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sábado, 26 de agosto de 2023

CREENCIAS, CUERPOS Y REPRESENTACIONES DE LAS MASCULINIDADES

“El resultado fue que, a partir de los años 70 del siglo XX, pero, sobre todo, a partir de los 90, se diera una valorización sin precedentes, en lo que se ha venido a denominar culto al cuerpo.”.

Martínez Guirao. “Construyendo los cuerpos ‘perfectos’”

 


Introducción.

Ente otras tantas lecciones que nos puede enseñar el deporte, y en concreto, estas recientes olimpiadas celebradas en la ciudad de Tokio, Japón, podemos destacar aquellas derivadas del manido mensaje del fair play, o “juego limpio”, deportividad… sin embargo, ningún espacio se encuentra exento del modelo de masculinidad tradicional hegemónica, capaz, como el propio capitalismo de mutar para adaptarse en cada contexto, como de permear cualquier evento. Esta proyección de una masculinidad triunfadora, portadora de una vigorizada fuerza física y de gestos rudos y agresivos ha sido el gran escaparate de un evento deportivo de gran calado internacional    En la actualidad, la visión de imágenes publicitarias, tal y como expone Martínez Guirao,[1] supone el desarrollo de modelos masculinos definidos que, sin duda, influye en la percepción corporal de los adolescentes varones y cómo estos encuentran en Internet un refuerzo de este ideal de belleza, la idea del cuerpo como realidad simbólica en el cual la sociedad y la cultura se manifiestan, y de la alimentación como hecho social total. Gestos como el del tenista de origen serbio Novak Djokovic, y sus salidas “fuera de tono”, responden, sin duda, a este modelo de idea de cuerpo, atlético, definido… a la par que, desafiante, rudo, individualista y competitivo. Modelo que destaca frente a la opción de Simone Biles, deportista de elite que decidió tomarse un tiempo de descanso para poner los cuidados en el centro de su vida.

La representación visual de la masculinidad.

Es necesario entender todo el fenómeno existente en torno al “culto al cuerpo” como un fenómeno de gran impronta en las sociedades occidentales actuales. Solo es necesario poner la televisión, o pasearse por el entorno urbano de cualquier ciudad para poder observar la cantidad de mensajes capaces de relacionar ámbitos como la belleza, la juventud, la delgadez y la forma física, con el éxito. Como en un viejo patrón de belleza heredado del mundo clásico, nos venden a modo de producto de consumo un modelo multidimensional donde convergen factores como la salud, la estética o el placer.

Es cierto que, es necesario modificar hábitos y costumbres para alcanzar una mayor salud, mayor longevidad y conseguir un envejecimiento más activo, una vez superada la vieja censura en la búsqueda de placer corporal. Sin embargo, las formas corporales han seguido la tendencia de ser exhibidas a modo de proyección de un nuevo modelo estético, que, de manera inequívoca, responde a un modelo tradicional hegemónico.

Los dos elementos claves por los que se instituye y actúa son: el lenguaje y representaciones culturales. Un ejemplo es la presión estética como forma de esta forma de violencia sexista. El cuerpo y sobre todo su culto, ha condicionado la estética a lo largo de la historia y en las diferentes culturas. No es nuevo que hoy en día en nuestra sociedad se le siga dando más importancia al cuerpo de la mujer que al del hombre. Mientras que al hombre se le relaciona con la fuerza, el vigor y el poder, a la mujer se le asocia con la belleza, el atractivo sexual y la sensibilidad. En las diversas etapas de la historia y en las diferentes culturas se han ido imponiendo y distintos cánones de belleza, y muchos hombres y mujeres se han visto obligados a seguirlos y cumplirlos, es decir lo que hoy consideramos bello y deseamos alcanzar a toda costa, difiere de lo que se consideraba bello antes, incluso no es igual en los diferentes lugares del mundo. Lo que sí tienen en común es que, en la mayoría de los casos, adaptarse a los distintos patrones de belleza ha supuesto y supone un riesgo para la salud tanto física como emocional. Por otro lado, la gran influencia que tienen sobre nosotros y nosotras los medios de comunicación y la revalorización de modelos corporales que como consecuencia pueden generar el desprecio por todo aquello que no se ajusta a los mismos, nos ha llevado a asimilar erróneamente estos cánones con el éxito tanto emocional como profesional y social. La televisión y los medios de comunicación, tienen el poder de crear valores sociales y ejercer influencia en las personas porque ofrecen definiciones, presentan modelos, promueven estereotipos y pueden ser un exponente de cambios (violencia simbólica).

El modelo de masculinidad hegemónica tradicional, se encuentra representado por un hombre blanco y heterosexual. Un modelo que actúa como el pilar ideológico de la sociedad occidental. Una sociedad que se vertebra desde el modelo económico capitalista hacia el machismo como eje de este sistema hegemónico. Este modelo, sin duda, desarrolla claras desigualdades de carácter estructural y jerárquico que relegan y discriminan a las personas en función de su género, la raza, la clase social, la sexualidad, la edad, la nacionalidad, etc., entendiendo la diversidad entre las personas como una tara, o un obstáculo para mantener el statu quo, en vez de comprenderlo desde una perspectiva intercultural capaz de aportar una dimensión basada en el establecimiento de relaciones basadas en la igualdad. Un modelo que genera desigualdad y que , por tanto, es responsable de la perpetuidad del sexismo, del racismo, la homofobia, etc., en nuestras sociedades.

Desde los estudios de las masculinidades se ha discutido que, a través de las representaciones masculinas de la televisión, el cine y los deportes, se refuerzan varias creencias respecto a los hombres tales como que son invulnerables, violentos, tienen una sexualidad descontrolada, y ante todo deben realizar actos heroicos (Kimmel, 2011[2]).

A finales del siglo XX, surge en el contexto de los estudios de género, y a través de la teoría feminista, los llamados estudios de las masculinidades con perspectiva de género. Estudios cuyo fin consistía en poder profundizar en la masculinidad, no como un concepto estático y único, sino como un constructo de carácter cultural, dinámico y diverso. Un constructo que, por tanto, es permeable a la socio-histórico culturales del contexto donde se desarrolla y, por ende, susceptible de ser deconstruido.

Es cierto que, el desarrollo de los estudios de género ha sido abordado más desde el punto de vista de la feminidad que de la masculinidad, debido en gran parte al compromiso de las compañeras feministas por el desarrollo de un campo de conocimiento propio, surgiendo una diferencia entre ambos campos de estudio en cuanto a progreso.  Través de ellos, podemos entender como el género son configuraciones de prácticas y hábitos que son construidos y transformados a través del paso del tiempo.  A diferencia del sexo, que tiene que ver con el desarrollo biológico del propio cuerpo, la masculinidad y la feminidad surgen del condicionamiento cultural del comportamiento.

Aunque existen diferentes formas de ejercer la masculinidad, la mayoría de los hombres se apropian de los ideales de la masculinidad hegemónica (Connell, 2005[3]), que básicamente consisten en una oposición a cualquier alternativa que es identificada inmediatamente como no masculina; así, los comportamientos de riesgo, la fuerza física, el estoicismo, la dureza emocional, y el papel de proveedor económico son parte del discurso dominante de la masculinidad.

El modelo que impone la masculinidad hegemónica tradicional se encuentra en una posición jerárquica de poder, no solo sobre las mujeres, sino sobre cualquier modelo de masculinidad que no encaje en ese perfil dictaminado por este modelo toxico, un sistema ideológico que sirve de burda justificación para la dominación de los hombres. Un sistema en el que aquellos hombres que actúan como cómplices disfrutan de los beneficios materiales, físicos y simbólicos de la subordinación de la mujer y de otras formas genéricas alternativas, de otras clases sociales, religiones y etnias. Un sistema ideológico, en el que la masculinidad tradicional hegemónica, a través de su representación simbólica, diseña el modo en el que las personas entenderán y experimentarán el mundo sin importar su sexo.

En este sistema de creencias, tal y como expone Martinez Guirao[4], el cuerpo masculino se vuelve el centro de atención: cómo, cuándo, dónde y qué se come, las actividades motrices que se realizan, y el tiempo libre o de ocio, se ven enormemente condicionados, si no determinados, por el cuerpo o los efectos deseables o indeseados que pueden producir sobre él. La ingesta de algunos alimentos se considera tabú porque los discursos médicos hegemónicos los califican como nocivos para la salud o porque van en contra de los cánones morfológicos ideales.

La persecución de este modelo de cuerpo físico masculino, basado en la hipertrofia muscular se encuentra sometido a una particular cosmovisión donde el gimnasio los rituales de alimentación, de entrenamiento, de higiene, de estética que giran en torno al objetivo de alcanzar un cuerpo caracterizado por la gran masa muscular. Por ello, el cuerpo se convierte en un mero objeto e instrumento donde la salud, la estética y el ocio, coexisten con relativa tensión anteponiéndose en función del contexto unos por delante de otros.

A través del artículo de Octavio Salazar[5], entender los modelos de masculinidad actuales, es entender un modelo que más bien responde a una larga tradición de hipermasculinidad que a lo largo del tiempo se ha encarnado en diferentes formas. Ese hombre que se expresa a través de una determinada estética e indumentaria, reproducida a su vez por personajes tan mediáticos como jugadores de fútbol o cantantes de moda, y que va más allá de la figura del metrosexual de hace unas décadas.

Sin lugar a dudas, este modelo de masculinidad que, pretender infundir una nueva imagen de cambio y progreso sobre el modelo imperante, solamente actúa como una mera demanda del mercado, como un producto de consumo más, en una marcada sociedad de consumo que se alimenta de los deseos individuales y de un determinado canon de belleza. Por ello, una clara evidencia de cómo el capitalismo y el patriarcado se reinventan de manera constante y de cómo el machismo absorbe a todos y a todas, marcando nuestras opciones, prioridades y deseos.

Este modelo de cuerpo de hombre que desde los medios de comunicación de masas nos intenta convencer a través de recursos publicitarios es interiorizado y deseado por los hombres, de manera consciente o inconsciente. De modo que, cuanto más se distancie este ideal de su condición física, más insatisfecho se sentirá. Pensando, de manera ingenua, que acercándose a este nuevo ideal de belleza será más sencillo poder alcanzar el éxito a cualquier nivel.  Situación que determina, de forma clara, el origen y desarrollo de la vigorexia masculina, inducida en gran medida por el uso estereotipado de la imagen del hombre para captar la atención de determinadas audiencias.

Bourdieu (2000[6]) señala, que la construcción social del cuerpo sostiene una correspondencia entre lo “físico” y lo “moral”, ya que ciertas maneras de mover el cuerpo, el porte, el cuidado, expresan la naturaleza de las personas.

A través de los usos y las representaciones corporales que a través de la masculinidad tradicional hegemónica son aprendidos y aprehendidos a través del traspaso de las técnicas corporales de generación en generación. Entender el cuerpo de los hombres como salvaje, en estado de pureza, oculta la estructuración social significativa que los actores hacen sobre su cuerpo; desfigura la estrategia, entendida según los parámetros de Bourdieu (1988), de posicionamiento social realizada a través de una definida y elaborada creación de una manera de estar en el mundo. Bourdieu dice “Los habitus son principios generadores de prácticas distintas y distintivas, pero también son esquemas clasificatorios, principios de clasificación (1997)[7].” La estrategia es hacer de su habitus una señal de distinción.

Tal y como afirma Connell[8], no se puede entender cómo funciona la masculinidad sin atender a su dimensión relacional, es decir, la masculinidad solo existe como oposición a la feminidad, clasificando e identificando a hombres y mujeres a los que prescriben características que son a su vez manifestadas en sus cuerpos. Es por ello necesario tener claro que, no existe un único modelo de masculinidad, sino que, además, es frecuente la coexistencia de diferentes modelos de masculinidad, o masculinidades.

Tal y como expone Martínez Guirao[9], el culto al cuerpo en la masculinidad mayoritaria, o hegemónica, se centra en la estética principalmente, y deja la salud en un segundo plano., y solo a partir de cierta edad, y cuando el cuerpo ha sufrido los efectos propios del desgaste físico del paso del tiempo y cuando las lesiones se hacen más frecuentes, el rendimiento físico disminuye y aparecen los problemas de la edad, es cuando aparece cierto temor y preocupación en los hombres que comienzan a temer por su integridad física o por su propia vida, y a asimilar que no pueden someter al cuerpo a los excesos a los que los estaba exponiendo.

Sin dudas, el deporte de masas es probablemente, la actividad con mayor impacto mediático capaz de legitimar el modelo de masculinidad tradicional hegemónica. Aspectos como la fuerza, la habilidad y la condición física, son cualidades del sistema patriarcal, privilegiando y jerarquizando las relaciones de socialización en los diferentes espacios. En la escuela aparecen espacios, como el recreo o los vestuarios, en los que se regula la corporeidad de los chicos bajo la vigilancia y el control normativo en las relaciones de proximidad; cualquier forma de masculinidad que se sitúe fuera de los límites normativos hegemónicos y heterosexuales, es colocada en lugares de subordinación y humillación.

A modo de conclusión.

En la actualidad, la preocupación por el aspecto físico y la imagen, ya no es algo ni centralizado en la mujer ni latente en el mundo del hombre. Los hombres se cuidan y no lo ocultan. La Revolución Industrial supuso un cambio en la concepción de la sociedad y del rol del hombre en la misma; y el siglo XX le abrió las puertas como sujeto activo dentro del mundo de la moda, la estética y la belleza física; un terreno anteriormente dedicado y vinculado casi con exclusividad al sexo femenino.

Este cambio está sujeto de manera directa con el auge en la década de los 90 del pasado Siglo XX por una valorización del culto al cuerpo sin precedentes. Un culto al cuerpo orientado al desarrollo de una tonificación física, en los hombres, caracterizado por la hipertrofia muscular, conseguido, en muchas ocasiones, a través de métodos opuestos al ideal de salud.

El cambio de rol social, que se ha producido sobre la figura masculina en referencia al denominado “culto al cuerpo” en los últimos tiempos, ha imbuido al hombre en el campo de la estética y la belleza física de tal forma que éste ha sido incapaz de escapar a su influencia, algo que, sin duda, el sistema patriarcal, y con ello la masculinidad tradicional hegemónica ha sabido apropiar como un ámbito de desarrollo de los contravalores de una masculinidad tradicional basada en la fuerza física, en el uso de la violencia, el poder y una sexualidad depredadora.

Desde la perspectiva de las masculinidades igualitarias, es nuestro deber caminar hacia la construcción de una sociedad, con un sistema de valores basados en la empatía, en un profundo autoconcepto. Un sistema de valores que entienda la diversidad, cualquier tipo de diversidad como un espacio para compartir y para crecer de manera compartida. Frente al modelo patriarcal de culto al cuerpo, como una esfera de poder donde reivindicar la fuerza física, desde las masculinidades igualitarias, debemos reivindicar el valor de la diversidad en los cuerpos, con el fin de poder liberarnos de los cánones de belleza que rige el sistema patriarcal.

 

Tomás Israel López Marín

              Agosto de 2023 

                     

Bibliografía.

-Bourdieu, P. (1997). Razones prácticas. Anagrama, Barcelona.

- Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Anagrama, Barcelona.

-Connell, R. W. (2003). Masculinidades. Ciudad de México; UNAM.

-Connell, R. W. (2005). Masculinities (2nd Ed.). Berkeley, CA: University of California Press.

- Kimmel, M. (2011). The gendered society (4th Ed.). New York: Oxford University Press.

- Martínez Guirao, J. E. (2014) “Construyendo los cuerpos “perfectos”. Implicaciones culturales del culto al cuerpo y la alimentación en la vigorexia”. Universitas, nº 21, pp. 77-99.

- Martínez Guirao, J. E. (2019) “Cuerpos en riesgo. Implicaciones y consecuencias de la masculinidad en las corporeidades”. En Martínez Guirao, J.E.; Téllez Infantes, A.; y Sanfélix Albelda, J. (Eds.) Deconstruyendo la masculinidad. Cultura, género e identidad. Valencia: Tirant Lo Blanch, pp. 85-109.

Material complementario.

 -ADIÓS AL TRONISTA? http://lashoras-octavio.blogspot.com/2021/05/adios-al-tronista.html?m=1



[1] Martínez Guirao, J. E. (2014) “Construyendo los cuerpos “perfectos”. Implicaciones culturales del culto al cuerpo y la alimentación en la vigorexia”. Universitas, nº 21, pp. 77-99.

[2] Kimmel, M. (2011). The gendered society (4th Ed.). New York: Oxford University Press.

[3] Connell, R. W. (2005). Masculinities (2nd Ed.). Berkeley, CA: University of California Press

[4] Martínez Guirao, J. E. (2014) “Construyendo los cuerpos “perfectos”. Implicaciones culturales del culto al cuerpo y la alimentación en la vigorexia”. Universitas, nº 21, pp. 77-99.

[5] ¿ADIÓS AL TRONISTA? http://lashoras-octavio.blogspot.com/2021/05/adios-al-tronista.html?m=1

[6] Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Anagrama, Barcelona.

[7] Bourdieu, P. (1997). Razones prácticas. Anagrama, Barcelona.

[8] Connell, R. (2003). Masculinidades. Ciudad de México; UNAM.

[9] Martínez Guirao, J. E. (2019) “Cuerpos en riesgo. Implicaciones y consecuencias de la masculinidad en las corporeidades”. En Martínez Guirao, J.E.; Téllez Infantes, A.; y Sanfélix Albelda, J. (Eds.) Deconstruyendo la masculinidad. Cultura, género e identidad. Valencia: Tirant Lo Blanch, pp. 85-109.


lunes, 27 de febrero de 2023

El país del miedo

 

” Tenemos miedo a perder lo que no tenemos. Miedo a envejecer

y más miedo a no hacerlo. Miedo a las guerras que vemos por la tele, pero solo sin

son blancos, el resto de muertos no duelen. Los medios nos empujan a poner alarmas,

pero el ladrón más grande lleva gomina y corbata. Tenemos miedo y ese miedo nos

condena, pero si lo perdemos habremos roto las cadenas”.

El país del miedo – Los Chikos del Maíz. 

 

Que la precariedad laboral tiene un claro impacto en la salud mental de los trabajadores y las trabajadoras es una obviedad que cada día parece ser más evidente. La precariedad laboral se asocia significativamente con la mala salud mental, tanto en hombres como en mujeres. El nivel salarial, en ambos sexos, o la vulnerabilidad, entre las mujeres, parecen relacionarse de manera significativa e independiente con un peor estado de salud mental.

Garantizar el acceso a un empleo digno y con niveles salariales adecuados debe ser una de las múltiples prioridades en un sistema que comienza a “hacer aguas”. Las transformaciones socioeconómicas y políticas han dado como resultado un deterioro importante de la calidad del empleo y una transferencia de los riesgos y la inseguridad desde las personas empleadoras hacia las trabajadoras. Además, la precariedad laboral no se distribuye homogéneamente entre la población trabajadora. Las mujeres tienden a ocupar puestos de trabajo de peor calidad, tienen menos contratos indefinidos que los hombres, su nivel salarial es inferior y están sobrerrepresentadas en trabajos a tiempo parcial. De igual forma, la precariedad laboral está más concentrada entre las personas jóvenes y las de peor posición socioeconómica.

La precariedad tiene efectos negativos muy importantes en la salud mental, por lo que considerar el impacto que tiene el trabajo en general (el trabajo remunerado y el trabajo doméstico y de cuidados) para la vida de las personas debería ser una prioridad a nivel político. Hasta ahora la preocupación era acabar con el desempleo, ya que se ha visto también que tiene un impacto negativo en la salud; pero no solo hay que garantizar el acceso al empleo, sino garantizar el acceso a un empleo digno y con niveles salariales adecuados.


Febrero de 2023

jueves, 3 de febrero de 2022

Asalto al LorCa-pitolio


 

Parece que la democracia hace aguas, pequeños recodos de debilidad en la que el oportunismo se abre paso para resquebrajar la convivencia a través del uso de la fuerza y del privilegio. La Región de Murcia es gran conocedora de diversas historias donde señoritos y terratenientes durante décadas, y aupados por el poder han alimentado múltiples quimeras que han hecho que sus intereses perduren en el tiempo y prevalezcan sobre el resto de la población.

Huele mal en la comarca del Guadalentin, y esto no es nada nuevo. Macrogranjas, explotación, precariedad y lucha de clases.   Múltiples ingredientes capaces de hacer saltar por los aires la paz y la convivencia de una comarca donde la explotación laboral, la discriminación y el racismo se han convertido en las herramientas para generar la riqueza de unos pocos.  

El asalto al Ayuntamiento de Lorca, no puede hacer más que recordarnos al asalto del capitolio de EEUU, tan solo un año después de que estas imágenes mostraran al mundo lo frágil que puede ser los valores de una democracia cuando se rompe el equilibrio.  Un asalto que nos muestra el musculo de la patronal del sector agroganadero, alimentado por sectores políticos de la extrema derecha, y blanqueado por los medios de comunicación afines al poder de la denominada Alt-Right. Cargos de Vox o del Partido Popular alentaron concentración que como fin tenía el asalto de un pleno municipal en el que se planteaba la modificación del plan general de ordenación urbana que regula, entre otras cosas, la ubicación de las explotaciones porcinas y el casco urbano de Lorca. Un acuerdo que pretendía garantizar los intereses de los pequeños ganaderos, además de poder hacer frente a la contaminación del territorio y las filtraciones que producen los desechos y residuos en los acuíferos.

Consenso que estalló por al aire alentado por métodos de propaganda y comunicación antes vista por el trumpismo, herramientas de manipulación extrema basado en las mentiras y en las Fake News. Ganaderos alentados por los señoritos, por los dueños de los medios de producción y por sectores de la derecha y de la ultraderecha que vieron en esta tesitura la oportunidad para generar mentiras y confusión.

Una realidad lamentable, triste, patética y sobre todo, muy peligrosa. Agrupaciones como Vox o como el PP han justificado este asalto a las instituciones democráticas como una legítima defensa de los intereses de la población. Una portavocía que se han adjudicado sin ningún tipo de reconocimiento popular. Sin duda, los intereses de un gobierno autonómico cómplice de la explotación de una agroindustria a sus trabajadores y trabajadoras se han visto amenazados. Los privilegios de clase se han visto cuestionados. Y todos sabemos que cuando los señoritos ven amenazados sus intereses, no existe institución democrática que les valga.

La Región de Murcia requiere de un modelo agroindustrial sostenible. Un modelo compatible con el medio ambiente, el territorio y las personas.  Es necesario sacar a la luz las conexiones existentes de la ultraderecha, los poderes económicos y los medios de comunicación. El municipio de Lorca y su población han sufrido recientemente el trumpismo murciano, una herramienta evasiva que pretende crear un pensamiento único, un fenómeno que afecta de manera salvaje al presente y al futuro de la Región de Murcia.

 

Israel López Marín

Febrero de 2022

jueves, 18 de noviembre de 2021

El barrio, como “lugar común”.


 

En ocasiones parece que la intervención social y la metodología empleada en ella está supeditada a las modas que marcan la temporalidad de los proyectos a través de los cuales se desarrolla dicha intervención. Una moda que responde a la lógica del proyecto, a la lógica de la institucionalización de la intervención, y no a la lógica de los tiempos que marca el propio territorio de intervención. El desarrollo de la organización y la voluntad del tejido social y civil, históricamente, se ha determinado como un proceso de desarrollo de la comunidad mucho más ágil que los tiempos marcados desde las instituciones… esto es una realidad histórica. Las demandas y reivindicaciones de los derechos y garantías de cualquier grupo poblacional siempre han marcado la vanguardia de lo que posteriormente serian medidas de mejora de la sociedad en su conjunto desde las dimensiones administrativas, jurídicas o económicas.

Ante esta temporalidad de las metodologías de intervención social, o ante esta temporalidad de los procesos es necesario aterrizar los pies en los barrios. No cabe ninguna duda de que nos encontramos ante un escenario diverso. Ante una realidad en el que la diversidad, o diversidades, son cada vez más plurales adquiriendo múltiples dimensiones. Vivimos en un escenario de “no retorno” donde caminamos de manera irremediable hacia la construcción de sociedades cada vez más diversas. Y esto, como ha demostrado la historia, debe ser entendido como una oportunidad capaz de generar el mayor de las riquezas humanas, por ello, el reto se encuentra en el diseño de un modelo de gestión democrática de la diversidad, un modelo de gestión capaz de dejar atrás la mera coexistencia entre personas y superar el modelo de multiculturalidad para alcanzar un modelo de convivencia basada en la interculturalidad. Interculturalidad como un estado de la convivencia caracterizado por un estado relacional donde el proceso de comunicación e interacción entre personas o grupos con identidades de culturas específicas diferentes, donde no se permite que las ideas y acciones de una persona o grupo cultural esté por encima del otro, favorezca en todo momento el diálogo, la concertación y, con ello, la integración y convivencia enriquecida entre diferentes personas y culturas.

Sin embargo, también es necesario romper con modelos arcaicos y obsoletos basados en vetustos postulados y se hace necesario, sino urgente, aterrizar sobre lo concreto, sobre aquello que es tangible, sobre aquello que nos es común a todas y a todos. Se hace necesario reivindicar los espacios tangibles donde se desarrollan las relaciones entre las personas, los espacios públicos, las calles, las plazas, la puerta del colegio o el centro de salud. El barrio como territorio de intervención, como ese “espacio común” donde coincidimos con nuestros iguales cada día, ese espacio donde confluimos todas y todos, a pesar de nuestras diferencias.

Cambiar de paradigma en la intervención es cambiar la mirada. Es entender la intervención con base territorial como el eje de la intervención social. El territorio ha sido representado como un entramado mucho más complejo que las características geográficas y demográficas de una porción de tierra en donde habitan diversas familias. El territorio es más que la vivienda y su entorno, es más que la comunidad. Podemos afirmar que ninguna de estas aproximaciones se corresponde necesariamente a la noción de enfoque territorial de intervención, porque “enfoque territorial” no es sinónimo de definir una unidad de intervención. No es un recorte del mapa.

Entender la intervención con base territorial es comprender conceptos como Territorio, Recursos, Técnicos, Ciudadanía… y mucho más, pero, vayamos por partes.

·         Territorio:

Un “enfoque territorial” de intervención, implica entonces pensar lo particular y lo estructural en contradicción. Es en el territorio particular donde se expresan los mecanismos estructurales que producen exclusión y opresión. Estos mecanismos estructurales se manifiestan de manera singular en los territorios, obedeciendo a una configuración de fuerzas y relaciones entre actores y su medio que es peculiar, pero al mismo tiempo cada territorio crea mecanismos exclusionarios que le son propios.

 

·         Recursos:

Los recursos sociales son los medios humanos, materiales, técnicos, financieros, institucionales, etc., de que se dota así misma una sociedad, para dar respuesta a las necesidades de sus individuos, grupos, y comunidades, en cuanto integrantes de ella. Es el concepto correlativo a las necesidades. Y de recursos, de la índole que sea, se encuentran los barrios repletos.

 

·         Técnicos:

Los Técnicos y las técnicas son aquellas personas que están capacitadas para contribuir en los procesos de intervención y evaluación con familias, grupos y comunidades, y orientar a las personas en el acceso y utilización de servicios y beneficios sociales, a partir de las redes institucionales disponibles. Esas personas que, de una manera o de otra, cada día aportan conocimiento, técnicas y metodologías al desarrollo del barrio.

 

·         Ciudadanía:

La ciudadanía como principal protagonista de la intervención social es el conjunto de derechos y responsabilidades de las personas en el marco de una comunidad determinada. ... Profundizar el conocimiento y la reflexión sobre las leyes de protección existentes.

Además, es necesario incluir algún aspecto más, y es que en este establecimiento de relaciones basadas en la igualdad que nos propone la interculturalidad debemos poner en valor aquello que nos une a pesar de las diferencias, esas necesidades y anhelos que como sociedad nos definen. Lo he definido como la “historia compartida”

·         Historia compartida:

A modo de proyecto que tiene como objetivo vincular la investigación histórica con la enseñanza de la comunidad. Como si de un “texto colaborativo” se tratase, en cada barrio, en cada comunidad, en cada territorio existe un código, un conjunto de recursos, de necesidades y de sueños que unen a las personas que en el viven. Esa voluntad de crítica de transformar, de construir y de sumar.

 

Se hace necesario reflexionar sobre los procesos de intervención social. En una sociedad cada vez más dinámica y fluctuante, entender la intervención social desde una base territorial nos permite intervenir sobre ese “lugar común” donde las relaciones se construyen. Una base territorial en la intervención nos permite el desarrollo de un proceso comunitario intercultural sólido y coherente con la realidad del territorio, ampliando la capacidad de intervención a nuevas dimensiones. En un momento en el que caminamos hacia escenarios públicos cada vez más diversos, debemos poner en valor esos lugares donde confluimos cada día, casi sin darnos cuenta.

 

Israel López Marín.

Noviembre de 2021

jueves, 28 de octubre de 2021

You can´t always get what you want


 

Una vieja canción de los Stones decía eso de “you can´t always get what you want”, algo así como “no siempre puedes conseguir lo que quieres”. Los Rolling Stones nos abrían el camino y nos dejaban claro el mensaje, una realidad premonitoria que nos advertía, sobre todo a los románticos e idealistas, que a veces, poner todo el esfuerzo en algo, no es suficiente.

La frustración en el Tercer Sector, relacionada con el desarrollo de la intervención social es un sentimiento manifiesto entre los profesionales del sector muy grande. Por un lado, el Estado encomienda una tarea muy importante, ambiciosa y de gran proyección y relevancia social como es promover la igualdad y el bienestar de la persona. Además, de algún modo los recursos de los que se disponen son escasos y en ocasiones, incluso, obsoletos.  Es frecuente que el modelo de intervención no favorezca la tarea, entorpeciéndola en muchas ocasiones.

 El modelo de intervención de los servicios sociales está muy centrado en la idea asistencialista de dar a las personas que se encuentran en situación de exclusión una prestación de tipo material o económico, que pueda de alguna manera ayudarle a salir de esa situación. Sin embargo, hay otro tipo de intervenciones que tendrían más que ver con tratar las redes familiares, sociales o vecinales de la persona y no se abordan. El desarrollo comunitario intercultural o el desarrollo de procesos participativos, capaces de otorgar lazos en las comunidades son una asignatura pendiente en los servicios sociales del estado español. De este modo, se reproduce la idea del sujeto individual y consumidor, sujeto atomizado en una sociedad dinámica y fluctuante, sobre el cual se proyecta la errónea idea de que el único problema que tiene es que no posee recursos económicos.

A veces, dar lo mejor de uno a nivel profesional, no es suficiente. No siempre se puede conseguir lo que uno quiere, cantaban los Stones. A veces hay que aprender a gestionar la frustración en el Tercer Sector. A veces el horizonte, sigue estando muy lejos de nosotros y nosotras.

 

Israel López Marín.

Octubre de 2021

martes, 6 de julio de 2021

Lo que te dicen mientras te matan, importa.


 

“Para de grabar si no quieres que te mate, maricón”, estas fueron las palabras que se dirigieron a Samuel segundo antes de que se desbocara el producto de tantos meses de manipulación mediática y de blanqueamiento del discurso de odio que desde la derecha se acerba.

Habían salido de fiesta, como cualquier persona joven de su edad, y sobre las tres de la mañana, hicieron una videollamada a una amiga. El agresor, pensó que los estaban filmando a ellos y les gritó que parasen de grabarlos. Dirigiéndose a Samuel le espetó: ‘Para de grabarnos si no quieres que te mate, maricón”, a partir de ahí se desencadenó la agresión.

Los agresores dieron una paliza a Samuel hasta dejarlo moribundo. Una agresión tan brutal, que acabo con la vida de Samuel. Los sanitarios intentaron reanimarlo durante dos horas, pero nada pudieron hacer por salvarle la vida a este joven.

El agresor le llamó “maricón” y “maricón de mierda” mientras le pegaban. Pero todavía hay quien duda, entre ellos la Policía Nacional, que dudan de calificar como homófobo el crimen. Algunos todavía dudan de que lo que te dicen mientras te matan, importa”.

El discurso del odio se encuentra en este momento en un terreno hábilmente fertilizado para que de él emanen como semillas este tipo de acciones. Toda una articulación de palabras que desde el poder mediático se legitima a diario para que cristalicen en un constante enfrentamiento en las calles, en las instituciones públicas, en las familias. Y mientras esto ocurra desde el cuarto poder, como estrategia de manipulación mediática, en nuestros entornos más próximos, seguiremos encontrándonos una sociedad fragmentada. Mientras esto ocurra, y no nos tengan enfrente. La homofobia mata, el odio mata.

 

Israel López Marín.

Julio de 2021

 

 

lunes, 14 de junio de 2021

Hijos sanos del patriarcado.

No están locos ni enajenados. Tampoco están enfermos, si fuera así, todo sería mucho más sencillo de explicar. Cada día encontramos en cualquier medio de comunicación una nueva agresión, otra muestra más de la violencia de género. Una verdadera lacra con la que, en pleno año 2021, seguimos conviviendo sin mostrar como sociedad la contundente respuesta que merece de manera frontal.

Cada día vemos en las redes sociales un nuevo caso de “señores modélicos” y “ejemplares padres de familia” que por el arte del birli birloque, recurren a la violencia como un último recurso en un océano de desesperación personal y crisis existencial, mostrando grandes titulares en programas, plataformas y medios de comunicación de profunda bajeza moral. ¿Hasta cuándo vamos a consentir esto? ¿Hasta cuándo vamos a seguir engañándonos con falsos argumentos? Mientras los medios de comunicación se regocijan en el dolor ajena, la violencia de género sigue avanzando como la herramienta de dominación del patriarcado que es.

Podríamos definir terrorismo como la forma violenta de lucha, mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general. Un término adecuado para definir lo que supone la violencia de género. En estos días escuchamos a través de estos medios de comunicación el termino violencia vicaria. Término que utilizan los expertos para referirse a los casos en los que el padre agrede a sus hijos para hacer daño a la madre. Reitero, hombres que no están enfermos, hombres que no están enajenados, hombres sanos que no merecen ser llamados padres, acaso progenitores, soldados sanos del patriarcado.

Durante años se viene alertando contra la violencia vicaria que sufren los hijos de las mujeres maltratadas y reclamando refuerzos de los mecanismos con los que ya cuenta nuestro ordenamiento jurídico para una mejor protección de los niños y niñas. La ley, aprobada recientemente con los únicos votos en contra de Vox, y que entra en vigor el 24 de junio, estipula que ahora el juez suspenderá el régimen de visitas cuando se dicte una orden de protección por violencia de género y haya indicios de que los hijos han presenciado o sufrido maltrato.

El patriarcado absorbe y contamina cada centímetro de la vida pública y privada a través de un sistema perverso y asimétrico de dominación, donde sus víctimas y enemigos a abatir es toda aquella persona que se encuentren enfrente, ya sean estas sus parejas o compañeras, o sus hijas e hijos. Un total de 41 menores han sido asesinados en el estado español por la violencia de género en todas sus formas desde 2013, año en el que se empezaron a contabilizar de forma oficial estos datos.

Desde agosto de 2015, con la puesta en marcha la Ley de la Infancia y la Adolescencia, se comenzó a considerar a los menores expuestos a la violencia de género como víctimas de esta lacra. Para ello, la norma incluyó reformas en hasta una veintena de reformas que implicaban al Código Civil, la Ley de Seguridad Social o la Ley de Extranjería, entre otras.

Sin embargo, los datos oficiales de asesinatos ya se venían recogiendo desde dos años antes. En 2013 fueron 6 los menores asesinados por las parejas o exparejas de sus madres, una cifra que descendió a 4 un año después y se elevó a 5 en 2015.

En 2016, por su parte, se registró una muerte de un menor por violencia de género y en 2017 se contabilizó el número más alto, hasta ahora, en este sentido: 8 niños fueron asesinados por violencia de género en España ese año. En 2018 fueron 7 los niños asesinados, mientras que en 2019 y 2020 se registraron 3 víctimas, en cada uno de esos años.

No están locos ni enajenados. Tampoco están enfermos, si fuera así, todo sería mucho más sencillo de explicar. Dejemos de nombrarles como tal. Son los hijos sanos del patriarcado, soldados de un sistema de poder basado en el miedo y en la coacción. Ante esta realidad, los hombres no podemos mirar hacia otro lado, los hombres no podemos hacer otra cosa que denunciar y condenar cualquier manifestación denigrante, todo lo demás es ser cómplice del patriarcado.

 

Israel López Marín

Junio de 2021

 

 

 

lunes, 17 de mayo de 2021

Esto es para ti, maltratador.

 

¿Podías hacerte una ligera idea del modo en que el terror y la violencia que ejerces puede condicionar a una mujer o a unos niños para toda la vida? ¿O mejor, prefieres pasar de largo y no dedicar ni un segundo a esa reflexión, porque ni eres consciente de lo que eres? Sea cual sea tu respuesta, aquí tienes tu mensaje.

Mi madre, mi hermana y yo fuimos maltratados por nuestro progenitor. Un señor aparentemente amable, gracioso, atento, encantador, esplendido, generoso, muy trabajador y buen vecino. Ese gran amigo sembró día a día el pánico, la inseguridad y nos anuló por completo como personas; y es lo que he conocido de él desde que nací. Este señor era el terror personificado al entrar a casa. Ese sonido de la cerradura, aún sigue haciéndome saltar instintivamente.

 Sus vejaciones, golpes, intentos de prender fuego a mi madre ante nosotros, sus incontables veces que con una mano nos levantaba del suelo, y contra la pared, colocaba un cuchillo en mi cuello, hacían de nuestro hogar el lugar más inseguro y aterrador para nosotros.

A pesar de los múltiples intentos de mi madre de solicitar ayuda a la Policía, a la Guardia Civil, a algunos familiares, las respuestas eran aún más dolorosas y más desesperanzadoras, que la sumisión. “Señora, vuelva a casa, por su bien. Si denuncia, volverá a casa, y el enfado de su esposo no merece la pena”. “Te puede denunciar por abandono del hogar”. “Mujer, son cosas de hombres, algo harás para que os pegue”. “No hables así del padre de tus hijos, tienes muy poco aguante, eres muy floja. Esto ha sido así toda la vida, y no vas a venir tu ahora a cambiarlo”. “¿Es que quieres dejar a tus hijos sin padres? Eso es de ser egoísta y muy mala madre.

Mi madre conocía perfectamente el maltrato, aunque no supiera detectarlo cuando lo ejercía sobre ella. Es lo que conoció, y la sociedad normalizaba desde bien pequeña: la mujer al servicio del hombre, hasta su muerte, si fuera necesario. Desde pequeños gestos como elegir cada día el menú, servirle el primer plato de comida en su lugar y a la hora exacta, callar y mantener a los menores en silencio mientras el conduce y la mujer de copiloto, la autorización del hombre para poder crearse una cuenta corriente en una caja de ahorros, el permiso paternal para casarse, mantener alejados a los niños del padre durante sus horas de descanso, bajo la amenaza de que el castigo recaería sobre ella, vestir a gusto de él, condicionar su aspecto a gusto del caballero, tener sexo siempre y cuando él quisiera, mantener la casa impecable, aguantar las llegadas borracho –y en ocasiones violento-, contar abiertamente de un puticlub, optimizar hasta el último duro que otorgaba a la mujer para todo el mes, dedicarse ella única y exclusivamente a los cuidados de los hijos, mientras el padre se encargaba de los castigos usando cinturones, zapatos, ramas de árboles  o sus propios puños… hasta soportar palizas que desfiguraban su cara o amenazar con matarla de una paliza, y quedar impune gracias a la complicidad de la justicia de entonces y de los vecinos.

Por supuesto, la sociedad del momento lo justificaba y le servía al resto de advertencia si intentaban ser “personas con derechos” y no “mujeres de”. Estaba tan normalizado, que no era relevante como para dedicarle un espacio en los periódicos. Esperaban que el silencio mediático y el tiempo lo curara todo. Porque de lo que no se habla, parece que no existe.

No es necesario echar atrás la vista demasiado para recordar a Ana Orantes. Asesinada tras contar públicamente que sufrió toda una vida de maltrato. O a Ruth Ortiz, a la que un criminal arrebató la vida de sus descendientes para herir de muerte a su objetivo. Tampoco a Juana Rivas, maltratada y perseguida mediáticamente por intentar proteger a sus hijos de un maltratador y que ha sido recientemente condenada a entrar en prisión y la retirada de la custodia de sus hijos, mientras la justicia también condena simultáneamente a los menores a convivir con el maltratador de su madre.

Y esto es lo que me roba el sueño. Me hace perder la confianza en una Justicia profundamente patriarcal, desfasada, obsoleta y apática, que no ejerce la justicia que espera una sociedad mucho más civilizada y avanzada que sus propias leyes.

Llevo en terapia psicológica desde que tenía 8 años. Tengo casi 40 años. El daño tan profundo que puede ejercer el maltrato en tan corto periodo de tiempo es incomparable a la cantidad de años que muchos de nosotros, hijos de maltratadores, necesitamos para lidiar con las consecuencias que se reflejan en nuestra vida cotidiana y que ocupa todos nuestros espacios, muchas veces sin ser consciente de ello.

Poco a poco descubres que secuelas de todos aquellos insultos diarios, los desprecios, los intentos fracasados rogando que te quiera de manera indolente para no hacer daño a tu familia, son en vano. Esos mensajes consiguen calar tan adentro que duelen físicamente. En mi caso, el aislamiento, la fobia social, la nula autoestima, el autodesprecio, el odio hacia mí mismo por mi forma de ser y mi manera de gestionar situaciones emocionales sigue siendo mi batalla para dejar de maltratarme a mí mismo y convencerme de que yo nunca fui culpable del maltrato de ese señor. Que no soy todos esos insultos que repican en mi cabeza y que, si algo tengo claro, es que un maltratador nunca será un buen padre. Ni siquiera merece ser nombrado como tal, sino como progenitor. He evolucionado mucho, aunque no lo parezca. Es un logro que no aún no se celebrar, otra secuela: el desprecio y la infravaloración. No necesito halagos, no los recojo.

 Hace más de un año, tras el hartazgo de pesadillas recurrentes en las que das palizas o agredes a alguien que quiero, y tras varios cambios en la medicación pautada por mi psiquiatra, mi psicóloga me animo a escribir ideas, emociones, logros, tristezas… regalándome un cuaderno rojo con hojas completamente en blanco. Las notaciones no tenían por qué tener sentido. El único propósito era no enganchar en un recuerdo o episodio doloroso, propio o ajeno, y permitir que fluya, que conforme entre en mi cuerpo, salga sin herirme más de lo necesario. Pero ese cuaderno, nunca lo llegue a utilizar.

Una de las noches en las que me desvele con un dolor físico real en mis tobillos, en mis rodillas… porque soñé que me estabas golpeando con un ensañamiento inhumano cree un perfil de Twitter, usando como usuario @hmaltratador, Hijo de Maltratador. Pero ahí quedó. No me sentía con ánimos ni con fuerzas para relatar episodios que iban fluyendo por mi cabeza hasta desbordarme. Pero un día, meses después de crear este perfil, comencé a relatar brevemente esas ideas y el dolor que sigo sintiendo en la actualidad. Mi sorpresa fue que gente desconocida empatizaba conmigo, no me juzgaba, me sentía comprendido, apoyado, recibía ánimos de mucha gente buena, que las hay, principalmente mujeres, y algunas personas me contaban su maltrato, similar al mío, que no es otro que la violencia vicaria. Esa violencia especifica que se ejerce utilizando a los menores para seguir maltratando a sus víctimas.

Jamás pensé que gente desconocida podría conectar de algún modo con mis temores, con mis secuelas, con mi estado de ánimo… sigo aprendiendo de todas ellas cuando relato un episodio de maltrato y me aportan otras visiones y formas de entender y sobrellevar de forma más liviana la misma sensación inicial que planteo desde otro punto de vista que solo, nunca se me hubiese pasado por la cabeza.

Quisiera agradecer a todas ellas tanto cariño y ánimos, hasta el momento de recaídas en las que bajo las persianas y me escondo del mundo para protegerme del dolor, algo que hace sufrir mucho a mi madre por la impotencia de no saber cómo ayudarme. Y es que no puede. Solo puedo yo en ese momento. Me aíslo, me duermo sin ser consciente de la hora ni del día. Pierdo el apetito, me descuido físicamente y me dejo llevar por mi instinto: dormir, como si al despertar fuera a dejar de sentir ese dolor, como si desapareciera solo.

Por último, quiero reivindicar la escasez de psicólogos en la sanidad pública, que no alcanza a la demanda que requerimos. La salud mental es calidad de vida y muy necesaria al acompañamiento de menores víctimas de terrorismo machista porque, como ya he comentado, crecemos creándonos corazas erróneas, con dificultades para socializar y somatizaciones físicas severas. También la necesidad de que esta forma específica de violencia sea recogida en la Ley de Violencia de Género. Sorprendentemente no está en la actualidad, por lo que solo pueden recibir un tratamiento digno aquellos menores cuyas madres puedan costearse un psicólogo privado. En cuanto al maltrato judicial, es intolerable que condenen a menores a visitar o convivir por temporadas con su maltratador, quien le rompió la infancia, porque parece que la Justicia antepone los derechos de los progenitores, a los maltratadores, sobre los menores, atentando contra el derecho a una infancia libre de violencia y sigue sin tenerse en cuenta en los programas del gobierno. Algo tan importante, no admite más demora.

 

Hijo de Maltratador.

Mayo de 2021

 


miércoles, 10 de marzo de 2021

Padres Presentes



Últimamente me pregunto ¿Dónde están los padres? Quizás esté dándole demasiadas vueltas a la cabeza, quizás me preocupe de verdad. Viendo el mundo en el que crecen nuestros hijos y nuestras hijas, no cabe duda de que es por esta última razón. Me preocupa de verdad.

¿Dónde están los padres? Pero no esos padres distantes, que te miraban desde arriba con un halo entre autoritario y misterioso, esos padres hace mucho tiempo que me dejaron de impresionar, aunque nunca de asustar. Me pregunto por todos esos padres, los padres “presentes”. Esos que saben cuándo es la próxima reunión del AMPA, y que están al día con la cartilla de vacunación.  ¿Dónde están esos padres?

En un mundo polarizado como en el que vivimos, todos esos padres presentes en la educación de sus hijos y de sus hijas, construyen un modelo de educación igualitario, quizás sin saberlo. Un modelo de sociedad capaz de poner los cuidados en el centro de la relación entre ellos y sus hijos e hijas. En un mundo cada vez más polarizado, es necesario que, estos padres que no temen transmitir la ternura y el cariño para sobre ellos construir una relación de confianza, aprendan también a dar un paso hacia adelante.

Ese papá confidente, cuidador, refugio, cercano… debe dar un paso ante un contexto de padres autoritarios capaces de marcar grandes metas a sus hijos e hijas, en muchas ocasiones inalcanzables, transmisores del toxico mantra del “los niños no lloran” entre otras lucidas frases con el fin de poder seguir construyendo comunidad, confianza y seguridad. La igualdad es un reto alcanzable, no nos quepa la menor duda, pero no es un reto sencillo… que tampoco nos queda ninguna duda. Conlleva compromiso y mucha coherencia, conlleva aprender a dar un paso hacia adelante, a ser ejemplo de que otra paternidad es posible y real. Esa paternidad afectiva, sensible, comprometida con un modelo de crianza, y, sobre todo, presente. Presente en la vida de sus hijos y de sus hijas, capaz de poner los cuidados como el eje central de una vida en común, porque los cuidados, porque la vida, no se negocian.

¿Dónde están los padres? Esos padres que todos y todas conocemos. A esos padres, a vosotros me estoy refiriendo, es necesario que demos un paso más. Es necesario que nos encontremos en esos “lugares comunes”, la puerta del colegio, en la sala de espera del pediatra, en el parque… somos muchos los padres presentes, sigamos construyendo el mundo que llevamos en nuestros corazones.

Comunidad y convivencia intercultural: la importancia de lo común

 En las sociedades contemporáneas, marcadas por una creciente diversidad cultural, social y lingüística, la construcción de una convivencia ...