lunes, 3 de enero de 2022

O sujeito-aluno e a escolarização

 

Uma das instituições mais bem sucedidas ao redor do mundo, a escola, é um lugar comum a todos. Muito se fala da educação e da escola como local de aprender, tornando-a obrigatória e necessária, mas pouco se reflete na construção histórica e política dessa instituição, fazendo com que certos comportamentos e pré-concepções continuem ao longodos séculos. Tratando aqui da concepção do sujeito-aluno, a intenção é fazer emergir mais questionamentos que respostas, visto que não deveria sequer haver tais pré-conceitos sobre sujeitos singulares, correndo o risco de pautar-se em determinismos.

O processo de escolarização, tendo seus primórdios nas grandes colonizações, baseou-se em preceitos eurocentristas, pensando a civilização européia como modelo ideal de evolução humana, enquanto os povos colonizados eram tratados como bárbaros, selvagens e ‘seres das trevas’, pois não eram iniciados no catolicismo. Com isso, os processos de escolarização nas colônias pautava-se na disciplinarização dos corpos e modos - para civilizar; no ensino da língua colonizadora - para apagar as línguas e culturas; e no ensino das mentes e espíritos - para docilizar e evangelizar.

Visto que esse processo durou séculos, muitas concepções e paradigmas foram sendo criados com o passar das eras, sendo adaptado posteriormente aos modelos industriais e capitalistas e passando por adaptações que persistem até hoje no imaginário social.

Consequentemente, toda uma cultura escolar foi sendo construída, composta por todos os sujeitos que passam pelo ambiente escolar. Dentre elas, a concepção que foi se construindo do sujeito-aluno como bom ou ruim perpassou todas as eras e ainda hoje é assunto de discussão em salas de professores, reuniões de pais e mestres, filmes e mídias em geral e em nossas mentes. Mas o que define essa binaridade do bom-mau aluno?

Pensando no que define um bom aluno, que características vêm à mente? Disciplinado, obediente, comportado, dócil, inteligente... algumas dessas qualidades podem definir um bom aluno de acordo com o corpo docente (professores, coordenadores, etc), mas pensemos mais um pouco sobre o porquê dessas idiossincrasias. Retomando ao processo de escolarização, foi possível constatar que a disciplina é um dos princípios básicos da escola: este é o local onde se aprende a permanecer sentado por horas, a controlar as necessidades básicas para certos momentos, a ter uma grade de horários cronometrada para determinadas atividades, a recordar conteúdos para avaliações, a comer em ocasiões e horas específicas. Até o conteúdo apresentado em algum momento se torna uma ¡disciplina!

Agora refletindo sobre o que caracteriza os maus alunos, diversos atributos vêm à tona: bagunceiro, falador, ignorante, confrontador... todos girando em torno da indisciplina, da subversão das regras, dos padrões que definem um bom sujeito de acordo com a cultura escolar. É interessante ressaltar como a escola buscou punir esses sujeitos, mas nunca refletir sobre tais táticas e estratégias de antidisciplina. Pensemos em estratégias de ‘passar cola’: como os sujeitos que a praticam formulam um resumo e laços sociais nesse processo tão comum em testes propostos mais como forma de punição que de fato avaliações. Ou até mesmo como foi normalizado socialmente tais pré-determinações que podem perseguir tais sujeitos pelo resto de suas vidas escolares.

É necessário refletir sobre como somos moldados pelas estruturas escolares, mas também como moldamos tal espaço, repensando nossas práticas e buscando melhor compreender os sujeitos que ocupam esses locais. Também é vital compreender os processos de indisciplina como táticas de contrapor certos padrões impostos que não condizem com um comportamento ‘adequado’ para a instituição, pautadas em ideais positivistas e meritocráticos. Nessa relação de saber-poder, subverter certos valores cria novas redes de sociabilidade, saberes são trocados e aprendidos, e toda uma cultura escolar se molda através de tais sujeitos e suas particularidades.


Jessie Vidal. 

Aluno de Pedagogia da UFRJ e educador popular

El sujeto-alumno y la escolarización

 

Una de las instituciones más exitosas del mundo, la escuela, es un lugar común a todos. Se habla mucho de la educación y la escuela como un lugar para aprender, por lo que obligatorio y necesario, pero poco se refleja en la construcción histórica y política de esta institución, lo que hace que ciertos comportamientos y preconceptos continúen a lo largo de siglos.  

Tratando aquí el concepto de sujeto-alumno, la intención es hacer emerger más preguntas que responden, ya que ni siquiera debería haber tales prejuicios sobre sujetos singulares, corriendo el riesgo de basarse en el determinismo.

El proceso de escolarización, que tuvo sus inicios en las grandes colonizaciones, se basó en en los preceptos eurocentristas, pensando en la civilización europea como un modelo ideal de evolución humana, mientras que los pueblos colonizados fueron tratados como bárbaros, salvajes y "seres de las tinieblas", ya que no fueron iniciados en el catolicismo. Con eso, los procesos de la escolarización en las colonias se basaban en la disciplina de cuerpos y modos, para civilizar; en la enseñanza de la lengua colonizadora - borrar lenguas y culturas; y en la enseñanza de mentes y espíritus: dóciles y evangelizadores.

Como este proceso tomó siglos, muchos conceptos y paradigmas fueron siendo creado a lo largo de los siglos, siendo posteriormente adaptado a la industria, al capitalismo y en proceso de adaptaciones que persisten hasta el día de hoy en el imaginario social.

En consecuencia, se estaba construyendo toda una cultura escolar, compuesta por todos los sujetos que transitan por el entorno escolar. Entre ellos, la concepción que fue construir al estudiante-sujeto como bueno o malo ha permeado todas las épocas es todavía tema de discusión en aulas de maestros, conferencias de padres y maestros, películas y medios en general, así como en nuestra mente. Pero, ¿Qué define esta binariedad de estudiante bueno-malo?

Pensando en lo que define a un buen alumno, ¿Qué características le vienen a la cabeza? Disciplinado, obediente, educado, dócil, inteligente... algunas de estas cualidades pueden definir un buen alumno según la facultad (profesores, coordinadores, etc.), pero pensemos un poco más en las razones de estas idiosincrasias. Volviendo al proceso escolaridad, se pudo constatar que la disciplina es uno de los principios básicos de la escuela: aquí es donde aprendes a sentarte durante horas, a controlar tu necesidades básicas para ciertos momentos, tener un horario cronometrado para determinadas actividades, recordar contenido para evaluaciones, comer en ocasiones y tiempos específicos. Incluso el contenido presentado en algún momento se convierte en un ¡sujeto!

Ahora, reflexionando sobre lo que caracteriza a los estudiantes pobres, varios atributos pasan a primer plano: desordenado, hablador, ignorante, confrontativo... todo gira en torno a la indisciplina, subversión de reglas, estándares que definen un buen tema según la cultura colegio. Es interesante resaltar cómo la escuela buscó sancionar estas materias, pero nunca reflexionar sobre tales tácticas y estrategias anti-disciplinarias. Pensemos en estrategias de “pegamento”: cómo los sujetos que la practican formulan un resumen y vínculos sociales en este proceso tan común en las pruebas propuestas más como una forma de castigo que en realidad evaluaciones. O incluso cuando se normalizaron socialmente tales determinaciones predeterminadas que pueden perseguir tales materias por el resto de su vida escolar.

Es necesario reflexionar sobre cómo nos moldean las estructuras escolares, pero también cómo damos forma a ese espacio, repensando nuestras prácticas y buscando comprender mejor los sujetos que ocupan estos lugares. También es vital comprender los procesos de indisciplina como táctica para contrarrestar ciertos estándares impuestos que no son consistentes con un comportamiento 'apropiado' para la institución, basado en ideales positivistas y meritocrático. En esta relación conocimiento-poder, subvertir ciertos valores crea nuevas redes de sociabilidad, el conocimiento se intercambia y aprende, y se configura toda una cultura escolar a través de tales temas y sus particularidades.


                                                                                                        Jessie Vidal.

Pedagoga por la Universidad Federal de Rio de Janeiro-UFRJ (Brasil)

 Educadora Popular.



jueves, 2 de diciembre de 2021

Más Educación Social = Más Comunidad

No es necesario ser un experto en nada para entender la necesidad que tenemos en este momento socio-histórico por fomentar mayor cohesión social y mayor convivencia intercultural en cada uno de los barrios del Estado español. No es necesario ser un experto analista para con, tan solo echar una mirada a los medios de comunicación o redes sociales, la necesidad de comenzar, de manera urgente, a construir más puentes y derribar más muros.  Quizás a raíz de esto, de la influencia de los medios de comunicación de masas, estamos presenciando, como protagonista de una película barata, una erosión constante de las relaciones basadas en la igualdad.

Tendemos hacia la diversidad, hacia una mayor diversidad. De manera irremediable, viajamos en una sociedad que tiende a ser cada día más diversa y plural, entendiéndose esto desde la más amplia de las acepciones. La diversidad, de cualquier índole (sexual, religiosa, étnica, ideológica, sensitiva, funcional…) ha sido, de manera histórica, una fuente de capital humano de incalculable valor. Ante esta realidad el reto se encuentra en el compromiso por la gestión de la diversidad. Una gestión de la diversidad de carácter democrático.

Ante este escenario, necesitamos herramientas y recursos. Herramientas concretas que trasciendan las buenas palabras. Es el momento de los hechos y de las acciones. De posicionarse ante una realidad, en ocasiones demasiado fluida. Y ante esta realidad, muchas más veces de las que se debería, se suele obviar la Educación Social, quizás como un simple erros, quizás como un síntoma. La Educación Social como disciplina pedagógica promueve y facilita la incorporación e integración de las personas a una realidad diversa caracterizada por unas redes sociales cada vez más plurales, para la circulación social, el desarrollo de la sociabilidad y la promoción cultural y social del mismo a través de la adquisición de bienes culturales. Herramientas y habilidades que permitan a las personas ampliar sus perspectivas educativas, laborales, de ocio, así como el desarrollo de competencias para la participación ciudadana en su contexto más próximo.

La Educación Social, como disciplina pedagógica, ha sido considerada tradicionalmente tanto desde la perspectiva de los ámbitos específicos de trabajo del educador y la educadora social, tales como la educación de adultos, la educación de calle o la Animación Sociocultural, o a través de los fines que se persiguen alcanzar con la acción socioeducativa. Desde el Consejo Estatal de Colegios de Educadores y Educadoras Sociales (ASEDES) se define la Educación Social tanto como profesión de carácter pedagógico como el derecho del ciudadano y de la ciudadana, sujeto del proceso educativo, a ser integrado a las redes sociales y así, poder acceder a bienes culturales que le permitan ampliar sus perspectivas educativas.

 

Como características distintivas de la Educación Social, el ámbito social y su carácter pedagógico, deberíamos poner en valor tres de las principales maneras de entender la Educación Social y su ejercicio profesional:

1.       Como forma primordial de la educación al atender a su esencia de perfecta socialización del individuo.

2.       Como un aspecto importante de la educación general.

3.       Como forma pedagógica del trabajo social en casos de exclusión social y el riesgo de exclusión.

 

Es a partir de los años 80, en plena transición democrática, cuando en el Estado Español y  «gracias al advenimiento de la democracia y a las nuevas formas del estado del bienestar, al incremento de los sectores de población marginal y, principalmente, a la conciencia de responsabilidad frente a los nuevos problemas derivados de la convivencia»,​ cuando el ejercicio profesional de la Educación Social tuvo una rápida expansión en España lo que se reflejó en el real decreto 1420/1991 que el 30 de agosto de 1991 creaba la Educación Social como diplomatura universitaria. Una realidad que supuso de catalizador en un momento en el que la sociedad necesitaba herramientas de cohesión y no elementos de disgregación. Sin embargo, y aunque ha sido largo el camino recorrido, en ocasiones parece que todavía nos encontramos en una larga travesía profesional por el desierto. El desconocimiento hacia la Educación Social por gran parte de la población, la ignorancia en cuanto a sus competencias profesionales desde la propia administración, y el borrado de la profesión en procesos selectivos, medios de comunicación… nos hace ver la necesidad de seguir justificando cuanta falta hacen los educadores y educadoras sociales en el momento actual.

Como he comentado al principio de este texto, cada día caminamos hacia una sociedad más plural y diversa, una sociedad marcada por el desarrollo de un capital humano repleto de oportunidades. Solo, eso sí, si somos capaces de entender esas diferencias como “lugares comunes” para el encuentro y la convivencia, algo que, en este momento, muchos medios y posicionamientos políticos se empeñan en distorsionar. Para construir mayor comunidad y mayor convivencia, necesitamos mejores herramientas, y esa posición la ocupa, sin duda, la Educación Social.

​ Sin embargo, el desarrollo de estrategias para la cohesión social y la participación ciudadana requiere también del respeto y el reconocimiento hacia una profesión de carácter histórico. Requiere del posicionamiento claro de aquellas personas que ejercemos la Educación Social a diario y de la unión entre ellos y ellas. No podemos mirar hacia otro lado, si en algún momento ha sido necesaria la Educación Social para generar comunidad, es sin duda, ahora.

 

Israel López Marín.

Diciembre de 2020.

 Publicado en: https://educarlex.es/mas-educacion-social-mas-comunidad/


jueves, 18 de noviembre de 2021

El barrio, como “lugar común”.


 

En ocasiones parece que la intervención social y la metodología empleada en ella está supeditada a las modas que marcan la temporalidad de los proyectos a través de los cuales se desarrolla dicha intervención. Una moda que responde a la lógica del proyecto, a la lógica de la institucionalización de la intervención, y no a la lógica de los tiempos que marca el propio territorio de intervención. El desarrollo de la organización y la voluntad del tejido social y civil, históricamente, se ha determinado como un proceso de desarrollo de la comunidad mucho más ágil que los tiempos marcados desde las instituciones… esto es una realidad histórica. Las demandas y reivindicaciones de los derechos y garantías de cualquier grupo poblacional siempre han marcado la vanguardia de lo que posteriormente serian medidas de mejora de la sociedad en su conjunto desde las dimensiones administrativas, jurídicas o económicas.

Ante esta temporalidad de las metodologías de intervención social, o ante esta temporalidad de los procesos es necesario aterrizar los pies en los barrios. No cabe ninguna duda de que nos encontramos ante un escenario diverso. Ante una realidad en el que la diversidad, o diversidades, son cada vez más plurales adquiriendo múltiples dimensiones. Vivimos en un escenario de “no retorno” donde caminamos de manera irremediable hacia la construcción de sociedades cada vez más diversas. Y esto, como ha demostrado la historia, debe ser entendido como una oportunidad capaz de generar el mayor de las riquezas humanas, por ello, el reto se encuentra en el diseño de un modelo de gestión democrática de la diversidad, un modelo de gestión capaz de dejar atrás la mera coexistencia entre personas y superar el modelo de multiculturalidad para alcanzar un modelo de convivencia basada en la interculturalidad. Interculturalidad como un estado de la convivencia caracterizado por un estado relacional donde el proceso de comunicación e interacción entre personas o grupos con identidades de culturas específicas diferentes, donde no se permite que las ideas y acciones de una persona o grupo cultural esté por encima del otro, favorezca en todo momento el diálogo, la concertación y, con ello, la integración y convivencia enriquecida entre diferentes personas y culturas.

Sin embargo, también es necesario romper con modelos arcaicos y obsoletos basados en vetustos postulados y se hace necesario, sino urgente, aterrizar sobre lo concreto, sobre aquello que es tangible, sobre aquello que nos es común a todas y a todos. Se hace necesario reivindicar los espacios tangibles donde se desarrollan las relaciones entre las personas, los espacios públicos, las calles, las plazas, la puerta del colegio o el centro de salud. El barrio como territorio de intervención, como ese “espacio común” donde coincidimos con nuestros iguales cada día, ese espacio donde confluimos todas y todos, a pesar de nuestras diferencias.

Cambiar de paradigma en la intervención es cambiar la mirada. Es entender la intervención con base territorial como el eje de la intervención social. El territorio ha sido representado como un entramado mucho más complejo que las características geográficas y demográficas de una porción de tierra en donde habitan diversas familias. El territorio es más que la vivienda y su entorno, es más que la comunidad. Podemos afirmar que ninguna de estas aproximaciones se corresponde necesariamente a la noción de enfoque territorial de intervención, porque “enfoque territorial” no es sinónimo de definir una unidad de intervención. No es un recorte del mapa.

Entender la intervención con base territorial es comprender conceptos como Territorio, Recursos, Técnicos, Ciudadanía… y mucho más, pero, vayamos por partes.

·         Territorio:

Un “enfoque territorial” de intervención, implica entonces pensar lo particular y lo estructural en contradicción. Es en el territorio particular donde se expresan los mecanismos estructurales que producen exclusión y opresión. Estos mecanismos estructurales se manifiestan de manera singular en los territorios, obedeciendo a una configuración de fuerzas y relaciones entre actores y su medio que es peculiar, pero al mismo tiempo cada territorio crea mecanismos exclusionarios que le son propios.

 

·         Recursos:

Los recursos sociales son los medios humanos, materiales, técnicos, financieros, institucionales, etc., de que se dota así misma una sociedad, para dar respuesta a las necesidades de sus individuos, grupos, y comunidades, en cuanto integrantes de ella. Es el concepto correlativo a las necesidades. Y de recursos, de la índole que sea, se encuentran los barrios repletos.

 

·         Técnicos:

Los Técnicos y las técnicas son aquellas personas que están capacitadas para contribuir en los procesos de intervención y evaluación con familias, grupos y comunidades, y orientar a las personas en el acceso y utilización de servicios y beneficios sociales, a partir de las redes institucionales disponibles. Esas personas que, de una manera o de otra, cada día aportan conocimiento, técnicas y metodologías al desarrollo del barrio.

 

·         Ciudadanía:

La ciudadanía como principal protagonista de la intervención social es el conjunto de derechos y responsabilidades de las personas en el marco de una comunidad determinada. ... Profundizar el conocimiento y la reflexión sobre las leyes de protección existentes.

Además, es necesario incluir algún aspecto más, y es que en este establecimiento de relaciones basadas en la igualdad que nos propone la interculturalidad debemos poner en valor aquello que nos une a pesar de las diferencias, esas necesidades y anhelos que como sociedad nos definen. Lo he definido como la “historia compartida”

·         Historia compartida:

A modo de proyecto que tiene como objetivo vincular la investigación histórica con la enseñanza de la comunidad. Como si de un “texto colaborativo” se tratase, en cada barrio, en cada comunidad, en cada territorio existe un código, un conjunto de recursos, de necesidades y de sueños que unen a las personas que en el viven. Esa voluntad de crítica de transformar, de construir y de sumar.

 

Se hace necesario reflexionar sobre los procesos de intervención social. En una sociedad cada vez más dinámica y fluctuante, entender la intervención social desde una base territorial nos permite intervenir sobre ese “lugar común” donde las relaciones se construyen. Una base territorial en la intervención nos permite el desarrollo de un proceso comunitario intercultural sólido y coherente con la realidad del territorio, ampliando la capacidad de intervención a nuevas dimensiones. En un momento en el que caminamos hacia escenarios públicos cada vez más diversos, debemos poner en valor esos lugares donde confluimos cada día, casi sin darnos cuenta.

 

Israel López Marín.

Noviembre de 2021

jueves, 28 de octubre de 2021

You can´t always get what you want


 

Una vieja canción de los Stones decía eso de “you can´t always get what you want”, algo así como “no siempre puedes conseguir lo que quieres”. Los Rolling Stones nos abrían el camino y nos dejaban claro el mensaje, una realidad premonitoria que nos advertía, sobre todo a los románticos e idealistas, que a veces, poner todo el esfuerzo en algo, no es suficiente.

La frustración en el Tercer Sector, relacionada con el desarrollo de la intervención social es un sentimiento manifiesto entre los profesionales del sector muy grande. Por un lado, el Estado encomienda una tarea muy importante, ambiciosa y de gran proyección y relevancia social como es promover la igualdad y el bienestar de la persona. Además, de algún modo los recursos de los que se disponen son escasos y en ocasiones, incluso, obsoletos.  Es frecuente que el modelo de intervención no favorezca la tarea, entorpeciéndola en muchas ocasiones.

 El modelo de intervención de los servicios sociales está muy centrado en la idea asistencialista de dar a las personas que se encuentran en situación de exclusión una prestación de tipo material o económico, que pueda de alguna manera ayudarle a salir de esa situación. Sin embargo, hay otro tipo de intervenciones que tendrían más que ver con tratar las redes familiares, sociales o vecinales de la persona y no se abordan. El desarrollo comunitario intercultural o el desarrollo de procesos participativos, capaces de otorgar lazos en las comunidades son una asignatura pendiente en los servicios sociales del estado español. De este modo, se reproduce la idea del sujeto individual y consumidor, sujeto atomizado en una sociedad dinámica y fluctuante, sobre el cual se proyecta la errónea idea de que el único problema que tiene es que no posee recursos económicos.

A veces, dar lo mejor de uno a nivel profesional, no es suficiente. No siempre se puede conseguir lo que uno quiere, cantaban los Stones. A veces hay que aprender a gestionar la frustración en el Tercer Sector. A veces el horizonte, sigue estando muy lejos de nosotros y nosotras.

 

Israel López Marín.

Octubre de 2021

sábado, 18 de septiembre de 2021

“Todo arde si le aplicas la chispa adecuada”

 

Cuando Israel me contactó para escribir en su blog acepté enseguida. Cualquier espacio que se cree para hablar de animación sociocultural, educación social, DDHH, activismo… hay que aprovecharlo.

He de reconocer que he tardado un poco. Primero debido un verano lleno de trabajo (por suerte) y una semana de parada en seco. Y segundo por la premisa que me dio para escribirlo “que sea de interés tuyo y consideres necesario abordar en este momento con el fin de crear opinión, pensamiento crítico...” y claro una mente inquieta y curiosa como la que yo tengo, empezó a volar por todos los intereses y temas de los que me gustaría hablar. Pero varios cafés y charlas conmigo mismo después, he conseguido centrarme. Así que ahí voy.

El tema del que quiero hablar es La Participación.

No voy a hablar de los clásicos, como:

·       -Las condiciones básicas para Participar: Querer (motivación) – Saber (Conocimientos) – Poder (oportunidades)

·         -Que es un proceso…

·         -Que a Participar se aprende…

·         -Los diferentes niveles de participación (insertando la foto de la Escalera de Roger Hart).

Quien haya participado en mayor o menor medida, o haya estado en procesos, al menos algo de esto le podrá sonar. Y si no, hay mucha información por la red. Así que, si voy a hablar de Participación, dando mi opinión sobre una pregunta y una frase que he escuchado cientos de veces:

·         “¿Por qué la gente no participa?”

·         “La gente ya no participa como antes”

Llevo participando desde los 17 años y ya se la oía decir a “los y las mayores” cuando yo iba a ser “el relevo”, bien ya fui el relevo, ya me lo dieron y sigo escuchando esto. Puede que padezcamos de un mal propio de pensar que la gente (o al menos no tanta como quisiéramos) no participa…

Yo no comparto estas afirmaciones, la gente si participa, se organiza, crea y hace; ahora bien, quizás no lo haga cómo a ti te gusta, o tu entidad marca. Quizá tu proyecto les parezca “una mierda” (¡ojo! No digo que lo sea, pero pueden pensarlo) o no les motiva pasar por lago tan formal como entidades que hacen tanto papeleo para hacer voluntariado que parece que estás opositando.

Esas personas que organizan una pachanga de fútbol o baloncesto todos los jueves en la cancha del barrio está participando (gestionando una actividad deportiva para si misma y personas allegadas), quienes colaboran con las fiestas de su pueblo, quienes hacen colaboraciones puntuales… la peña se mueve por lo que le provoca interés. Si tu / vuestra idea no se lo provoca… ¿de verdad te gustaría que se sumaran a ella?

Mi reflexión es que no debiéramos cuestionar tanto la Participación de los y las demás, mejor centrar nuestra energía en la nuestra propia, en evaluar, cuestionar, y mejorar.

¿Qué queremos llegar a más gente y se sumen? Pues habrá que encontrar lo que les haga venir y participar.

Como dice la canción de Héroes del silencio, “Todo arde si le aplicas la chispa adecuada”.

 

 Pablo García González.

Animador Sociocultural.

elcasopablo.com

miércoles, 25 de agosto de 2021

Afganistán


Con la retirada de las tropas internacionales en Afganistán, los Talibanes se han hecho con el control de la práctica totalidad del país incluida su capital, Kabul.

En respuesta a estos acontecimientos, los diversos estados con presencia en Afganistán han comenzado la repatriación de sus ciudadanos, así como la evacuación de determinados nacionales afganos cuyo vínculo con las tropas de estos países ponga sus vidas en riesgo.

Esta situación, creada con la victoria de los talibanes en Afganistán supone un claro fracaso de la Comunidad internacional en su apuesta por llevar la democracia a este país desde la derrota a manos de una alianza internacional del Emirato Islámico instaurado por los talibanes en Afganistán entre 1996 y 2001.

Toda la ayuda y colaboración internacional al nuevo gobierno afgano en estos casi 20 años, a nivel económico, armamentístico, militar, de formación y otras aportaciones no ha servido para nada, solo para reforzar a las elites corruptas afganas, demostrando que un Gobierno y una democracia no se improvisan.

La ausencia de respeto a los Derechos Humanos, de las libertades individuales, de la igualdad entre mujeres y hombres y la persecución practicada por los talibanes en la etapa anterior del Emirato Islámico, nos hace presuponer que las practicas pueden ser similares en la declaración del nuevo Emirato Islámico en 2021, en donde los avances propiciados en materia de igualdad entre mujeres y hombres está en riesgo, siendo las mujeres y las niñas las que pueden llevar la peor parte en la persecución por parte de los talibanes.

El miedo de la población a las medidas a implantar por los talibanes, está provocando el que personas y familias estén escondidos a la espera de poder salir del país desde el aeropuerto de Kabul o por tierra hacia países limítrofes.

El conflicto en Afganistán cumplió 20 años y siguió cobrándose un número elevado de víctimas civiles. Tanto los talibanes como otros grupos armados lanzaron deliberadamente ataques contra la población civil y contra bienes de carácter civil, en contravención del derecho internacional humanitario. Entre otros lugares, fueron atacados un hospital de maternidad y varias instituciones educativas. No hubo rendición de cuentas por estos crímenes, ya que persistía la impunidad. Las mujeres y las niñas siguieron sufriendo actos de violencia, hostigamiento e intimidación. Persistió la violencia contra niños y niñas. Se siguió devolviendo a Afganistán a personas afganas solicitantes de asilo, sobre todo desde Irán, donde algunas de ellas habían sufrido ataques de las fuerzas de seguridad iraníes. El gobierno afgano estableció una comisión conjunta para la protección de los defensores y defensoras de los derechos humanos y activistas de la sociedad civil en Afganistán bajo la presidencia del vicepresidente segundo del país, Mohammad Sarwar Danish, formada por activistas y por miembros de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán.

 

 

                Agosto de 2021

Comunidad y convivencia intercultural: la importancia de lo común

 En las sociedades contemporáneas, marcadas por una creciente diversidad cultural, social y lingüística, la construcción de una convivencia ...