servir para comenzar a entender que los hechos siempre han estado ahí, que las pistas las teníamos delante de nuestras narices y que de nosotros y nosotras depende que encajen en su forma natural, el fascismo.

Al igual que el capitalismo, el fascismo cobra múltiples formas para adecuarse a esa estructura sobre la cual parasitar. Tal como afirma Umberto Eco, un fascismo que se alimenta de la frustración individual o social reivindica un culto a una tradición excluyente que implica el rechazo a la modernidad. Un fascismo que se basa en el culto a la masculinidad toxica y que difícilmente puede aceptar el pensamiento crítico. Un fascismo de identidad militarista que necesita de héroes sobre los que justificar su leyenda. Al igual que esas viejas películas, me pregunto “como no hemos podido darnos cuenta, lo teníamos delante de nuestras narices todo el tiempo”. ¿De verdad no nos dimos cuenta?

Una turba armada ha asaltado este miércoles el Capitolio de los Estados Unidos de América, enardecida por las denuncias de fraude electoral del presidente Donald Trump, justo momentos después de que su propio vicepresidente, Mike Pence, se negara a rechazar los resultados de las elecciones presidenciales. Provocando que, el Senado fuese evacuado, quedando la Cámara aislada, con los diputados encerrados dentro, rodeados por una multitud armada, tal y como los propios Estados Unidos han venido haciendo hasta ahora, cada vez que el poder popular depositaba su confianza en algún líder no reconocido por los intereses oligarcas del imperialismo estadounidense. Casos como el bloqueo a Cuba o a Venezuela, o el asalto al Palacio de la Moneda de Chile en el año 1973, entre tantos, no han sido más que la precuela de esta cruel película donde los intereses de esta plutocracia juegan su particular guerra de posiciones para mantener sus privilegios de clase vigentes a través de un escenario cada vez más dinámico.

Hace 90 años, 40.000 fascistas alentados por Benito Mussolini recorrieron Italia a pie hasta Roma, armados con palos, para instaurar el modelo fascista que inspiraría después a Hitler y Franco. El 24 de octubre de 1922, en Nápoles el fascista italiano pronuncio la siguiente frase: “Os digo con toda solemnidad: o se nos entrega el Gobierno o lo tomaremos marchando sobre Roma”. El 6 de enero de 2021, bajo la premisa de obtener el poder a través de la fuerza en un manifiesto Golpe de Estado, Trump incitó a la población a marchar hacia el Capitolio para cambiar el curso de una democracia, tal y como han venido desarrollando a lo largo de su historia en cada uno de los rincones del mundo. De verdad, ¿no lo vimos venir? La historia siempre se repite, primero como tragedia, y después como farsa. Y si algo nos han enseñado la historia del siglo XX es como terminan todas estas manifestaciones.

Cuando visten como fascistas, hablan como fascistas y actúan como fascistas, solo pueden ser una cosa, es el momento de que comencemos a llamar a cada cosa por su nombre. Es el momento de dejar de mirar hacia otro lado. No volvamos a repetir eso de “como no hemos podido darnos cuenta, lo teníamos delante de nuestras narices todo el tiempo”

 

Israel López Marín


Comunidad y convivencia intercultural: la importancia de lo común

 En las sociedades contemporáneas, marcadas por una creciente diversidad cultural, social y lingüística, la construcción de una convivencia ...